Persiste la mala costumbre de arrojar desperdicios en ríos y playas.

Fundación Alma de Bahia y voluntarios celebran la tradicional limpieza en la desembocadura del Río Herrera entre Loiza y Rio Grande

Por Redacción InDiarioNoticias|

Más de 250 voluntarios junto a la Fundación Alma de Bahía limpiaron la desembocadura del Río Herrera. (Foto: Suministrada)
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La acumulación de basura en las playas y rios de Puerto Rico continúa siendo un problema recurrente, pese a los esfuerzos de organizaciones y voluntarios.

El pasado fin de semana, durante una reciente jornada de limpieza en la desembocadura del río Herrera, entre Río Grande y Loíza, la Fundación Alma de Bahía logró remover cerca de 3,800 libras de desperdicios, entre estos gomas, sillas, muebles y plásticos.

Rolando Padua, presidente de la Fundación explicó que “por años hemos apostado a la educación como herramienta de transformación social. Hemos visto cómo estudiantes que inicialmente participan en charlas luego regresan como voluntarios, y eventualmente se convierten en portavoces de estos temas en sus hogares y comunidades. Ese efecto multiplicador es el que realmente genera impacto.”  

Más allá del volumen, el problema apunta a una falta crónica de conciencia ambiental. Gran parte de los desperdicios llega a través de los ríos, lo que confirma que el problema no comienza en la playa, sino tierra adentro. “Cuando una comunidad internaliza la importancia de proteger su entorno, el cambio comienza a ser visible y sostenible. A través de estas iniciativas, impulsamos un modelo en el que la educación, la acción y la participación comunitaria se traducen en resultados concretos para nuestros ecosistemas. Desde Paulson Puerto Rico, integramos este compromiso como parte esencial de nuestra forma de crecer, promoviendo un desarrollo responsable y sostenible para Puerto Rico”, destacó Padua, quien también funge como CEO de Bahia Beach Resort y Co-CEO de Paulson Puerto Rico.

La actividad cobra mayor importancia y urgencia ya que estamos en plena temporada de anidaje de tortugas marinas, y la basura representa un riesgo directo para la fauna y los ecosistemas costeros.

Aunque los organizadores reconocen avances en comparación con años anteriores, coinciden en que la solución requiere continuidad, educación y un cambio sostenido en el comportamiento ciudadano.