"Encontré una nueva forma de vida fuera del vicio"

Raúl comenzó a consumir drogas a los 13 años, llegó a tocar fondo con el crack en los 90 y hoy lleva 34 años de recuperación..

Por Francisco Rodríguez-BurnsNoticias|

Raul encontró en Narcóticos Anónimos el apoyo necesario para rehabilitarse. (Imagen es una recreación de IA)
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Raúl tenía 13 años cuando comenzó a consumir sustancias.

Primero llegaron los cigarrillos, después el alcohol y más adelante la marihuana. Lo que comenzó como parte de la presión de grupo durante sus años escolares terminó convirtiéndose en una adicción que durante años dominó su vida.

Hoy  acumula casi 34 años sin consumir drogas y asegura haber encontrado una nueva forma de vivir.

“Si yo no dejaba de fumar crack, no estaría vivo hoy”, afirmó.

Raúl nació y creció en San Juan en una familia trabajadora. Su madre, quien inicialmente trabajó como secretaria y luego se convirtió en estilista profesional con negocio propio, sacó adelante a sus tres hijos prácticamente sola.

“Mi mamá hizo un buen trabajo con los recursos que tenía”, recordó.

Sin embargo, la ausencia de una figura paterna y la presencia de familiares que consumían sustancias marcaron parte de su entorno durante la niñez y adolescencia.

“Ya había indicadores. Un tío utilizaba drogas, un primo utilizaba drogas y más adelante mi hermano menor también comenzó a utilizar”, relató.

A pesar de ello, logró completar la escuela superior y cursó estudios técnicos en electrónica.

Tras cumplir los 18 años de edad se mudó a Tampa, Florida. Lo que inicialmente parecía una oportunidad para abrirse camino terminó convirtiéndose en una etapa donde el consumo de sustancias se intensificó. “Vivía con un tío que era usuario de drogas y allá el uso se volvió más fuerte”, recordó.

Durante aquellos años consumió marihuana, alcohol y pastillas como Valium, medicamentos que en aquella época circulaban ampliamente entre jóvenes consumidores.

De regreso a Puerto Rico encontró estabilidad laboral en la industria hotelera. Comenzó lavando platos y con el tiempo ascendió hasta convertirse en cocinero. Durante años mantuvo un empleo estable y un ingreso que le permitía sostenerse económicamente.

Sin embargo, a principios de la década de 1990 comenzó a consumir crack.

“Tenía un buen trabajo, pero mi vida se volvió un infierno. Tenía cero control sobre mi problema”, recordó.

La situación empeoró rápidamente. En septiembre de 1991 tuvo que ser hospitalizado para recibir tratamiento. Fue durante esa etapa cuando escuchó por primera vez el mensaje de Narcóticos Anónimos.

“Fue como una lucecita. Pensé: ¿de verdad yo puedo vivir sin drogas?”

A pesar de un primer tratamiento, volvió a recaer y requirió una segunda hospitalización. Para entonces ya estaba casado y tenía hijos. “Ahora tenía más problemas porque no estaba solo”, dijo.

Posteriormente surgió la oportunidad de ingresar a un programa de rehabilitación en Pensilvania mediante una licencia sin sueldo concedida por su patrono. Aquella decisión cambiaría su vida.

El 28 de agosto de 1992 consumió drogas por última vez. Cuatro días después nació su hija.

Desde entonces no ha vuelto a consumir.

“Acumulo casi 34 años limpio y sereno. Perdí el deseo de usar drogas y encontré una nueva forma de vida”, afirmó.

Raúl atribuye su recuperación a una combinación de apoyo comunitario, compromiso personal y espiritualidad.

“Yo puse de mi parte haciendo un compromiso. No es un programa religioso; es un programa espiritual”, explicó.

Como creyente cristiano, asegura que la fe desempeñó un papel importante en su proceso. “Yo tengo una relación personal con Dios. Le pedí ayuda cuando ya no podía más”, expresó.

Sin embargo, insiste en que la recuperación requiere acción. “No basta con querer. Hay que buscar ayuda y mantenerse trabajando el programa”, afirmó.

Actualmente participa en reuniones de apoyo y dedica gran parte de su tiempo al servicio voluntario. “Esta es una de las mayores satisfacciones de mi vida. Poder ayudar a otros”, indicó.

A lo largo de su recuperación ha visto llegar cientos de personas en busca de ayuda. Algunas permanecen. Otras no.

Por eso insiste en que el requisito fundamental es sencillo. “Lo único que se pide es que tú quieras dejar de hacerlo”, sostuvo.

Raúl asegura que el problema de la adicción sigue afectando a Puerto Rico con la misma intensidad de décadas pasadas, aunque ahora se manifiesta mediante nuevas sustancias y desafíos sociales distintos.

“La adicción sigue haciendo el mismo daño. Está demasiado fuerte”, sostuvo.

También entiende que el problema debe abordarse como un asunto de salud pública. “Muchas veces hablamos de drogas, pero aquí estamos hablando de una enfermedad”, afirmó.

Mirando hacia atrás, reconoce que hubo momentos en los que sintió que no podía continuar.

“Hubo ocasiones en que pensaba que no quería seguir viviendo. No porque quisiera morir. Era que no quería vivir de la manera en que estaba viviendo”, recordó.

Hoy asegura que encontró una vida distinta.

“Mi refugio ha sido el Señor y mi apoyo ha sido Narcóticos Anónimos. Si identificaste que tienes un problema, no importa tu edad, tu raza o tu sexo. Hay ayuda disponible”, expresó.

Las personas que necesiten orientación o asistencia pueden comunicarse confidencialmente con la línea de auxilio de Narcóticos Anónimos al 787-763-5919.