MIDA retrata a un consumidor que gasta menos y mira al extranjero
Estudio revela recortes en alimentos, intención migratoria y uso creciente de medicamentos para rebajar.
Por Redacción InDiario|Negocios|
El consumidor puertorriqueño está comprando con más cautela, reduciendo gastos mensuales, mirando la posibilidad de irse del país y modificando sus hábitos de consumo por razones económicas, de salud y de incertidumbre social, según los hallazgos de la Radiografía del Consumidor 2026 de la Cámara de Mercadeo, Industria y Distribución de Alimentos (MIDA).
El estudio presenta un retrato amplio de un país donde el bolsillo pesa cada vez más en la toma de decisiones. La partida de alimentos reflejó una reducción de 5% en el gasto promedio, equivalente a unos $19 menos, mientras que los productos del hogar bajaron $18, una reducción de 14%. Aunque los números pueden parecer moderados, MIDA los interpreta como una señal generalizada de ajuste en el comportamiento del consumidor.
“Vemos una reducción, leve pero generalizada, en el gasto promedio mensual lo que apunta a un posible cambio en los patrones de consumo”, expresó Félix Aponte, presidente de MIDA.
La explicación no se limita al precio de los productos. Manuel Reyes Alfonso, vicepresidente ejecutivo de MIDA, atribuyó parte del fenómeno a una “psicología de la incertidumbre” que está afectando al consumidor puertorriqueño. Esa incertidumbre se refleja en la percepción económica: 31% de los encuestados dijo que la situación de su hogar está peor que el año pasado, 66% ve de forma negativa la economía actual y 54% piensa que estará peor dentro de un año.
Pero el dato más fuerte del estudio no está solamente en la compra del supermercado. Una tercera parte de los encuestados dijo haber considerado irse de Puerto Rico en los próximos uno a tres años debido a la situación económica o a las condiciones del país. Las principales razones mencionadas fueron buscar una mejor oportunidad económica, con 36%, y alcanzar una mejor calidad de vida, con 28%.
Ese hallazgo conecta directamente con la advertencia hecha recientemente por un encuestador, quien sostuvo que estos son números de intención migratoria que no se veían desde el huracán María. La comparación es políticamente poderosa: Puerto Rico no está hoy bajo el impacto inmediato de un desastre natural, pero sí enfrenta un deterioro acumulado en servicios, costo de vida, vivienda, energía y oportunidades que vuelve a empujar a muchos ciudadanos a mirar hacia Estados Unidos.
La preocupación aumenta porque quienes más consideran irse son precisamente los grupos que Puerto Rico más necesita retener. Según MIDA, entre quienes han pensado abandonar la Isla, 57% pertenece a la generación de 18 a 27 años y 37% a los llamados millennials, de 28 a 48 años. Es decir, jóvenes adultos, trabajadores y personas en edad de criar familia.
“Esto levanta bandera ante la realidad del envejecimiento poblacional en Puerto Rico”, comentó Aponte.
El problema, por tanto, no es solo económico. Es demográfico. Puerto Rico enfrenta al mismo tiempo una población envejecida, menos nacimientos, pérdida de trabajadores y una generación joven que no necesariamente ve en la Isla un lugar viable para desarrollarse. Aunque datos recientes del Instituto de Estadísticas apuntan a una reducción en la brecha migratoria entre Puerto Rico y Estados Unidos, la intención de irse revela una presión social que sigue viva.
La Radiografía del Consumidor también identificó otro cambio relevante: el uso de medicamentos GLP-1 para control de peso y diabetes, como Mounjaro, Ozempic o semaglutida. Un 8% de los entrevistados dijo utilizarlos, creando un nuevo perfil de consumidor con necesidades distintas de alimentación, proteínas, suplementos y seguimiento nutricional.
Para la industria de alimentos, ese dato no es menor. El consumidor no solo está comprando menos; también está comprando distinto. La salud, la calidad de los alimentos, las frutas y vegetales, los productos naturales y la búsqueda de bienestar están influyendo cada vez más en el carrito de compra. El estudio también señala que 97% de los encuestados dijo comprar productos hechos en Puerto Rico, un dato que confirma que lo local sigue teniendo peso en la decisión del consumidor.
La lectura final es clara: el consumidor puertorriqueño está bajo presión. Recorta gastos, evalúa su futuro fuera del país y adapta su consumo a nuevas realidades económicas y de salud. El supermercado se convierte así en una radiografía del ánimo social: menos dinero disponible, más incertidumbre y una pregunta que vuelve a repetirse en miles de hogares.
¿Vale la pena quedarse en Puerto Rico?




