Mamdani lleva el socialismo a las góndolas de Nueva York
El alcalde promete alimentos 30% más baratos con tiendas municipales, mientras pequeños comerciantes denuncian competencia subsidiada.
Por Redacción InDiario|Política|
El socialismo puede reducir el precio que aparece en la etiqueta, pero no elimina el costo del producto. Simplemente lo traslada del consumidor al contribuyente. Esa es la controversia que rodea el nuevo experimento económico del alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, quien pretende abrir cinco supermercados de propiedad municipal para vender alimentos básicos por debajo del precio del mercado.
La administración municipal asignó $70 millones para establecer una tienda en cada uno de los cinco distritos de la ciudad. El primer establecimiento abriría en Hunts Point, en el Bronx, a finales de 2027, mientras que otro será construido en La Marqueta, en East Harlem. La meta es que los cinco estén operando antes de terminar 2029.
La promesa de Mamdani parece irresistible sobre el papel: frutas, vegetales, carnes, pescados, lácteos, pan y otros productos esenciales se venderán un 30% por debajo del precio promedio de los comercios privados. El Ayuntamiento estima que una familia podría reducir su factura total de alimentos en alrededor de un 15%, equivalente a unos $90 mensuales o más de $1,000 al año. Los precios de esa canasta básica serían fijados cada mes y permanecerían estables durante ese periodo.
Sin embargo, detrás del anunciado descuento existe una realidad menos atractiva: las tiendas municipales no tendrán que competir bajo las mismas reglas que los supermercados, colmados y bodegas que han servido durante décadas a las comunidades neoyorquinas.
La ciudad financiará la infraestructura, facilitará los locales y asumirá costos inmobiliarios que normalmente recaen sobre cualquier empresario. Aunque operadores privados administrarán las tiendas, será el gobierno municipal el que establecerá los precios, las categorías de productos y las condiciones operacionales. En otras palabras, el Ayuntamiento utilizará dinero público y propiedades públicas para competir contra negocios privados que pagan renta, contribuciones, seguros, permisos, electricidad, seguridad y nómina.
Un descuento financiado por otros
Desde una perspectiva capitalista, un precio bajo es sostenible cuando surge de mayor productividad, innovación, competencia, eficiencia logística o mejores acuerdos con suplidores. En el modelo de Mamdani, una parte considerable del descuento procederá de la eliminación o absorción gubernamental de costos.
El comprador pagará menos en la caja registradora, pero la diferencia no desaparecerá. Será cubierta mediante subsidios, exenciones, inversiones municipales o pérdidas absorbidas por el presupuesto público. El costo real quedará dividido entre el consumidor y los contribuyentes, incluyendo aquellos que nunca comprarán en esos establecimientos.
El sector de alimentos opera, además, con márgenes extraordinariamente estrechos. La Asociación de la Industria Alimentaria informó que el margen promedio de ganancias de los minoristas de alimentos fue de apenas 2.1% durante 2025, mientras cerca del 11% de los comercios registró pérdidas. Con esos números, resulta matemáticamente imposible absorber permanentemente un descuento de 30% sin subsidios, reducciones importantes de costos, limitaciones en el inventario o pérdidas recurrentes.
Los pequeños comerciantes advierten precisamente sobre esa desigualdad. Una bodega familiar no puede acudir al gobierno para que le construya el local, le elimine la renta, le cubra las contribuciones y le garantice recursos cuando sus ventas no alcancen. Si pierde dinero, cierra. Si una tienda municipal pierde dinero, puede regresar al presupuesto de la ciudad.
Una coalición empresarial integrada por decenas de cámaras de comercio de comunidades inmigrantes ha planteado incluso acudir a los tribunales por considerar que el programa constituye competencia desleal contra negocios privados. Sus miembros sostienen que las tiendas subsidiadas podrían arrebatar clientes a supermercados independientes que ya enfrentan robos, inflación, altos alquileres y crecientes costos operacionales.
Mamdani intenta minimizar el impacto asegurando que los supermercados municipales no venderán bebidas alcohólicas, cigarrillos, lotería ni comidas preparadas, productos que generan parte de los ingresos de las bodegas. También afirma que una ciudad con más de mil supermercados privados tiene espacio suficiente para cinco establecimientos públicos.
Pero la carne, los vegetales, el pan, los huevos, la leche y los productos de despensa también forman parte esencial de las ventas de esos negocios. Excluir el alcohol o la lotería no elimina la competencia directa en los pasillos donde las familias realizan la mayor parte de su compra.
El antecedente de Kansas City
Los riesgos no son únicamente teóricos. Kansas City destinó cerca de $18 millones durante varios años a la compra y rehabilitación de un centro comercial donde operaba el supermercado Sun Fresh, concebido para atender una comunidad con acceso limitado a alimentos frescos.
A pesar de la inversión pública y de posteriores ayudas económicas, el establecimiento terminó con pérdidas millonarias, reducción de clientes y anaqueles parcialmente vacíos. Finalmente cerró sus puertas en agosto de 2025. Los problemas incluyeron criminalidad, fallas de seguridad, dificultades administrativas y una operación financieramente insostenible, demostrando que el dinero gubernamental no sustituye una buena gerencia ni garantiza la viabilidad de un comercio.
La Comisión Presupuestaria Ciudadana de Nueva York, una organización fiscal independiente, ha reconocido que utilizar operadores privados es preferible a entregar toda la operación a una agencia pública. No obstante, advirtió que el proyecto debe avanzar únicamente después de demostrar que representa la alternativa más costoefectiva para combatir la inseguridad alimentaria, especialmente ante los desafíos fiscales de la ciudad.
El mercado como alternativa
La dificultad que enfrentan las familias para comprar alimentos es real. Más del 40% de los hogares neoyorquinos tiene problemas para cubrir adecuadamente sus gastos de alimentación, según la administración municipal, mientras que Hunts Point figura entre las comunidades con mayores necesidades económicas.
Pero reconocer el problema no obliga a aceptar que el gobierno deba convertirse en dueño de supermercados.
Una política capitalista podría dirigir la ayuda directamente hacia las familias necesitadas mediante beneficios alimentarios, créditos o vales específicos. También podría reducir contribuciones y permisos a los comerciantes, combatir el robo, facilitar compras colectivas entre bodegas, eliminar barreras regulatorias y estimular la entrada de nuevos competidores privados en las comunidades desatendidas.
Estas alternativas conservan la disciplina del mercado: el empresario debe administrar correctamente, responder al consumidor, controlar sus costos y asumir las consecuencias de sus decisiones. El modelo municipal, por el contrario, corre el riesgo de ocultar la ineficiencia detrás de subsidios y presupuestos públicos.
El experimento de Mamdani determinará si Nueva York puede fabricar precios artificialmente bajos sin desplazar a los pequeños negocios que no cuentan con el respaldo ilimitado del contribuyente. El socialismo puede ordenar un descuento y fijar una etiqueta. Lo que no puede hacer es derogar el costo de producir, transportar, almacenar y vender los alimentos.
Al final, alguien siempre paga la cuenta.
