WNBA evita definir quién puede jugar en su liga femenina
La liga critica los señalamientos de “mala fe”, pero sigue sin establecer públicamente criterios claros sobre quién puede competir en la liga femenina
Por Redacción InDiario|Deportes|
La WNBA volvió a colocarse en el centro del debate sobre la participación de atletas transgénero en el deporte femenino, luego de emitir un comunicado en el que condenó los intentos de utilizar la controversia para “degradar o marginar” a otras personas, pero sin resolver la pregunta que originó el enfrentamiento: qué criterio utilizará la liga para determinar la elegibilidad en su categoría femenina.
La organización confirmó que continúa discutiendo el asunto y aseguró que actualmente no existe ningún caso inmediato de elegibilidad que tenga que adjudicar. Sin embargo, la respuesta provocó nuevas críticas porque el convenio colectivo vigente establece que solamente las mujeres son elegibles para competir en la WNBA, mientras los documentos públicos no contienen un criterio específico que determine cómo se aplicaría esa disposición a una atleta transgénero.
Ahí está precisamente el problema para la liga.
Una organización creada específicamente para ofrecer una categoría profesional femenina debería poder explicar con claridad cuáles son los requisitos para pertenecer a ella. En vez de hacerlo, la WNBA ha trasladado buena parte de su respuesta al lenguaje de inclusión, respeto y rechazo al odio, asuntos legítimos por sí mismos, pero que no contestan el planteamiento deportivo sobre elegibilidad.
Cuestionar una regla no equivale a atacar a una persona
La controversia aumentó después de que la jugadora de Indiana Fever Sophie Cunningham expresara públicamente su oposición a que atletas nacidos varones compitan en categorías deportivas femeninas. Sus expresiones provocaron fuertes críticas, pero también respaldo dentro y fuera del deporte.
Es posible rechazar cualquier expresión ofensiva contra personas transgénero y, al mismo tiempo, defender el derecho de atletas a preguntar cómo una liga femenina protegerá la integridad de su categoría competitiva.
Ese es precisamente el punto que la respuesta institucional de la WNBA corre el riesgo de perder al agrupar el debate con los esfuerzos de “mala fe”.
No todas las personas que cuestionan las reglas de elegibilidad buscan marginar a una comunidad. Para atletas, padres, fanáticos y organizaciones deportivas, existen preguntas legítimas sobre competencia, clasificación y el propósito mismo de mantener categorías separadas por sexo.
La liga podría responderlas con una regla. Hasta ahora ha respondido principalmente con más conversaciones.
Un convenio colectivo que dejó abierta la pregunta
La WNBA y la Asociación de Jugadoras completaron y firmaron en mayo su nuevo convenio colectivo, luego de que sus términos fueran ratificados en marzo. La propia liga lo presentó como un acuerdo histórico para el deporte profesional femenino.
Sin embargo, reportes sobre el texto señalan que, aunque establece que únicamente las mujeres pueden jugar en la WNBA, no desarrolla una definición específica para aplicar ese requisito en situaciones relacionadas con identidad de género.
La ausencia de una política precisa se ha convertido ahora en una vulnerabilidad evidente.
Los exjugadores de la NBA Enes Kanter Freedom y Royce White incluso anunciaron de manera provocadora su intención de presentarse al Draft de la WNBA de 2027, precisamente para llamar la atención sobre esa ambigüedad. La movida ha sido criticada como un espectáculo publicitario, pero consiguió exponer públicamente una pregunta que la liga todavía no ha contestado de forma definitiva.
Otros organismos ya toman decisiones
El contraste con otras organizaciones deportivas también complica la posición de la WNBA.
En marzo, el Comité Olímpico Internacional anunció una política específicamente dirigida a la protección de la categoría femenina en el deporte olímpico.
La FIBA, organismo rector mundial del baloncesto, informó recientemente que seguirá la política del COI para los Juegos Olímpicos, mientras mantiene en revisión su propia normativa para competencias internacionales. La federación creó un comité de expertos médicos y legales que deberá presentar recomendaciones a principios de 2027 y, mientras completa ese proceso, no está considerando solicitudes de elegibilidad de atletas transgénero.
En el tenis femenino, la WTA fue todavía más lejos: comenzó a implementar en 2026 una prueba genética única relacionada con el gen SRY para determinar elegibilidad en la categoría femenina, sustituyendo su anterior sistema basado principalmente en niveles de testosterona.
Puede debatirse si cada uno de esos modelos es el correcto. Lo difícil de defender es que una liga profesional femenina llegue a esta controversia sin una respuesta suficientemente clara.
Inclusión y reglas claras no son incompatibles
La WNBA tiene derecho a promover respeto hacia las personas transgénero y a condenar ataques contra sus jugadoras. De hecho, semanas antes, la liga y el sindicato habían denunciado mensajes racistas, abusivos y de odio dirigidos contra atletas.
Pero proteger a las personas del hostigamiento y establecer reglas deportivas transparentes son responsabilidades diferentes.
La discusión sobre elegibilidad no desaparecerá porque actualmente no exista una atleta cuyo caso requiera una decisión inmediata. Precisamente ese es el momento en que una organización debería establecer las reglas: antes de que llegue el caso que obligue a improvisarlas.
La WNBA se creó para ofrecer a las mujeres el nivel más alto de baloncesto profesional en Estados Unidos. Si su convenio establece que esa categoría está reservada para mujeres, entonces corresponde a la propia liga explicar con precisión cómo aplicará esa norma.
Calificar de mala fe a quienes utilizan el tema para atacar o marginar puede ser válido. Convertir esa acusación en sustituto de una política clara, no.
Porque al final la pregunta para la WNBA no es ideológica ni publicitaria. Es mucho más elemental: ¿cuáles son las reglas para competir en la principal liga profesional de baloncesto femenino de Estados Unidos?
Y después de varias reuniones, esa respuesta sigue pendiente.




