¿No es irónico cuando la vida nos cambia el plan de vuelo? - Opinión

La abogada Yesabel Prieto-Rosado reflexiona sobre un accidente aéreo y la importancia de investigar con rigor para prevenir nuevas tragedias.

Por Lcda. Yesabel PrietoOpinión|

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Para quienes crecimos escuchando la música de los noventa, hay una pregunta que todavía suena familiar: “Isn't it ironic? Don't you think?”. Alanis Morissette convirtió en canción esos giros de la vida que llegan sin pedir permiso. A veces los recordamos con una sonrisa. Otras, como esta semana, con un nudo en la garganta.

Un avión salió de Texas rumbo a las Bahamas. A bordo viajaban nueve personas, entre ellas una familia. Imagino, sin pretender conocer sus planes, la ilusión de cualquier viaje: una maleta cerrada a última hora, conversaciones pendientes, la expectativa de llegar. Pero el viaje nunca alcanzó su destino. La noticia del accidente ocurrido en el condado de Palm Beach, Florida, nos recordó cuán frágil puede ser aquello que damos por seguro.

Casualmente, pocos días antes había participado en Washington, D. C., en la conferencia sobre derecho de aviación de la American Bar Association. Me llevé mucho más que actualizaciones jurídicas. Escuché conversaciones profundas sobre la seguridad de los vuelos, las decisiones que toman sus operadores, los seguros que protegen a las personas y el reto de determinar responsabilidades cuando ocurre lo impensable. También sobre el papel creciente de la inteligencia artificial: una herramienta prometedora para anticipar riesgos, pero nunca una excusa para abandonar el juicio humano.

Uno de los temas que más me marcó fue la causalidad. En palabras sencillas, investigar un accidente no consiste en buscar una sola pieza y declararla culpable. Consiste en entender cómo se relacionan el ambiente, la aeronave, las decisiones, la preparación y, a veces, varios factores simultáneos. En el mundo real, casi nada sucede aislado.

Escuchar en un mismo espacio a especialistas que representan familias, aerolíneas, fabricantes y aseguradoras fue especialmente revelador. Sus perspectivas no siempre coinciden, pero todos deben enfrentarse a una realidad: detrás de cada vuelo hay decisiones pequeñas cuya importancia solo se aprecia cuando algo falla. Salí de aquellas conversaciones pensando que el conocimiento jurídico también debe servir para prevenir, no únicamente para reclamar.

Por eso, al comentar este accidente en los medios, pensé también en algo que desde tierra puede pasar inadvertido: el cielo tiene sus propios procesos. Una nube de tormenta no es simplemente una mancha oscura en el horizonte. A medida que se desarrolla, puede alcanzar una etapa particularmente intensa, en la que corrientes de aire ascienden y descienden con fuerza. Para un avión que encuentra ese entorno, las condiciones pueden cambiar dramáticamente. ¿Pudo la aeronave quedar envuelta en una de estas formaciones justo cuando alcanzaba su fase más crítica? Es una posibilidad meteorológica que merece examinarse con rigor, no una conclusión. La investigación tendrá que establecer qué ocurrió y cómo se combinaron, o no, los distintos factores.

Me preocupa la rapidez con que, después de una tragedia, convertimos sospechas en sentencias. Una imagen breve no explica una secuencia compleja. Y respetar a las víctimas significa también conceder espacio a la evidencia. No necesitamos opinar primero; necesitamos aprender mejor.

Entre tantas conversaciones en Washington, hubo una enseñanza que permaneció conmigo: la seguridad no es producto de la casualidad, sino de un esfuerzo constante, muchas veces invisible. Detrás de cada vuelo existen personas que estudian, supervisan, toman decisiones y trabajan para que otros puedan llegar a su destino. Quizás nunca conozcamos sus nombres, pero su labor nos recuerda que los avances más importantes no siempre son los que nos permiten volar más alto, sino aquellos que nos ayudan a regresar a casa.

Tuve la oportunidad de detenerme frente a la sede de la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte, conocida como NTSB por sus siglas en inglés, durante aquel viaje. Hoy pienso menos en el edificio que en la tarea de quienes buscan convertir hallazgos en recomendaciones capaces de salvar vidas. Ahí encuentro una razón para mirar hacia adelante.

Y regreso a la canción. Tal vez la ironía más grande sea que, mientras aprendemos a volar más alto y a construir máquinas más inteligentes, todavía necesitamos recordar lo esencial: la vida se cuida con humildad, preparación y respeto por la verdad.

No podemos garantizar que cada viaje termine según nuestros planes. Pero sí podemos procurar que cada lección haga más seguro el próximo despegue. Esa, más que la ironía, es la esperanza que quiero conservar.

Lcda. Yesabel Prieto

La Lcda. Yesabel Prieto-Rosado es abogada litigante y notaria en Puerto Rico, con más de 15 años de experiencia en litigación civil ante los tribunales de Puerto Rico y el Tribunal Federal para el Distrito de Puerto Rico. Su práctica profesional abarca diversas áreas del derecho, entre ellas daños y perjuicios, derecho de aviación, derecho de familia y asuntos corporativos. A través de su ejercicio profesional, promueve una orientación legal clara y accesible, enfocada en la defensa de los derechos y las necesidades de sus clientes.