EXCLUSIVA: Huelga en la UPR sacude a estudiantes a semanas de graduarse

Tres jóvenes de Río Piedras relatan entre dudas, apoyo y rechazo el impacto del paro

Por Redacción InDiarioNoticias|

Mientras se alzan consignas, estudiantes a semanas de graduarse ven su meta quedar atrapada tras portones cerrados en la Universidad de Puerto Rico. (Foto: Facebook)
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En el recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, la huelga vuelve a tensar el ambiente. Pero más allá de los portones cerrados y las consignas, hay una conversación menos visible: la de los estudiantes que están literalmente a semanas de graduarse y ven su meta inmediata tambalearse.

INDIARIO logró reunir a tres de ellos —Valeria, Joshua y Adrián— en una conversación franca. Los tres están en su último semestre. Los tres están a semanas de culminar. Y los tres enfrentan el mismo riesgo: que el cierre del recinto retrase el momento por el que han trabajado durante años.

“Es raro, porque uno debería estar celebrando ya, pero lo que hay es ansiedad”, arranca Valeria, estudiante de Ciencias Sociales. “Yo apoyo muchos de los reclamos… de verdad que sí. Pero también quiero terminar. Y ahora mismo siento que esas dos cosas están chocando, justo cuando uno está tan cerca”.

Joshua, estudiante de Contabilidad, asiente. “Ese es el punto. Estamos a semanas, no a mitad de carrera. Uno entiende el porqué de la huelga, pero el timing no puede ser peor. No es solo la clase que pierdes, es todo lo que viene después: trabajo, entrevistas, planes que ya están corriendo”.

Adrián, estudiante de Ciencias Naturales, entra con un tono más directo. “Yo no lo veo así. Para mí esto es absurdo. Aquí hay gente que está a punto de graduarse y esto parece un experimento social donde nadie mide consecuencias. Hay maneras de protestar sin cerrar el recinto”.

El contraste no rompe la conversación, pero sí la marca.

“Pero Adrián, es que si no se presiona, muchas veces no pasa nada”, responde Valeria.

“Sí, pero ¿a qué costo?”, corta Adrián. “Porque ahora mismo el costo lo estamos pagando nosotros… y estamos a semanas de terminar. Eso no es teoría, es realidad”.

Joshua interviene: “Yo creo que ahí está el problema. Hay reclamos válidos, pero el método termina afectando a estudiantes que ya están en la línea de meta”.

Cuando se les pregunta si apoyan la huelga, las respuestas se matizan.

“Yo apoyo los reclamos, no necesariamente la huelga como método”, dice Valeria. “Me cuesta aceptar que la solución sea detenerlo todo justo ahora”.

“Estoy igual”, añade Joshua. “Hay cosas que tienen que cambiar, pero no sé si esta es la forma cuando hay tanta gente a punto de graduarse”.

Adrián no titubea: “Yo no apoyo nada de esto. Cero. Aquí hay una desconexión brutal con la realidad del estudiante promedio. No todo el mundo puede darse el lujo de ‘pausar’ su vida”.

El impacto inmediato se vuelve el centro de la conversación.

“Si esto se alarga, me afecta directamente”, explica Valeria. “Tengo solicitudes para estudios graduados. Un atraso ahora, a semanas de terminar, puede costarme oportunidades”.

“En mi caso, ya hay conversaciones para trabajo”, añade Joshua. “Si el semestre se cae, esas oportunidades también. El timing lo es todo”.

“A mí me descuadra todo”, dice Adrián. “Yo tengo que entregar mi hospedaje en tres semanas, soy de lejos. No puedo atrasarme ahora. No estaba en mi presupuesto, no es una opción”.

Entonces surge otro tema que ha marcado el conflicto: la exigencia de renuncia a la presidenta de la universidad.

INDIARIO: ¿Qué opinan sobre la petición de renuncia a la presidenta de la UPR?

Valeria responde primero. “Creo que hay mucha frustración acumulada. Entiendo por qué se pide la renuncia, pero también me pregunto si eso realmente resuelve el problema de fondo. A veces se convierte en un símbolo más que en una solución”.

Joshua coincide parcialmente. “Puede ser un reclamo válido desde ciertos sectores, pero desde donde yo estoy —a semanas de graduarme— lo que necesito es estabilidad. Cambiar liderato ahora mismo puede añadir más incertidumbre”.

Adrián vuelve a subir el tono. “Para mí eso es parte del mismo problema. Todo se convierte en un espectáculo. Pedir renuncias suena fuerte, pero ¿qué cambia mañana? ¿Quién garantiza que no volvemos a lo mismo? Mientras tanto, el estudiante común sigue pagando los platos rotos”.

Antes de cerrar, surge una última pregunta.

INDIARIO: ¿Por qué decidieron no dar sus nombres completos ni tomarse fotos para este reportaje?

Valeria responde con cautela. “Porque el ambiente está bien cargado. No todo el mundo está abierto a escuchar opiniones, y uno no quiere exponerse innecesariamente”.

Joshua añade: “Es una decisión de prudencia. Aquí hay intolerancia, y prefiero protegerme mientras termino”.

Adrián es más directo. “Por miedo. Así de simple. En la universidad, si no estás de acuerdo con lo que dicen dos o tres, tú eres el problema. Y yo no quiero problemas con nadie, lo que quiero es graduarme y seguir”.

A pesar de sus diferencias, hay un punto en común.

“No siento que nuestra voz esté completamente representada”, dice Valeria.

“Exacto, aquí hay más pensamientos de los que se ven”, añade Joshua.

“Los que pensamos distinto estamos fuera de la conversación”, concluye Adrián.

Antes de despedirse, los tres coinciden en algo: el momento importa.

“Que busquen puntos de encuentro”, dice Valeria. “No puede ser que siempre alguien tenga que perder, y menos cuando estamos tan cerca”.

“Que recuerden que hay estudiantes a punto de terminar”, añade Joshua. “No somos un detalle menor”.

“Y que aterricen la discusión”, remata Adrián. “Porque ahora mismo esto se siente más como un debate ideológico que como una solución real”.

La huelga continúa. Las posturas también. Pero en Río Piedras, hay estudiantes que no están pensando en consignas, sino en algo más inmediato: que el momento por el que han trabajado durante años… no se les escape a semanas de alcanzarlo.