Ciudad Gótica tenía a Batman… ¿y nosotros, a quién tenemos? - Opinión
La Lcda. Yesabel Prieto reflexiona sobre la desconfianza en las instituciones y por qué ninguna injusticia justifica tomar la ley por cuenta propia.
Por Lcda. Yesabel Prieto|Opinión|
En ocasiones, observo nuestra realidad puertorriqueña y encuentro cierto parecido con Ciudad Gótica, aquella ciudad ficticia marcada por la criminalidad, la corrupción, la violencia y la desesperanza. Un lugar donde las instituciones pierden credibilidad, la palabra empeñada parece carecer de valor y sus habitantes viven entre la incertidumbre y la desconfianza.
Las diferencias son evidentes, pero algunas semejanzas merecen reflexión.
En Puerto Rico enfrentamos inestabilidad política, cuestionamientos sobre el liderazgo gubernamental, dificultades económicas, servicios esenciales deficientes y un costo de vida que obliga a muchas familias a vivir haciendo malabares para cumplir con sus responsabilidades. A ello se suma la frustración de quienes sienten que las instituciones no responden cuando más las necesitan.
Cuando perdemos la confianza en quienes deben proteger nuestros derechos, comenzamos también a cuestionar los mecanismos establecidos para hacerlos valer.
Sin embargo, Ciudad Gótica tenía algo que nosotros no tenemos: Batman, aquel superhéroe que aparecía cuando las autoridades no lograban controlar el caos. Si pensamos en un personaje más cercano a nuestra cultura, tampoco contamos con el Chapulín Colorado, quien llegaba al rescate de los necesitados con su inolvidable expresión: “¡No contaban con mi astucia!”.
Nuestra realidad es menos cinematográfica. No vendrá un superhéroe a rescatar nuestras finanzas, recuperar el fruto de años de sacrificio, reparar una traición ni devolvernos aquello que sentimos que injustamente nos arrebataron.
Y es que detrás de una pérdida económica puede haber mucho más que dinero. Puede estar el esfuerzo de toda una vida, los ahorros de una familia, una ilusión compartida o la esperanza de alcanzar un futuro mejor. Comprendo que cuando esas expectativas se derrumban, también pueden quebrantarse nuestra tranquilidad y nuestra confianza en los demás.
Pero comprender el dolor no significa justificar cualquier reacción.
Desde mi perspectiva como abogada, me preocupa la facilidad con la que podemos confundir sentirnos agraviados con tener jurídicamente la razón. Una inversión desafortunada, una promesa incumplida o una controversia económica pueden generar reclamaciones legítimas, pero corresponde al ordenamiento jurídico determinar sus consecuencias.
Nuestra Constitución, en su Artículo II, Sección 7, reconoce como derechos fundamentales la vida, la libertad y el disfrute de la propiedad, además de garantizar el debido proceso de ley. Son garantías que protegen nuestra convivencia y establecen límites frente al ejercicio arbitrario del poder.
Tener derecho a reclamar no equivale a tener derecho a castigar. Tampoco nuestras pérdidas nos conceden autoridad para convertirnos en jueces de nuestras propias controversias.
He aprendido que en la vida hay momentos en que ganamos y otros en los que aprendemos. La resiliencia no consiste en negar el sufrimiento ni resignarnos ante una injusticia. Consiste en encontrar la fortaleza para levantarnos, reclamar lo que en derecho corresponde y continuar adelante sin permitir que la desesperación gobierne nuestras decisiones.
No pretendo idealizar nuestro sistema judicial. Conozco sus demoras, costos y dificultades. Sé que detrás de muchos expedientes existen personas agotadas que esperan respuestas. Precisamente por ellas debemos exigir instituciones más eficientes y accesibles, sin permitir que la violencia sustituya los procesos legales.
Cuando cada ciudadano decide cuáles leyes respetar y cuáles ignorar según su conveniencia, ponemos en riesgo el Estado de Derecho. Una sociedad donde cada cual impone su propia justicia termina dejando a todos desprotegidos.
Creo firmemente en un Puerto Rico de ley y orden, donde la palabra empeñada, la responsabilidad individual y las garantías constitucionales tengan verdadero significado.
Nos corresponde ser los superhéroes de nuestras propias vidas y familias. No porque podamos resolverlo todo, sino porque nuestras decisiones también determinan el bienestar de quienes dependen de nosotros.
Al final del día, quizás no tengamos un Batman ni un Chapulín Colorado que venga a salvarnos. Pero tenemos nuestra capacidad de actuar con inteligencia, resiliencia y respeto por la ley.
Porque el verdadero heroísmo comienza cuando, aun teniendo razones para indignarnos, decidimos no convertirnos en aquello que tanto criticamos.
Nota editorial: Las referencias a personajes y lugares ficticios se utilizan exclusivamente con fines ilustrativos y de comentario jurídico y social. Los derechos sobre dichos personajes pertenecen a sus respectivos titulares. Esta publicación es independiente y no implica patrocinio, autorización ni respaldo por parte de estos.

La Lcda. Yesabel Prieto-Rosado es abogada litigante y notaria en Puerto Rico, con más de 15 años de experiencia en litigación civil ante los tribunales de Puerto Rico y el Tribunal Federal para el Distrito de Puerto Rico. Su práctica profesional abarca diversas áreas del derecho, entre ellas daños y perjuicios, derecho de aviación, derecho de familia y asuntos corporativos. A través de su ejercicio profesional, promueve una orientación legal clara y accesible, enfocada en la defensa de los derechos y las necesidades de sus clientes.
