¿Llegamos al comienzo de clases… o comienzo de una crisis?

Ralyan Oxios cuestiona si el Gobierno podrá garantizar un regreso seguro a las aulas ante la sequía y las fallas en el servicio de agua.

Por Ralyant OxiosOpinión|

El inicio de clases esta a la vuelta de la esquina, y este año viene con crisis de agua incluida. (Indiario)
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¿Habrá comienzo a clases?

Mientras miles de familias preparan uniformes, compran materiales escolares y hacen el último esfuerzo económico para que sus hijos regresen a las aulas, hay una pregunta mucho más básica que aún nadie ha contestado: ¿habrá un comienzo de clases digno?

La gobernadora Jenniffer González Colón declaró un estado de emergencia por la sequía en toda la jurisdicción. No se trata de una medida preventiva cualquiera. Los datos son preocupantes: casi una cuarta parte de Puerto Rico enfrenta sequía severa, más de un tercio vive bajo sequía moderada y amplias regiones acumulan meses con un déficit significativo de lluvias. La situación es tan seria que fue necesario activar a la Guardia Nacional.

Sin embargo, mientras el gobierno reconoce la magnitud del problema, miles de ciudadanos continúan viviendo otra realidad: comunidades enteras sin servicio de agua durante días y respuestas insuficientes por parte de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados. Las denuncias del alcalde de San Juan, Miguel Romero, sobre la falta de información y la pobre comunicación de la corporación pública reflejan la frustración que hoy sienten miles de familias.

Y es aquí donde surge la pregunta que debería ocupar la discusión pública.

¿Cómo comenzarán las clases dentro de pocos días?

No estamos hablando únicamente de comodidad. Estamos hablando de salud pública, de seguridad y de condiciones mínimas para educar. Una escuela no puede operar sin agua potable. No puede mantener baños funcionales. No puede garantizar higiene para cientos o miles de estudiantes. Mucho menos cuando el calor extremo ya representa un desafío diario dentro de muchos planteles que ni siquiera cuentan con sistemas adecuados de ventilación.

Resulta contradictorio exigir puntualidad, asistencia y excelencia académica cuando el propio Estado no puede garantizar los servicios esenciales para que esa educación ocurra en condiciones dignas.

Las familias tienen derecho a saber si las escuelas cuentan con planes de contingencia. Los maestros merecen conocer cómo enfrentarán esta realidad. Los directores necesitan certezas, no improvisaciones. Y los estudiantes no pueden convertirse, una vez más, en quienes pagan las consecuencias de problemas que llevan años acumulándose.

La educación siempre se presenta como una prioridad. Pero las prioridades se demuestran con planificación, no con discursos. La emergencia por sequía no surgió de un día para otro. Las advertencias sobre el descenso de los embalses llevan semanas. Hoy la pregunta ya no es si existe una crisis. La pregunta es si el gobierno actuó con la rapidez necesaria para evitar que esa crisis llegue hasta los salones de clase.

Porque un regreso a clases no se mide únicamente por la entrega de materiales escolares o por el corte de cinta del primer día. También se mide por algo tan básico como abrir un grifo y que salga agua.

Si un estudiante no puede beber agua, lavarse las manos o utilizar un baño en condiciones adecuadas, entonces no estamos hablando de un comienzo de clases exitoso. Estamos hablando de una improvisación.

Y la niñez de Puerto Rico merece mucho más que eso.