Mamdani insiste en castigar al capital

Hochul cede ante presiones del Alcalde de NYC con impuesto a propiedades de lujo

Por Redacción InDiarioNoticias|

Gobernadora de New York, Kathy Hochul junto al alcalde de la ciudad de Nueva York, Zohran Mandani (Foto: AP/Seth Wenig)
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Nueva York vuelve a mirar hacia el mismo bolsillo de siempre: el de quienes invierten, compran propiedades, generan actividad económica y sostienen buena parte de la base contributiva de la ciudad.

La gobernadora demócrata Kathy Hochul anunció un acuerdo presupuestario tentativo que impondría un nuevo impuesto a las segundas residencias de lujo en la ciudad de Nueva York, una medida impulsada como concesión política al alcalde Zohran Mamdani y a los sectores progresistas que lo llevaron al poder bajo el lema de “tax the rich”, según reportó The Associated Press

El nuevo gravamen aplicaría a propiedades valoradas en más de $5 millones que sean utilizadas como segundas residencias en la ciudad. Se trata del llamado impuesto a los pied-à-terre, dirigido a apartamentos y casas de lujo cuyos dueños viven la mayor parte del año fuera de Nueva York. La propia Hochul estimó que el impuesto podría generar al menos $500 millones anuales para la ciudad. 

Aunque la gobernadora evitó, por ahora, un aumento amplio a las contribuciones sobre ingresos de los residentes más acaudalados, la señal política es clara: Nueva York continúa respondiendo a sus problemas fiscales con más impuestos, no con reducción de gasto, eficiencia gubernamental o una agenda real de crecimiento económico.

La medida llega en momentos en que demócratas intentan atender el reclamo ciudadano por el alto costo de vida sin romper completamente con el sector empresarial. Sin embargo, líderes de negocios, republicanos y algunos demócratas moderados han advertido que imponer nuevas cargas a quienes mantienen propiedades de alto valor en la ciudad puede provocar precisamente lo que Nueva York dice querer evitar: que los ricos, inversionistas y empresas se muden a estados con menor carga contributiva. 

Hochul intentó presentar el acuerdo como una fórmula moderada. “Pudimos lograr este presupuesto extraordinario, con todos estos logros, sin aumentar los impuestos estatales”, dijo la gobernadora a periodistas, según AP. Pero esa defensa deja fuera el punto central: aunque no se aumenten impuestos a nivel estatal, la ciudad enviaría otro mensaje hostil al capital privado. 

El presidente demócrata de la Asamblea estatal, Carl Heastie, enfrió el anuncio al advertir que todavía “no hay acuerdo presupuestario” y que quedan asuntos financieros importantes por negociar. Su señal confirma que la batalla contributiva en Nueva York no ha terminado. 

Para los sectores socialistas, el impuesto ni siquiera es suficiente. El capítulo de Nueva York de los Socialistas Democráticos de América, organización a la que pertenece Mamdani, criticó que la propuesta no vaya más lejos. Su copresidente, Gustavo Gordillo, sostuvo que el impuesto a las propiedades de lujo apenas cubriría el 10% del déficit de la ciudad. 

Mamdani, sin embargo, reclamó la medida como una victoria política. En un video publicado frente a un edificio de lujo donde el multimillonario Ken Griffin, principal ejecutivo de Citadel, compró un penthouse por unos $239 millones, el alcalde dijo: “Cuando corrí para alcalde, dije que iba a imponerle impuestos a los ricos. Bueno, hoy estamos imponiéndole impuestos a los ricos”. 

La reacción de Griffin fue contundente. El empresario calificó el video como “frightening” y advirtió que ese tipo de mensaje empuja a su firma a reforzar su apuesta por Miami, al entender que Florida ofrece un ambiente más amigable para hacer negocios. “Queremos estar en un estado que abrace los negocios”, dijo Griffin en una conferencia económica en California. 

La controversia retrata dos modelos de gobierno en choque. Por un lado, el modelo de Nueva York: más impuestos, más presión sobre el capital y más discurso de confrontación contra quienes invierten. Por el otro, el modelo que estados como Florida han vendido con éxito: menos carga contributiva, mayor apertura empresarial y un mensaje claro de bienvenida al inversionista.

En el papel, el impuesto busca recaudar cientos de millones. En la práctica, puede costarle a Nueva York mucho más si acelera la salida de capital, empleos, propiedades de alto valor y empresas que ya tienen alternativas en estados más competitivos.