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Puerto Rico tiene ahora el verano más largo del mundo

Ya éramos conocidos por tener las Navidades más largas del planeta. Gracias a Johnny Méndez, ahora también podemos reclamar el título del verano.

Por Juan Luis Camacho SemideiOpinión|

Llegaron las "Navidades en Septiembre", pero para el presidente de la Cámara, el verano todavía continúa.
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Puerto Rico siempre ha sido tierra de excesos climáticos y festivos.

Aquí no celebramos Navidad. Aquí la Navidad se muda con nosotros.

Comienza con aquello de “Navidades en septiembre”, coge fuerza con Acción de Gracias, se endeuda en Black Friday, come pasteles en diciembre, despide el año, recibe a los Reyes, se niega a recoger el arbolito durante las octavitas y termina, si Dios y el hígado lo permiten, después de las Fiestas de la Calle San Sebastián.

Tenemos, orgullosamente, las Navidades más largas del mundo.

Pero ahora Carlos “Johnny” Méndez nos ha regalado otra distinción internacional: el verano más largo del planeta.

El asunto comenzó el año pasado, cuando el presidente de la Cámara puso fecha de expiración a su paciencia con el gobierno de Jenniffer González. Le daba hasta el verano de 2026 para enderezar la administración antes de decidir si respaldaría nuevamente a la gobernadora.

Aquello sonó serio. “Hasta el verano”.

Uno imaginaba junio. Julio, si acaso. Después llegó agosto.

Y como ocurre con las garantías extendidas, los contratos gubernamentales y las fechas de inauguración de algunas obras públicas, descubrimos que la fecha tenía letras pequeñas.

Johnny aclaró en agosto que el verano todavía no había terminado. Técnicamente tenía razón. Pasaron los días. Llegó septiembre. Volvieron las preguntas.

Y ahora resulta que el verano termina el 21 de septiembre.

Johnny no estaba hablando del verano escolar. Ni del verano vacacional. Ni siquiera del verano puertorriqueño, que comienza cuando uno guarda la última estampita de Semana Santa y compra la primera neverita para la playa.

No. Johnny nos salió astrónomo. Estamos hablando del verano astronómico.

Lo próximo será que el respaldo a Jenniffer dependa de la alineación de Júpiter con Saturno, que Mercurio salga del retrógrado y que Venus entre favorablemente en la casa de la Palma.

La escena tiene algo maravilloso porque Johnny Méndez es un cristiano confeso. Un hombre de fe. De oración. De esos que hacen ayunos de 40 días.

Pero aparentemente llegó un momento en que ni mirando hacia arriba en oración aparecía respuesta sobre cuándo este gobierno iba a enderezar.

Así que siguió mirando hacia arriba. Pero ahora buscando las estrellas. Uno puede imaginarlo abriendo la aplicación del horóscopo:

Aries: cuidado con decisiones fiscales.

Tauro:llegará una persona de tu pasado.

Géminis: evite conflictos laborales.

PNP: dele otra semana a la gobernadora.

Y aquí estamos.

Nuestro nuevo calendario político permite que el verano boricua comience prácticamente en Semana Santa. Después viene spring break, Memorial Day, graduaciones, vacaciones escolares, San Juan, 4 de julio, playa, chinchorreo, regreso a clases, Labor Day y, gracias a Johnny, seguimos en verano hasta casi finales de septiembre.

Seis meses. Medio año en chancletas.

Pero hay un pequeño problema para nuestro Galileo de la Cámara.

En 2026, el equinoccio de septiembre no ocurre el 21. Ocurre el 22 de septiembre.

Así que los astros le concedieron a Jenniffer un día adicional. Ni el universo quiere meterse en ese lío.

La gracia del asunto, por supuesto, no está en discutir cuándo cambia oficialmente una estación. Johnny puede decir 21, 22 o esperar a que baje la temperatura en Puerto Rico, con lo cual tendremos que discutir el asunto para 2037.

El verdadero problema es otro.

Cuando un político pone una fecha para evaluar resultados, esa fecha debería significar algo.

Si dijiste verano, dijiste verano. No puedes llegar a agosto, mirar el calendario, descubrir que todavía no tienes el valor de soltar la respuesta que querías dar y entonces contratar a Copérnico como asesor legislativo.

Porque mientras Johnny busca el equinoccio, aquí abajo siguen los mismos problemas.

Agua. Energía. Contratos cuestionados. Funcionarios que entran. Funcionarios que salen. Agencias que no funcionan. Y un gobierno que todavía pide tiempo para encaminar cosas que se suponía estuvieran encaminándose desde enero de 2025.

Ese era precisamente el sentido de ponerle una fecha.

Evaluar. Decidir. Decir: esto mejoró, esto no mejoró y estas son las consecuencias.

Porque de lo contrario aquello nunca fue un ultimátum. Fue una reservación flexible.

Y cuidado.

Porque Puerto Rico es especialista en extender temporadas. Después del verano vienen las Navidades en septiembre. Después Acción de Gracias. Después Navidad. Después Reyes. Después octavitas. Después la SanSe.

Y para cuando Johnny termine de analizar si Jenniffer enderezó el gobierno, podemos haber llegado nuevamente a Semana Santa. Entonces comienza otro verano.

Porque quizás el problema nunca fue saber cuándo termina el verano. Quizás el problema es que en la Palma, cuando llega la hora de tomar una decisión incómoda, siempre aparece una estación más para esperar.

Johnny pidió tiempo hasta el verano.

El verano llegó. El verano pasó.

Ahora estamos consultando los astros.

Y si para el 22 todavía no aparece la respuesta, tranquilos.

Siempre podemos esperar a los Reyes Magos.

Después de todo, en Puerto Rico las temporadas parece que no terminan. Se les concede prórroga.

Juan Luis Camacho, ex Secretario General del PPD, empresario, comunicador y analista político. (INDIARIO)

Juan Luis Camacho es empresario, comunicador, analista político y exsecretario general del Partido Popular Democrático. Ha trabajado en medios, gobierno y estrategia pública, con experiencia en comunicaciones, mercadeo, asesoría legislativa y asuntos públicos. Escribe sobre política, gobierno y temas de actualidad con un enfoque crítico, directo y orientado al interés público.