Cuando Estados Unidos celebró sus 200 años

El Bicentenario en 1976 fue fiesta patriótica, cultura pop y dudas tras Vietnam, Watergate y crisis.

Por Agencia EFEHistoria|

Embarcaciones participantes en "Operation Sail" para celebrar el Bicentenario de EEUU en Nueva York en 1976 (AP)
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(AP) - Cuando Estados Unidos celebró sus 200 años de independencia en 1976, el país se envolvió en banderas, fuegos artificiales, desfiles, trenes históricos, especiales de televisión y una cultura popular que mezclaba patriotismo, espectáculo y desencanto nacional.

La celebración del Bicentenario llegó en un momento complejo para la nación. Estados Unidos acababa de salir de la Guerra de Vietnam, todavía cargaba con las heridas del escándalo de Watergate y muchos ciudadanos miraban al gobierno con sospecha. Aun así, el país encontró en el aniversario una oportunidad para celebrar su historia y, al mismo tiempo, escapar por unas horas de sus tensiones políticas y sociales.

La película “Rocky”, estrenada ese año, capturó parte de ese ambiente. En una de sus escenas más recordadas, Apollo Creed entra al cuadrilátero vestido como George Washington y luego como el Tío Sam, en una pelea presentada como parte del ambiente bicentenario en Filadelfia. La imagen resumía el tono de la época: mucho espectáculo, mucho símbolo patriótico y una nación todavía tratando de entender cómo había llegado hasta allí tras dos siglos de independencia.

Las celebraciones oficiales incluyeron la visita del presidente Gerald Ford y la primera dama Betty Ford a Colonial Williamsburg, así como eventos históricos y recreaciones sobre los días previos a la firma de la Declaración de Independencia. En Nueva York, la celebración del 4 de julio tuvo uno de sus momentos principales con Operation Sail, una parada marítima con grandes veleros y embarcaciones de distintos países frente a la Estatua de la Libertad y el World Trade Center.

Para quienes no podían viajar a la costa este, el American Freedom Train recorrió los 48 estados continentales con una exhibición de objetos históricos vinculados a los primeros 200 años del país. Entre los artículos presentados figuraban una copia de la Constitución vinculada a George Washington, documentos históricos, piezas de la cultura popular estadounidense y hasta una roca lunar.

Publico espera en lineas para apreciar el American Freedom Train en Archbold, Ohio, 20 de junio de 1975 (AP)

El Bicentenario también se convirtió en un fenómeno comercial. La celebración apareció en monedas, sellos, placas, vasos, calcomanías, cereales, refrescos y todo tipo de artículos coleccionables. Las marcas aprovecharon el entusiasmo nacional para vender productos con los colores rojo, blanco y azul, convirtiendo la conmemoración histórica en una gran campaña cultural y publicitaria.

La televisión tuvo un papel central. Las tres grandes cadenas nacionales prepararon programación especial para el 4 de julio de 1976. CBS presentó una extensa cobertura encabezada por Walter Cronkite, mientras NBC produjo un especial patriótico con figuras del entretenimiento. Al mismo tiempo, programas como “Schoolhouse Rock!” usaron la ocasión para llevar lecciones de historia y civismo a los niños.

Participantes de la parada "All National, All People Official Bicentennial Parade" en Los Angeles, 4 de Julio de 1976 (AP)

Pero no todo fue celebración. Parte de la cultura popular reflejaba el cansancio de una sociedad golpeada por la guerra, la desconfianza institucional y los conflictos raciales. La música disco dominaba las listas, el cine exploraba la paranoia de la era Nixon y películas como “All the President’s Men”“Taxi Driver” y “Network” mostraban un Estados Unidos menos optimista, más desconfiado y más dividido.

Esa mezcla de orgullo nacional, espectáculo comercial y tensión social marcó el Bicentenario de 1976. Medio siglo después, mientras Estados Unidos se prepara para celebrar los 250 años de su independencia, aquella conmemoración sirve como espejo histórico: un país capaz de celebrar sus símbolos, pero también obligado a mirar sus conflictos internos.

El Bicentenario no fue solo una fiesta de banderas y fuegos artificiales. Fue también una fotografía de una nación que celebraba su pasado mientras intentaba recomponerse de sus crisis recientes. Y esa memoria vuelve a cobrar relevancia en momentos en que Estados Unidos se acerca a otra gran celebración nacional, nuevamente en medio de debates sobre identidad, historia y futuro.