Editorial de INDIARIO, La salida fácil
Culpar al gobierno cuando un negocio quiebra es la salida fácil. Seis consejos para el dueño que quiere seguir abierto.
Por Redacción InDiario|Opinión|
El Centro Unido de Detallistas advirtió esta semana que más de 12,000 pequeñas y medianas empresas podrían cerrar y que unos 70,000 empleos están en riesgo por el costo de la energía. En septiembre, residentes y comerciantes reaccionaron a un posible aumento de hasta $48 mensuales en la factura. Las quiebras subieron en septiembre y el año cerraría con la cifra más alta en siete años. Cada semana sale una noticia nueva de un negocio que cierra, y cada vez la explicación es la misma, la luz y el gobierno.
La luz en Puerto Rico es extremadamente cara y va a ponerse peor. Eso no está en discusión. El sistema arrastra deuda, combustible importado, plantas viejas y contratos que el consumidor paga sin haberlos firmado. El gobierno, por su parte, ahorca al que produce. Permisos que tardan meses, patentes, arbitrios, inspecciones que se repiten y una contribución sobre ventas que el comerciante cobra, deposita y responde por ella. Nada de esto lo inventa el dueño que cierra. Todo es real.
Y aun así, decir que un negocio cerró por culpa del gobierno es la salida fácil. El comercio de al lado paga el mismo kilovatio hora, tramita en la misma ventanilla y sigue abierto. Un negocio cierra por muchas razones a la vez, y la factura de luz suele ser la última en llegar. Culpar al gobierno tiene una ventaja enorme para el que lo dice. No exige mirarse a sí mismo.
Anoche en Pelota Dura varios autodenominados "expertos" ofrecieron soluciones. Una de ellas fue ampliar los subsidios a la industria del cine. Es difícil escoger un incentivo peor. Los estudios independientes en los estados que conceden créditos de cine coinciden en que el tesoro recupera centavos por cada dólar que regala, y Puerto Rico no es la excepción. Pero el reflejo es viejo y populista. Cuando la situación está compleja, se piden más incentivos y menos impuestos, y los dos suenan bien en televisión. Los dos son irreales si llegan sueltos. Todo lo que se quite o se añada alguien lo paga, el hogar que no recibe el incentivo, el próximo negocio que llega a la fila o el presupuesto que ya no cuadra. Por eso cada cambio en impuestos o incentivos tiene que ser parte de una reforma completa y nunca un parcho.
La primera iniciativa debería ser otra, capacitación y educación financiera para dueños de negocios. En Puerto Rico vemos una y otra vez al dueño nuevo que, apenas le entran los primeros meses buenos, se compra un carro de lujo. Es un ejemplo sencillo y retrata el problema de fondo, la gratificación instantánea. El negocio todavía no tiene reservas, todavía no tiene margen probado, y ya tiene un pago mensual de cuatro cifras que no produce nada. Esa decisión no la causa el Negociado de Energía. Cinco consejos para dueños de negocios
- No compre una pickup de lujo para cargar mercancía. Todos lo hemos visto en Costco o en Sam's, el comerciante con la Raptor del año, las gomas brillosas, cargando cajas en la cama. Como regla general, ese cuadro es un indicador de que ese comerciante puede tener problemas pronto. Para carga, lo ideal es una van o una guagua de trabajo usada, con seguro comercial y cama que aguante. La pickup de lujo se compra con ganancias repartidas, después de varios años, y nunca con el préstamo del negocio.
- Páguese un sueldo y no toque la caja. Cuenta de banco del negocio y cuenta personal separadas desde el primer día. El dueño cobra un salario fijo, igual que cualquier empleado, y lo demás se queda en el negocio hasta que los estados financieros digan que sobra. La caja registradora no es un cajero automático. El negocio que se usa como cartera personal nunca sabe cuánto gana, y el que no sabe cuánto gana no puede saber por qué pierde.
- Sepa cuánto le cuesta la luz por cada venta. Tome la factura del mes, divídala entre las transacciones o las unidades vendidas y compare ese número con su margen. Muchos dueños descubren ese número el día que cierran. Con el número en la mano se decide, mantenimiento a los acondicionadores y neveras, luces LED, apagar lo que no vende de noche, mover cargas fuera de las horas pico, revisar la tarifa con LUMA, y placas con batería cuando el pago se recupere en pocos años. La luz es un costo que se administra, igual que la nómina y el inventario.
- Seis meses de colchón y nada de operar con la tarjeta. Antes de expandir, de contratar al segundo empleado o de firmar un contrato de arrendamiento más grande, el negocio necesita reservas para cubrir seis meses de gastos fijos. Financiar la operación diaria con tarjetas de crédito o con préstamos rápidos es la forma más cara de cerrar despacio. El crecimiento viene después del margen, nunca antes.
- Aprenda a leer sus números o páguele a quien se los lea. Un estado de ingresos y gastos cada mes, el punto de equilibrio calculado y los precios fijados con margen propio y sin copiar al competidor. Quien no entiende un estado financiero tiene a mano talleres gratis o casi gratis en el Centro de Desarrollo de Pequeñas Empresas, los programas de la SBA, el Colegio de Contadores Públicos Autorizados y las cooperativas. Dos tardes al año en un salón cuestan menos que un mes de intereses.
- Invierta en baterías. Un comerciante no debería tener que gastar en esto pero lamentablemente es la realidad que vivimos. En Puerto Rico los apagones cuestan más que la factura. Cada uno es mercancía que se daña, ventas que no entran y un generador que quema diésel. Un sistema de baterías, con placas o sin ellas, mantiene vivas las neveras, la caja, el internet y las luces, y con placas además baja la factura y recorta la demanda en horas pico. Empiece por la carga que no puede parar y deje el edificio entero para después. Pida tres cotizaciones a instaladores certificados, lea la garantía en años y verifique los créditos contributivos federales vigentes antes de firmar. Es la única inversión de esta lista que protege la mercancía y baja el costo al mismo tiempo.
Y ojo con los consejos de los expertos que lideran gremios y llenan los paneles de televisión. Muchos nunca han corrido un negocio con éxito, y su receta casi siempre consiste en que alguien más pague. Antes de seguir a uno, pregunte cuántos empleados ha tenido en nómina y cuántos meses ha cerrado con su propio dinero.
El mismo Centro Unido de Detallistas incluyó en su pliego de propuestas programas de educación en eficiencia energética. Ahí hay un punto de partida que no cuesta subsidios ni exige que alguien más pague. La luz va a seguir cara y el gobierno va a seguir pesando. Lo que sí puede cambiar este año es cuántos dueños de negocio saben leer sus propios números, y esa iniciativa cuesta mucho menos que cualquier subsidio.




