Canadá el Primer Miembro Asociado de Europa - Opinión

La propuesta de una membresía asociada abre un debate sobre autonomía, comercio y el futuro de las relaciones transatlánticas.

Por Lcdo. Ángel Ortíz GuzmánOpinión|

El acercamiento político, económico y estratégico entre Canadá y Europa plantea una nueva relación transatlántica, mientras Ottawa busca diversificar sus alianzas más allá de Estados Unidos.
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La propuesta de convertir a Canadá en el primer “miembro asociado” de la Unión Europea marca un giro histórico en las relaciones internacionales. No se trata, al menos por ahora, de una solicitud de ingreso pleno ni de la incorporación de Canadá como un Estado europeo. Es, más bien, el intento de crear una nueva categoría de asociación política, económica y estratégica para un país democrático que comparte valores, intereses y preocupaciones con Europa, pero que pertenece geográficamente a América del Norte.

La iniciativa fue anunciada por Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, en un momento de profundas tensiones comerciales y geopolíticas. Europa busca fortalecer sus cadenas de suministro, desarrollar capacidades tecnológicas y militares, asegurar acceso a energía y minerales críticos y reducir vulnerabilidades frente a presiones externas. Canadá, por su parte, busca diversificar sus relaciones económicas y estratégicas, particularmente ante la incertidumbre que caracteriza sus vínculos con Estados Unidos.

El concepto de “miembro asociado” carece de una definición jurídica precisa. Desconocemos si permitirá a Canadá participar en determinados programas europeos, acceder de manera amplia al mercado único, colaborar en proyectos de defensa o intervenir en la elaboración de políticas comunes. Tampoco está claro si implicaría nuevas reglas sobre movilidad, investigación científica, inteligencia artificial, energía, ciberseguridad o comercio. Antes de hablar de una asociación consumada, será indispensable conocer el contenido del tratado, sus instituciones y el alcance de las obligaciones canadienses.

La diferencia entre asociación y membresía plena es fundamental. Canadá no tendría automáticamente derecho a voto en el Parlamento Europeo ni en el Consejo de la Unión. Tampoco adquiriría ciudadanía europea ni disfrutaría, por el solo hecho de la asociación, de libertad irrestricta para vivir y trabajar en todos los Estados miembros. En otras palabras, podría obtener acceso a ciertos beneficios sin participar plenamente en todas las decisiones que los regulan. 

La reacción de Donald Trump demuestra que la propuesta trasciende el ámbito comercial. El presidente estadounidense calificó de “ridícula” la posibilidad y amenazó con imponer aranceles o limitar el comercio con Europa si interpretaba el acuerdo como un acto hostil. Canadá, sin embargo, no retrocedió. El primer ministro Mark Carney afirmó que Canadá y Europa son “más fuertes juntos” y defendió el derecho de su país a establecer alianzas conforme a sus propios intereses.

La iniciativa, por tanto, no debe analizarse únicamente como un tratado comercial. Es también una declaración de autonomía. Para Canadá su seguridad económica y política no puede depender exclusivamente de un solo vecino, por poderoso que sea. Europa, entretanto, intenta demostrar que puede construir alianzas estratégicas sin convertirse en una potencia aislada.

El futuro de esta propuesta dependerá de los detalles. Si se convierte en una asociación balanceada, transparente y jurídicamente sólida, podría inaugurar un modelo novedoso de cooperación internacional. Por ahora, Canadá no es miembro de la Unión Europea. Pero la puerta que Bruselas abrió puede transformar la relación entre Europa y América del Norte.

Lcdo. Angel Ortíz Guzmán

Ángel Ortiz Guzmán es abogado y notario, egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana de Puerto Rico, donde obtuvo el grado de Juris Doctor. Posee además una Maestría en Artes en Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid, España, y un Bachillerato en Artes con concentración en Ciencias Políticas de la Universidad de Puerto Rico. A lo largo de su trayectoria ha publicado varios libros sobre la relación política entre Puerto Rico y Estados Unidos, así como sobre derecho notarial, además de decenas de escritos relacionados con el derecho, la legislación y la política puertorriqueña.