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11-S: 25 años del ataque que cambió a Estados Unidos

Cuatro aviones secuestrados, 2,977 muertos y una mañana de terror transformaron la seguridad, la política exterior y la vida cotidiana.

Por Redacción InDiarioHistoria|

Foto de las Torres Gemelas antes de caer hace veinticinco años. (Archivo)
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A las 8:46 de la mañana del 11 de septiembre de 2001, un avión comercial atravesó el cielo despejado de Manhattan y se estrelló contra la Torre Norte del World Trade Center.

Durante unos minutos todavía era posible pensar en un accidente.

Diecisiete minutos después ya no quedaba ninguna duda.

A las 9:03 a.m., un segundo avión impactó la Torre Sur ante las cámaras de televisión que transmitían en directo desde Nueva York. Estados Unidos estaba bajo ataque.

El segundo avión a punto de impactar contra la torre sur. (CNN)

Lo que ocurrió durante los siguientes 85 minutos transformaría la historia del país, provocaría guerras que se extenderían por dos décadas, cambiaría la forma de viajar en avión, ampliaría los poderes de vigilancia del Gobierno federal y daría origen a una nueva estructura de seguridad nacional.

Veinticinco años después, el 11 de septiembre continúa siendo una línea divisoria: existe un Estados Unidos antes del 9/11 y otro después.

102 minutos que cambiaron la historia

El ataque había sido cuidadosamente planificado por Al Qaeda. Diecinueve terroristas tomaron control de cuatro aviones comerciales que habían despegado aquella mañana desde aeropuertos de la costa este estadounidense. El FBI determinó posteriormente que los 19 secuestradores habían sido entrenados por la organización terrorista. 

El primer golpe ocurrió a las 8:46 a.m., cuando el vuelo 11 de American Airlines se estrelló contra los pisos 93 al 99 de la Torre Norte.

A las 9:03 a.m., el vuelo 175 de United Airlines atravesó los pisos 77 al 85 de la Torre Sur.

A las 9:37 a.m., el vuelo 77 de American Airlines impactó el Pentágono, en Virginia.

A las 9:59 a.m., después de arder durante 56 minutos, la Torre Sur se desplomó.

Momento del desplome de la primera torre. (Getty Images)

Cuatro minutos después, a las 10:03 a.m., el vuelo 93 de United Airlines cayó en un campo cerca de Shanksville, Pensilvania, luego de que pasajeros y miembros de la tripulación intentaran recuperar el control de la aeronave.

Finalmente, a las 10:28 a.m., cayó la Torre Norte.

Desde el primer impacto hasta el derrumbe de la última torre habían transcurrido apenas 102 minutos

Los pasajeros que alteraron el plan

La historia del vuelo 93 se convirtió en uno de los capítulos emblemáticos de aquella mañana.

Los pasajeros comenzaron a enterarse mediante llamadas telefónicas de que otros aviones habían sido utilizados como armas contra Nueva York y Washington. Comprendieron entonces que probablemente no se trataba de un secuestro convencional.

Decidieron enfrentarse a los terroristas.

La grabadora de la cabina captó la lucha mientras pasajeros y tripulantes intentaban entrar al cockpit. Ante la posibilidad de perder el control del avión, los secuestradores provocaron deliberadamente su caída a las 10:03 a.m.

Las investigaciones posteriores apuntaron a que el Capitolio de Estados Unidos era el objetivo más probable. El avión estaba a aproximadamente 20 minutos de Washington cuando cayó. Las 40 personas entre pasajeros y tripulación murieron. 

2,977 vidas

El balance final fue de 2,977 víctimas, sin contar a los 19 terroristas.

En Nueva York murieron 2,753 personas; otras 184 fallecieron en el ataque contra el Pentágono y 40 pasajeros y tripulantes perdieron la vida en el vuelo 93. 

Entre los muertos estuvieron 343 miembros del Departamento de Bomberos de Nueva York, 23 oficiales del NYPD y 37 policías de la Autoridad de Puertos de Nueva York y Nueva Jersey. En total, 71 agentes del orden murieron en Nueva York aquel día. 

Momentos después de la caída de los edificios. (CNN)

Pero las cifras esconden otro hecho extraordinario.

Cuando los aviones golpearon las Torres Gemelas había entre 16,400 y 18,000 personas en el complejo del World Trade Center. La inmensa mayoría consiguió escapar.

Mientras miles bajaban por las escaleras buscando la calle, bomberos, policías y paramédicos hacían exactamente lo contrario: subían hacia los pisos superiores. 

Las muertes no terminaron aquel día

El número de víctimas relacionadas con el 11-S tampoco quedó congelado en 2001.

La gigantesca nube producida por los derrumbes cubrió parte del bajo Manhattan con polvo, fibras, productos de combustión y otros contaminantes. Cientos de miles de personas estuvieron expuestas directa o potencialmente a esos materiales, según las autoridades sanitarias de Nueva York. 

A lo largo de los años comenzaron a diagnosticarse enfermedades respiratorias, distintos tipos de cáncer y otras condiciones entre rescatistas, trabajadores y sobrevivientes.

El FDNY ha informado que más de 400 de sus integrantes han muerto posteriormente por enfermedades relacionadas con el World Trade Center, superando ya los 343 bomberos que perdió durante los ataques. 

El World Trade Center Health Program de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades atiende actualmente a cerca de 150,000 respondedores y sobrevivientes residentes en los 50 estados y territorios estadounidenses. 

El 11-S, por tanto, sigue cobrando un precio 25 años después.

El fracaso que Estados Unidos no vio venir

Cuando la Comisión Nacional sobre los Ataques Terroristas examinó posteriormente lo ocurrido, llegó a una conclusión que trascendía las fallas individuales de agencias o funcionarios.

La Comisión agrupó los errores previos al ataque en cuatro grandes categorías: imaginación, política, capacidades y administración.

El autor intelectual de los atentados, el líder terrorista Osama Bin Laden en la portada de todos los periódicos. (CNN)

Su conclusión más contundente fue que la principal falla había sido de imaginación: el Gobierno estadounidense disponía de distintas señales sobre la amenaza de Osama bin Laden y Al Qaeda, pero sus instituciones no habían concebido adecuadamente la posibilidad de una operación de esa magnitud utilizando aviones comerciales como armas. 

La amenaza existía. Las piezas de información también.

Lo que faltó fue conectarlas.

El aeropuerto nunca volvió a ser igual

Para millones de estadounidenses, el legado más visible del 11 de septiembre aparece cada vez que entran a un aeropuerto.

Dos meses después de los ataques, el Congreso aprobó la Aviation and Transportation Security Act, que creó la Transportation Security Administration (TSA) y trasladó al Gobierno federal responsabilidades fundamentales sobre la inspección de pasajeros y equipaje.

Tras los ataques, se crearon diferentes estructuras de seguridad, la más conocida, TSA encargada de la seguridad en los aeropuertos. (PBS)

Las cabinas de los aviones fueron reforzadas para impedir accesos forzados, aumentó drásticamente el número de alguaciles aéreos federales y surgieron sistemas de cotejo de pasajeros y nuevas capas de inspección que hoy se consideran parte normal de viajar. 

Lo que hoy parece rutina —los puntos de inspección federales, restricciones de equipaje, listas de vigilancia y puertas de cockpit fortificadas— pertenece en buena medida al mundo construido después del 9/11.

Un nuevo aparato de seguridad nacional

El cambio fue mucho más profundo que los aeropuertos.

En 2002 se creó el Departamento de Seguridad Nacional, que comenzó operaciones en 2003 al integrar 22 agencias y oficinas federales bajo una estructura común. Fue una de las mayores reorganizaciones del Gobierno federal estadounidense desde la creación del Departamento de Defensa. 

El 26 de octubre de 2001, apenas 45 días después de los ataques, el presidente George W. Bush firmó la USA PATRIOT Act, ampliando significativamente las herramientas de investigación, inteligencia, seguimiento financiero y vigilancia disponibles para el Gobierno federal en casos relacionados con terrorismo. Sus disposiciones abrirían durante años un intenso debate entre seguridad nacional y libertades civiles. 

De Nueva York a Afganistán

La respuesta tampoco se limitó al territorio estadounidense.

El 7 de octubre de 2001, menos de un mes después de los ataques, Bush anunció el comienzo de operaciones militares contra los campos de Al Qaeda y las instalaciones del régimen talibán en Afganistán. 

Comenzaba así la guerra más larga de la historia de Estados Unidos.

El clima estratégico creado después del 11-S también marcaría la política exterior durante los años siguientes, incluida la invasión de Irak en 2003. Sin embargo, una distinción histórica resulta importante: la Comisión del 9/11 no encontró evidencia de que el régimen de Saddam Hussein hubiese participado en los ataques ni de una relación operacional colaborativa con Al Qaeda para atacar a Estados Unidos. 

Puerto Rico también perdió vidas

La tragedia tuvo un componente puertorriqueño significativo.

Una investigación publicada por El Nuevo Día para el vigésimo aniversario logró documentar 43 personas nacidas en Puerto Rico que murieron durante los atentados. En actos oficiales celebrados en la isla en 2021, las autoridades rindieron homenaje a 41 víctimas identificadas como boricuas. 

Grupo de rescatistas puertorriqueños llegan a Nueva York para ayudar en el proceso de búsqueda y rescate. Fueron recibidos por la entonces gobernadora Sila María Calderón, quien tenía previsto estar en el complejo World Trade Center el día de los ataques juntos un grupo de funcionarios de la Isla. (Suministrada)

Puerto Rico también envió personal de rescate a Nueva York durante las labores posteriores al derrumbe. Entre ellos estuvo un grupo de 35 rescatistas del que formó parte Nino Correa, quien 25 años después continúa describiendo la magnitud de lo que encontraron en la Zona Cero. 

La tragedia golpeó además directamente a la diáspora puertorriqueña de Nueva York, una comunidad históricamente ligada a los trabajadores, policías, bomberos y residentes de la ciudad.

Hay 1,099 familias que todavía esperan respuestas

Quizás uno de los datos que mejor explica por qué el 11 de septiembre todavía no pertenece completamente al pasado surgió apenas semanas antes de este aniversario.

El 24 de agosto de 2026, la Oficina del Médico Forense de Nueva York anunció que logró identificar otra víctima del World Trade Center utilizando, por primera vez en este caso, genealogía genética forense investigativa.

Era apenas la víctima número 1,654 identificada mediante restos recuperados.

Todavía permanecen sin identificar 1,099 víctimas, equivalentes al 40% de las personas que murieron en Nueva York

Un cuarto de siglo después, laboratorios continúan examinando fragmentos recuperados entre las ruinas intentando devolver respuestas a familias que llevan 25 años esperando.

Cuando la memoria se convierte en historia

Este aniversario tiene otra característica particular.

Por primera vez, una parte sustancial de la población adulta estadounidense nació después de los ataques o era demasiado joven para recordarlos. Para millones, las Torres Gemelas no son un recuerdo; son fotografías, documentales, clases de historia y relatos de padres o abuelos.

Reuters describió esta transición generacional en vísperas del aniversario: el 9/11 está comenzando a pasar de la memoria vivida a la memoria histórica, aunque sus consecuencias sigan presentes en las instituciones, las guerras, los aeropuertos y la política estadounidense. 

Foto aerea del National September 11 Memorial & Museum en Nueva York. (INDIARIO)

Este viernes, familiares volverán a reunirse en el National September 11 Memorial de Nueva York. La ceremonia comenzará alrededor de las 8:40 a.m. y volverán a escucharse los nombres de quienes murieron. 

Habrá seis momentos de silencio.

A las 8:46.

A las 9:03.

A las 9:37.

A las 9:59.

A las 10:03.

Y a las 10:28.

Son las horas que marcan los impactos, las caídas de las torres, el ataque al Pentágono y el final del vuelo 93. 

Veinticinco años después, el horizonte de Manhattan es distinto. El World Trade Center fue reconstruido. Una generación completa nació y llegó a la adultez. Osama bin Laden murió. La guerra de Afganistán terminó. Las instituciones creadas después de los ataques forman parte de la vida cotidiana.

Pero durante 102 minutos de una mañana despejada de septiembre de 2001, 19 terroristas consiguieron alterar el rumbo de una nación y dejar una huella que, un cuarto de siglo después, Estados Unidos todavía está aprendiendo a medir.

Y por eso, 25 años después, “Never Forget” continúa siendo mucho más que una consigna. Es una obligación histórica.