Norma Burgos regresó y resucita la Palma “Vintage”
A juicio del autor, Jenniffer González desempolva viejas figuras como preparativo para una guerra que sabe que no puede ganar.
Hay nombramientos que anuncian futuro. Otros parecen abrir una cápsula del tiempo.
El regreso de Norma Burgos a La Fortaleza pertenece claramente a la segunda categoría.
La gobernadora Jenniffer González escogió como secretaria de la Gobernación a una figura que representa una época completa del Partido Nuevo Progresista: aquella generación que dominó estructuras, municipios, Senado, alcaldías y aparato electoral desde finales de los noventa hasta bien entrada la década pasada.
Y Norma no regresa sola.
Con ella vuelve, simbólicamente, La Palma “Vintage”.
La Palma de Aníbal Vega Borges. La de Jorge Santini. La de Abel Nazario. La de Norma Burgos.
Nombres que parecían destinados a los libros de historia política, las tertulias y alguna foto de veteranos.
Pues no.
En 2026 están regresando del más allá político.
Norma: experiencia, pero con equipaje
Norma Burgos quizás sea el símbolo perfecto de esta restauración.
Ha sido presidenta de la Junta de Planificación, secretaria de Estado, senadora, candidata a alcaldesa de Caguas y comisionada electoral del PNP.
Experiencia le sobra.
Pero también equipaje.
Durante los noventa dirigió la Junta de Planificación en tiempos de controversias sobre desarrollo, permisos y planificación territorial. Temas que, como los pantalones bell-bottom, parecen haber vuelto a estar de moda.
Después llegó a Estado. Y desde allí dijo que los americanos llegaron a Guánica con instrumentos músicales en 1898, se burló de los estudiantes de la UPR y de los unionados de la Telefónica en huelga.
Luego quiso ser alcaldesa de Caguas.
Aquella campaña nos regaló una propuesta difícil de olvidar: una unidad acuática para patrullar los ríos de Caguas.
Caguas, por supuesto, no tiene costa.
Norma aclaró que nunca propuso una unidad “marítima”. Era “acuática”.
El océano seguía quedando igual de lejos.
Después llegó la Comisión Estatal de Elecciones.
Y allí la cosa dejó de ser graciosa.
Su hijo, Roberto Benítez Burgos, funcionario de la CEE, fue investigado por asuntos relacionados con asistencia, trabajo remoto sin permiso y pagos recibidos por horas no trabajadas. Años después, Ética Gubernamental le impuso una multa de $5,000 por cobrar por trabajo no realizado.
A Norma le tocaron sus propias controversias: el escándalo del chat del entonces presidente de la CEE, Rafael Ramos Sáenz; la batalla por la investigación de los vagones; el enfrentamiento con Thomas Rivera Schatz, quien llegó a pedir su renuncia; y un referido del Senado que posteriormente terminó archivado por el FEI.
Parecía el final.
Pero en la política puertorriqueña los retiros aparentemente vienen con una etiqueta de " tráelos de ser necesario".
El cementerio político tiene la verja abierta
Porque Norma no es un caso aislado.
Aníbal Vega Borges fue legislador y alcalde de Toa Baja. En 2016 perdió la primaria frente a Bernardo “Betito” Márquez y posteriormente renunció a la alcaldía.
Parecía el final de su era.
Terminó en la estructura electoral de Ricardo Rosselló y tuvo otro comeback con Jenniffer González. Hoy vuelve a custodiar la maquinaria electoral de La Palma.
De perder su municipio a contar los votos del partido.
Eso sí que es reciclaje.
Jorge Santini gobernó San Juan durante doce años y fue una de las figuras más poderosas del PNP, hasta que Carmen Yulín Cruz lo derrotó en 2012.
Una derrota de esas que no solamente te saca de la alcaldía: te cambia la biografía.
Hoy Santini es secretario general del PNP.
Y entonces está Abel Nazario.
Alcalde de Yauco durante dieciséis años. Senador. Una poderosa estructura política, aunque una pésima administración.
Su carrera terminó chocando con los tribunales federales. Fue acusado en dos casos diferentes y resultó convicto en ambos.
Para cualquier político aquello habría significado escribir las memorias y aprender dominó.
Pero estamos hablando de La Palma “Vintage”.
Jenniffer González lo incorporó nuevamente a tareas políticas y de organización.
Porque aparentemente existe una diferencia entre estar políticamente acabado y estar solamente descansando.
¿Renovación o tierra arrasada?
Vega Borges. Santini. Nazario. Burgos.
Una generación que tuvo su cúspide entre finales de los noventa y 2016.
Después llegó el supuesto relevo.
Caras nuevas. Discursos nuevos. Una nueva generación del PNP.
O eso pensábamos.
Porque resulta curioso que una gobernadora que llegó proyectándose como una nueva etapa termine buscando respuestas en el directorio telefónico de la vieja.
No es renovación, parece restauración.
Y quizás estamos mirando todo esto desde el ángulo equivocado.
Tal vez Jenniffer González no está reconstruyendo el PNP del futuro. Quizás está intentando atrincherarse en el PNP mientras ella esté.
Si la gobernadora ha comenzado a reconocer que su camino hacia la reelección cada día esta más lejos, entonces esta restauración adquiere otro significado.
Quizás no busca herederos. Busca soldados. Y estos veteranos conocen las trincheras. Saben organizar estructuras, contar votos, identificar lealtades y sobrevivir guerras internas.
Sobre todo, saben quién les volvió a abrir la puerta. Eso produce algo políticamente más valioso que juventud: lealtad.
Por eso quizás el problema no sea solamente que el PNP carezca de relevo generacional. Puede ser que el relevo ni siquiera sea conveniente para el trono.
Jenniffer conoce demasiado bien al PNP. Sabe que sus guerras más peligrosas rara vez vienen de la oposición. Vienen de adentro. Ella sabe como le voló la candidatura a Pierluisi, y sabe que le puede pasar igual.
Cuando el poder se debilita, los amigos descubren candidaturas, los aliados encuentran diferencias y los herederos aparecen hasta debajo de las piedras.
Así que quizás la estrategia sea sencilla: no fabricar príncipes, no crear sucesores y no darle demasiado oxígeno a nadie.
Ahí La Palma “Vintage” deja de parecer nostalgia.
Y comienza a parecer estrategia.
Santini regresó. Vega Borges regresó. Abel Nazario regresó. Norma Burgos regresó.
Quizás Jenniffer González no los trajo para construir el futuro.
Quizás los trajo porque no piensa entregarle el futuro a nadie.
Y si algún día concluye que ella no puede quedarse con la casa, entonces más de uno dentro del PNP debería mirar alrededor.
Porque quizás la habitación política ya está llena de gasolina.
Solo falta saber quién tiene los fósforos.

Juan Luis Camacho es empresario, comunicador, analista político y exsecretario general del Partido Popular Democrático. Ha trabajado en medios, gobierno y estrategia pública, con experiencia en comunicaciones, mercadeo, asesoría legislativa y asuntos públicos. Escribe sobre política, gobierno y temas de actualidad con un enfoque crítico, directo y orientado al interés público.




