José Celso Barbosa: médico, pionero y líder político

Puerto Rico conmemora el natalicio del médico que venció barreras raciales y dejó huella en la salud, la educación y la política.

Por Redacción InDiarioHistoria|

El prócer puertorriqueño, don José Celso Barbosa Alcalá (Indiario)
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Antes de convertirse en una de las figuras más reconocidas de la política puertorriqueña, José Celso Barbosa tuvo que vencer obstáculos que parecían diseñados para mantenerlo fuera de los salones de clase, de las facultades de Medicina y de los espacios de poder.

Era negro, provenía de una familia humilde y nació en un Puerto Rico marcado por profundas divisiones sociales. Aun así, cruzó el océano, estudió Medicina en Estados Unidos, se graduó con honores y regresó a la isla dispuesto a transformar la manera en que los trabajadores recibían servicios de salud.

Este lunes, 27 de julio, Puerto Rico conmemora el 169 aniversario del natalicio de Barbosa, médico, educador, periodista, legislador y dirigente político cuyo legado continúa presente en la discusión pública del país.

Aunque su nombre suele asociarse principalmente con la fundación del movimiento estadista puertorriqueño, su historia comenzó mucho antes de las luchas partidistas.

De Bayamón a una universidad estadounidense

José Celso Barbosa Alcalá nació en Bayamón el 27 de julio de 1857. Fue hijo de Hermógenes Barbosa, albañil, y Carmen Alcalá, costurera.

Desde joven conoció el discrimen racial y las limitaciones económicas. Estudió en el Seminario Conciliar de San Ildefonso, una de las instituciones educativas más importantes de la época, pero tuvo que ofrecer tutorías a estudiantes de familias adineradas para financiar su educación.

En 1876 partió hacia Nueva York con la intención de aprender inglés y continuar sus estudios. Durante su estadía enfermó de pulmonía y el contacto con los médicos que lo atendieron despertó en él una nueva vocación.

Decidió estudiar Medicina.

El camino no fue sencillo. La Universidad de Columbia rechazó su solicitud de admisión, en medio de una sociedad estadounidense que todavía vivía bajo fuertes prácticas de segregación racial.

Barbosa no se detuvo.

Fue admitido en la Universidad de Michigan, donde se convirtió en el primer estudiante puertorriqueño de esa institución. En 1880 obtuvo su título de Medicina con honores, convirtiéndose en uno de los primeros puertorriqueños graduados de una escuela médica en Estados Unidos.

Aquel joven de Bayamón había logrado entrar en espacios académicos que durante años permanecieron cerrados para personas de su raza y condición social.

Regresó con un diploma que no querían reconocer

El regreso a Puerto Rico tampoco estuvo libre de obstáculos.

Las autoridades coloniales españolas se negaron inicialmente a reconocer su diploma porque no había sido expedido por una universidad española o europea. Barbosa tuvo que luchar nuevamente para que se le permitiera ejercer la profesión para la cual se había preparado.

Finalmente logró establecer su práctica médica en Bayamón.

Allí comenzó a atender pacientes de diferentes sectores sociales, incluyendo trabajadores que no podían pagar individualmente por sus servicios. Su experiencia lo llevó a impulsar un sistema innovador: patronos y trabajadores aportaban anticipadamente a un fondo común que garantizaba atención médica cuando fuera necesaria.

Era una idea sencilla, pero revolucionaria para su época.

En lugar de esperar a que una persona enfermara para entonces preguntarse si tenía dinero para pagar un médico, Barbosa proponía distribuir el costo entre todos mediante aportaciones periódicas.

Aquel modelo es considerado uno de los primeros sistemas de servicios médicos prepagados de Puerto Rico y un antecedente de los planes de salud modernos. También colocó a Barbosa entre los precursores del cooperativismo en la isla.

Su mayor aportación a la medicina no fue solamente tratar enfermedades. Fue entender que la salud podía organizarse como una responsabilidad colectiva.

Un autonomista que abrazó la estadidad

La vida pública de Barbosa comenzó bajo el régimen español.

Militó en el Partido Liberal Reformista y posteriormente en el Partido Autonomista Puertorriqueño, que reclamaba mayores poderes políticos y administrativos para Puerto Rico.

Sin embargo, rompió con el liderato autonomista después del pacto concertado en 1897 con el Partido Liberal Fusionista de Práxedes Mateo Sagasta en España. Barbosa se unió entonces a la fundación del Partido Autonomista Histórico y Ortodoxo, conocido también como el sector de los autonomistas puros.

La invasión estadounidense de 1898 cambió el escenario político y también el rumbo de Barbosa.

Convencido de que Puerto Rico debía integrarse permanentemente a Estados Unidos, fundó el 4 de julio de 1899, junto con otros dirigentes, el Partido Republicano Puertorriqueño.

La organización defendía que la isla atravesara un periodo territorial hasta alcanzar eventualmente la estadidad.

Barbosa había conocido de primera mano las instituciones estadounidenses durante sus años universitarios. Admiraba su sistema republicano y sus garantías constitucionales, aunque también había experimentado las contradicciones de un país donde el discurso de igualdad coexistía con el racismo y la segregación.

Su defensa de la estadidad no estuvo desligada de sus reclamos de derechos ciudadanos, representación política y mayor participación de los puertorriqueños en su gobierno.

Médico, maestro, legislador y periodista

Barbosa no limitó su actividad a la consulta médica ni a la dirección partidista.

Durante años enseñó Zoología, Botánica, Mineralogía, Anatomía y Obstetricia en la Institución de Enseñanza Superior auspiciada por el Ateneo Puertorriqueño.

También participó en el Consejo Ejecutivo de Puerto Rico entre 1900 y 1917, organismo creado bajo la Ley Foraker que ejercía funciones administrativas y legislativas. Desde allí intervino en asuntos relacionados con la salud pública y la organización gubernamental.

Cuando la Ley Jones estableció en 1917 un Senado elegido por los puertorriqueños, Barbosa obtuvo un escaño por acumulación.

Se convirtió en el primer portavoz de minoría del Senado de Puerto Rico y permaneció en el cargo hasta su muerte. Desde la Legislatura promovió garantías como el juicio por jurado y el recurso de habeas corpus, destinado a proteger a los ciudadanos frente a detenciones arbitrarias.

También entendió que las ideas necesitaban una plataforma para llegar a la calle.

En 1907 fundó el periódico El Tiempo, una publicación bilingüe desde la cual defendió sus posiciones políticas, debatió los asuntos del país y utilizó el periodismo como herramienta de educación ciudadana.

Para Barbosa, la política no se ejercía únicamente desde un cargo. También se construía en las aulas, en los periódicos, en los hospitales y en la discusión pública.

Una figura que no cabe en una sola definición

José Celso Barbosa murió el 21 de septiembre de 1921 mientras todavía ocupaba su escaño en el Senado. Sus restos descansan en el cementerio Santa María Magdalena de Pazzis, en el Viejo San Juan.

Su residencia en Bayamón, donde también atendió a muchos de sus pacientes, fue convertida en museo. Allí se conservan documentos, fotografías, muebles y objetos personales que narran la vida de un hombre que atravesó algunas de las transformaciones más importantes de Puerto Rico entre los siglos XIX y XX.

Su nombre aparece hoy en carreteras, escuelas, hospitales, avenidas e instalaciones públicas. Sin embargo, su legado no puede medirse solamente por los edificios que llevan su nombre.

Barbosa fue un hombre negro que desafió el discrimen racial; un joven pobre que logró graduarse con honores; un médico que intentó democratizar el acceso a la salud; un educador que compartió sus conocimientos; un periodista que defendió sus ideas y un político que ayudó a fundar una corriente que todavía forma parte central del debate sobre el futuro de Puerto Rico.

Su figura genera adhesiones y controversias, particularmente por su defensa de la estadidad. Pero reducirlo exclusivamente a una fórmula de estatus sería dejar fuera gran parte de su historia.

A 169 años de su nacimiento, José Celso Barbosa permanece como una de esas figuras que no caben cómodamente en una sola definición.

Fue médico antes que prócer, reformador antes que símbolo y un puertorriqueño que, enfrentado a las barreras de su época, decidió no aceptar el lugar que otros habían reservado para él.