San Ignacio de Loyola, el santo que fundó a los jesuitas
La festividad del fundador de la Compañía de Jesús marca los 470 años de su muerte y honra al santo que mandó a hallar a Dios en todas las cosas
Por Redacción InDiario|Historia|
La Iglesia católica celebra hoy 31 de julio la festividad de San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, en el aniversario de su muerte, ocurrida ese día del año 1556, hace exactamente 470 años.
Nacido en 1491 en el país vasco español, Ignacio fue un santo distinto a los de su tiempo. Soldado antes que religioso, su conversión llegó durante la convalecencia de una herida de batalla, y de aquella transformación nació una de las órdenes religiosas más influyentes de la historia. Como observó el reconocido historiador jesuita John O'Malley, Ignacio "redefinió la base tradicional de la santidad", que solía suponer cierto desapego del mundo. O'Malley lo describe, en cambio, como un "santo mundano", un fundador que quiso a los suyos metidos de lleno en la vida diaria.
Esa vocación marcó a los primeros jesuitas. Ignacio se aseguró de que pasaran la mayor parte de su tiempo en espacios relativamente seculares, como los salones de clase, enseñando menos directamente sobre la Biblia y la doctrina que sobre literatura y los clásicos antiguos. A sus misioneros les enviaba cartas pidiéndoles que escribieran de vuelta no solo sobre sus ministerios, sino también sobre las costumbres locales, las plantas y la vida silvestre, "cualquier cosa que parezca extraordinaria". Sobre todo, Ignacio quería que los jesuitas salieran a "encontrar a Dios en todas las cosas", el principio que hasta hoy define la espiritualidad ignaciana.
UN LEGADO DE CINCO SIGLOS
La orden que fundó junto a un puñado de compañeros creció hasta convertirse en la congregación religiosa masculina más numerosa de la Iglesia, con presencia en la educación, las misiones y la vida intelectual católica en todos los continentes. Su método de oración más conocido, el Examen diario, una pausa para repasar la jornada y reconocer la presencia de Dios en ella, sigue practicándose en todo el mundo, y los Ejercicios Espirituales que escribió hace cinco siglos continúan guiando retiros y procesos de discernimiento. De sus filas salió, además, el primer Papa jesuita de la historia, Francisco. Cada 31 de julio, colegios, universidades, parroquias y obras de la Compañía en el mundo entero celebran la fiesta de su fundador, el soldado herido que cambió la espada por la pluma y enseñó a buscar lo extraordinario en lo ordinario.
