Muere Sammy Marrero, la voz que hizo eterna a La Selecta
El legendario cantante de Raphy Leavitt y La Selecta falleció a los 84 años
Por Redacción InDiario|Entretenimiento y Estilo|
El mundo de la salsa puertorriqueña despide a Sammy Marrero, el cantante que convirtió en himnos populares algunas de las composiciones más emblemáticas de Raphy Leavitt y La Selecta. Marrero falleció este domingo a los 84 años, según confirmó su hija Jennissa Marrero Morales en redes sociales. Hasta el momento, la familia no ha informado la causa de muerte.
Nacido como Samuel Marrero González el 16 de febrero de 1942 en el barrio El Cerro de Coamo, Marrero fue mucho más que un cantante de orquesta. Fue sonero, trovador, voz de pueblo y una de esas figuras que no solo interpretan canciones, sino que terminan formando parte de la memoria sentimental de un país. La Fundación Nacional para la Cultura Popular lo identifica precisamente como cantante, sonero y trovador, una combinación que explica la fuerza particular de su estilo.
Su raíz campesina marcó su forma de cantar. Cuando Sammy entonaba “Jíbaro soy”, no era solo una frase musical: era una declaración de identidad. En su voz, la salsa se vestía de barrio, de monte, de promesa, de duelo y de orgullo boricua. Esa mezcla fue la que lo hizo distinto dentro de una generación de cantantes salseros dominada por voces urbanas, agresivas y neoyorquinas.
La historia grande de Marrero comenzó en la década de 1970, cuando se unió a Raphy Leavitt, compositor, arreglista y fundador de La Selecta. Leavitt buscaba una orquesta diferente, con un repertorio de contenido social, filosófico y espiritual. Encontró en Sammy Marrero la voz perfecta para ese concepto. Según la Fundación Nacional para la Cultura Popular, La Selecta fue fundada en 1971 y debutó con fuerza con “Payaso”, producción que llegó al primer lugar de las listas.
Desde entonces, el binomio Leavitt-Marrero quedó inscrito en la historia de la salsa. La Selecta no era simplemente una orquesta bailable. Era una propuesta musical con mensaje. En tiempos de Fania, trombones duros y salsa brava, Leavitt apostó por canciones con contenido humano, mientras Sammy les daba carne, lágrima y calle. Su voz fue el sello de temas como “Payaso”, “La Cuna Blanca”, “El Buen Pastor”, “Amor y paz”, “Café colao”, “Herido” y “Jíbaro soy”.
Marrero estuvo 44 años como voz principal de La Selecta. Ese dato, por sí solo, resume una vida artística marcada por la lealtad a un sonido, a un director y a un público que lo reconocía desde la primera frase. El Nuevo Día reseñó que Marrero permaneció en la orquesta desde la década de 1970 hasta 2015, año en que murió Raphy Leavitt y el cantante emprendió su etapa como solista.
Entre todas sus interpretaciones, “La Cuna Blanca” ocupa un lugar aparte. La canción nació de una tragedia: el accidente vehicular sufrido por La Selecta en 1972, en el que murió el trompetista Luis Maisonet y Leavitt resultó gravemente herido. Con los años, el tema se convirtió en una de las canciones fúnebres más reconocidas de Puerto Rico, una pieza que el país adoptó para despedir a los suyos.
Pero la vida de Sammy Marrero también tuvo un capítulo amargo. Tras la muerte de Raphy Leavitt en 2015, el cantante inició una carrera como solista y organizó su propia orquesta. Poco después, los herederos de Leavitt acudieron al tribunal federal para reclamar derechos sobre el repertorio del compositor. La demanda incluyó decenas de composiciones, entre ellas varios de los himnos que el público asociaba directamente con la voz de Sammy.
La disputa legal provocó indignación entre muchos salseros. Para el público, resultaba difícil separar aquellas canciones de la voz que las había hecho inmortales. Sin embargo, el reclamo de los herederos colocó a Marrero en una posición dolorosa: el cantante que durante más de cuatro décadas defendió el repertorio de La Selecta quedó impedido de interpretar libremente varios de esos éxitos en Puerto Rico y Estados Unidos.
El pleito terminó en un acuerdo por $50,000 con la sucesión de Leavitt. Noticel reseñó que la demanda, originalmente mucho mayor, fue transigida por esa cantidad. Aun así, el golpe simbólico fue profundo: Sammy Marrero tuvo que seguir cantando sin poder cantar parte esencial de su propia historia artística.
Entre las canciones en controversia figuraban “La Cuna Blanca”, “Jíbaro soy”, “Amor y paz”, “Difícil de olvidar” y “El Buen Pastor”, todas composiciones de Raphy Leavitt grabadas y popularizadas con la voz de Marrero.
Aun así, Sammy no se rindió. Su etapa solista incluyó el tema “Si me caigo me levanto”, una frase que terminó funcionando casi como resumen de su carácter. Después del pleito, de las limitaciones y del dolor público, Marrero siguió presentándose, recibiendo homenajes y defendiendo su derecho moral a permanecer en la memoria salsera.
En 2020, la Fundación Nacional para la Cultura Popular lo proclamó Abanderado 2021, reconocimiento reservado para figuras emblemáticas de la cultura puertorriqueña. La institución lo describió como un baluarte cultural y una figura representativa de la música popular del país.
Su muerte deja una pregunta inevitable para la historia musical puertorriqueña: ¿puede prohibirse legalmente una canción sin borrar la voz que la hizo pueblo? En el caso de Sammy Marrero, la respuesta parece clara. Los tribunales pudieron limitar repertorios, acuerdos y presentaciones, pero no pudieron separar a Sammy de La Selecta en la memoria colectiva.
Puerto Rico despide a un cantante que no necesitó estridencias para ser gigante. Sammy Marrero cantó con la sencillez del jíbaro, la profundidad del creyente y la fuerza del salsero que entendía que una canción podía ser baile, consuelo, protesta y despedida.
Se va el hombre. Queda la voz. Y aunque en vida intentaron apartarlo de algunos de sus himnos, el país ya había decidido otra cosa: Sammy Marrero seguirá cantando en cada recuerdo donde suene La Selecta.
