Elefantes, delfines y belugas se llaman por su nombre
La inteligencia artificial confirmó que los elefantes usan nombres propios, los delfines silbidos firma y las belugas una llamada para sus crías
Por Redacción InDiario|Tecnología|

En la sabana de Kenia, una matriarca emite un retumbo grave que viaja por el aire y por el suelo. Decenas de elefantes lo escuchan. Solo uno levanta la cabeza, responde y camina hacia ella. Los demás siguen comiendo. Ese elefante acaba de oír su nombre, y la inteligencia artificial fue la que permitió a los científicos demostrarlo.
El hallazgo, publicado en la revista Nature Ecology & Evolution por el equipo de Michael Pardo, de Colorado State University, se construyó sobre 470 vocalizaciones de baja frecuencia grabadas a 101 elefantes que se dirigían a 117 receptores distintos en la Reserva Nacional de Samburu y el Parque Nacional de Amboseli, durante 14 meses de trabajo de campo dentro de un proyecto de cuatro años.
Un modelo de aprendizaje automático entrenado solo con el audio logró predecir a qué elefante iba dirigida cada llamada el 28% de las veces, contra apenas 8% cuando se le alimentaba con datos aleatorios, una diferencia que solo se explica si la llamada lleva dentro una etiqueta individual. La prueba definitiva fue el experimento de reproducción. A 17 elefantes salvajes les pusieron desde un altavoz retumbos que en el pasado se habían dirigido a ellos y retumbos dirigidos a otros. Al escuchar los suyos, prestaban atención, se acercaban o contestaban. Los ajenos, los ignoraban. Los investigadores observaron que los nombres se usan con más frecuencia cuando los animales están a cierta distancia y, sobre todo, cuando los adultos se dirigen a las crías, como una madre que llama a su cría o una matriarca que reclama a un rezagado para que se reúna con la familia.
Lo que hace único el descubrimiento es la naturaleza de esos nombres. Los delfines y los loros también se llaman entre sí, pero lo hacen imitando el sonido característico del animal al que se dirigen. Los elefantes no imitan nada. Le asignan a cada individuo un sonido arbitrario, exactamente como hacen los humanos, y ese detalle los coloca más cerca de nuestro lenguaje que ninguna otra especie estudiada hasta ahora. "Parece probable que otras poblaciones de elefantes africanos de la sabana también utilicen nombres", explicó Pardo, quien admite que aún se necesita investigación para saber si los paquidermos también nombran otras cosas, como comida, agua o lugares.
EL SILBIDO QUE ES UN NOMBRE
En el mar, los delfines llevan décadas dándoles pistas a los científicos con sus silbidos firma, sonidos únicos que funcionan como nombres propios y que cada animal desarrolla en sus primeros meses de vida. La bióloga Laela Sayigh, de la Woods Hole Oceanographic Institution, ganó el Premio Coller-Dolittle 2025 por demostrar rasgos de lenguaje en esos silbidos. Su equipo usó inteligencia artificial para revisar más de mil horas de grabaciones acumuladas durante décadas y descubrió que alrededor de la mitad de los silbidos de los delfines en libertad no son firmas individuales, sino 20 tipos de silbidos nuevos que múltiples animales comparten, es decir, un vocabulario común además de los nombres. Para saber qué significan, Sayigh recurrió al mismo método que confirmó los nombres de los elefantes, reproducir las grabaciones y observar cómo responden los animales. Google, en alianza con el Wild Dolphin Project y Georgia Tech, desarrolló DolphinGemma, un modelo que aspira a interpretar los clics y silbidos hasta el punto de producir una respuesta creíble.
LA LLAMADA DE "¡REGRESA!" Y LA CARRERA POR TRADUCIR
Las belugas aportaron uno de los hallazgos más entrañables. Los científicos que trabajan con Earth Species Project, la organización que desarrolló NatureLM-audio, el primer modelo de audio-lenguaje diseñado para analizar vocalizaciones animales, descubrieron que las hembras tienen una llamada específica de "¡regresa!" para hacer volver a sus crías curiosas cuando se alejan demasiado. Estos animales se comunican en frecuencias de hasta 120 kilohercios, seis veces por encima del límite del oído humano, y lo hacen a corta distancia, a veces tocándose, superponiendo señales unas sobre otras, según explicó Aza Raskin, cofundador de la organización, en el World Governments Summit de febrero. La carrera por traducir no se detiene ahí.
El Coller-Dolittle Challenge ofrece hasta $10 millones a quien logre una comunicación bidireccional verificable con otra especie, y sus finalistas de 2026 abarcan ratones, grandes simios, pinzones cebra y sepias. Apenas en junio, un estudio en Current Biology decodificó siete tipos de llamadas ultrasónicas en ratones rayados africanos que transmiten identidad individual y ubicación, un descubrimiento posible solo porque los algoritmos pueden procesar cientos de miles de sonidos que ningún oído humano alcanza. La hipótesis que anima a estos científicos es que los modelos entrenados con el habla humana pueden ayudar a descifrar las estructuras compartidas del lenguaje a lo largo de todo el árbol de la vida. Por ahora, lo que ya es certeza es más modesto y más asombroso. En la sabana y bajo el mar, hay criaturas que saben cómo se llaman, que saben cómo se llaman sus hijos, y que llevan toda la vida llamándolos por su nombre sin que nadie les prestara oído.