Goldman Sachs mira a Dallas, mientras NY pierde su brillo

Texas gana terreno ante costos altos y el giro socialista de Mamdani

Por Redacción InDiarioNegocios|

Goldman Sachs pone el ojo en estados del sur, con políticas económicas más conservadoras (Foto: Indiario)
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Goldman Sachs, uno de los nombres más emblemáticos de Wall Street, no está anunciando el abandono total de Nueva York. Pero sí está haciendo algo que dice mucho del nuevo mapa económico de Estados Unidos: está fortaleciendo agresivamente su operación en Dallas, Texas, mientras empuja funciones y personal hacia mercados más baratos, más amigables al capital y menos hostiles a la empresa privada.

La firma financiera inauguró en 2023 la construcción de un campus de 800,000 pies cuadrados en Dallas, diseñado para albergar más de 5,000 empleados. John Waldron, presidente y principal oficial de operaciones de Goldman Sachs, dijo entonces que la empresa llevaba más de 50 años operando en Dallas y que el nuevo campus demostraba su “compromiso” con la ciudad y con el talento de la región. 

En octubre de 2025, Goldman presentó nuevas imágenes interiores del proyecto, reiterando que el campus tendrá capacidad para más de 5,000 empleados y que sus espacios fueron diseñados con inspiración en la cultura local de Dallas. 

La movida no ocurre en el vacío. CoStar News reportó que Goldman impulsa una iniciativa conocida como Project Voyage, dirigida a reducir costos y mover más personal hacia centros como Dallas y Salt Lake City. Según el reporte de Katie Burke, la empresa busca bajar gastos, aliviar departamentos sobrepoblados y aprovechar nuevas fuentes de talento fuera de los centros financieros tradicionales. 

Dicho de otro modo: no es solo un edificio. Es una señal de mercado.

Dallas se está vendiendo como la nueva alternativa a Wall Street. The Guardian describió el fenómeno como el auge de “Y’all Street”, una campaña de la ciudad texana para competir con Nueva York como capital financiera. El reporte destaca que Dallas-Fort Worth ha visto crecer su fuerza laboral financiera, que bancos e instituciones de inversión se han sentido atraídos por impuestos más bajos, tribunales comerciales especializados, subsidios y un ambiente regulatorio más favorable. 

El alcalde de Dallas, Eric Johnson, ha sido explícito. Según The Guardian, Johnson dijo que Dallas está “muy seria” en su intento de atraer empleos financieros y sostuvo que la ciudad se distingue porque “abraza los negocios”. También vinculó ese esfuerzo con empresas preocupadas por políticas de izquierda en Nueva York, incluyendo las del alcalde Zohran Mamdani. 

Ahí entra la política.

Mamdani ha propuesto un aumento de 2% en el impuesto sobre ingresos para neoyorquinos que ganen más de $1 millón al año, además de un aumento en la tasa contributiva corporativa del estado. Reuters reportó que el alcalde defendió la medida al decir que los individuos más ricos y las corporaciones más rentables deben aportar más para que todos puedan vivir con dignidad. 

Pero para el sector privado, el mensaje es otro. Si Nueva York insiste en aumentar impuestos, señalar públicamente a empresarios y convertir el éxito económico en sospecha política, Texas aparece como el refugio natural: menos carga contributiva, cultura proempresa, gobierno republicano, energía abundante, crecimiento poblacional y una narrativa clara de libre empresa.

La gobernadora demócrata Kathy Hochul ha intentado frenar parte de ese choque. Associated Press reportó que Nueva York avanzó con una propuesta de impuesto a segundas residencias de lujo en la ciudad, pero evitó por ahora un aumento amplio al ingreso de los más ricos. Hochul, según AP, se opone a subidas contributivas más amplias porque podrían empujar a residentes adinerados y negocios hacia estados con impuestos más bajos. 

El caso de Ken Griffin, fundador de Citadel, muestra el problema. AP reportó que Mamdani publicó un video frente al edificio donde Griffin compró un penthouse de aproximadamente $239 millones, al promover el impuesto a propiedades de lujo. Griffin calificó el video como “frightening” y dijo que su empresa decidió expandir operaciones en Miami porque quiere estar en un estado que “abraza los negocios”. 

Ese es el punto que muchas veces se pierde en el debate público: las empresas no se mudan únicamente por un impuesto. Se mudan por el conjunto de señales. Costo de vida, seguridad jurídica, permisos, impuestos, cultura política, disponibilidad de talento, infraestructura y trato del gobierno hacia el capital. Cuando una ciudad manda el mensaje de que el empresario exitoso es el adversario, otra ciudad puede responder con alfombra roja.

Goldman Sachs comenzó su apuesta por Dallas antes de la llegada de Mamdani a la alcaldía, así que sería incorrecto decir que Mamdani causó por sí solo esa decisión. Pero sus propuestas sí encajan en una tendencia más amplia: Nueva York se vuelve más cara y más agresiva contra el capital, mientras Texas se presenta como la alternativa americana clásica de crecimiento, competencia y libertad económica.

Para Puerto Rico, la lección es evidente. Las empresas y los empleos no están amarrados sentimentalmente a una jurisdicción. Van donde hay estabilidad, costos razonables, reglas claras y respeto al que invierte. Nueva York, por décadas símbolo del capitalismo americano, ahora ve cómo parte de su poder financiero mira hacia Texas. Y Dallas, sin pedir permiso, está usando el federalismo americano como debe usarse: compitiendo.

La historia de Goldman no es solo una historia de Wall Street. Es una advertencia para cualquier gobierno que crea que puede castigar indefinidamente al capital sin consecuencias. Al final, el dinero vota con los pies. Y ahora mismo, muchos pies están caminando hacia Texas.