La pregunta es, ¿quién mató al periódico? - Opinión
El autor examina a los sospechosos detrás de la muerte del periódico impreso y plantea qué debe sobrevivir cuando desaparezcan el papel y la tinta.
Por José Bretón Martínez|Opinión|
Hay homicidios que ocurren de repente, pero hay asesinatos (por la intención) que se tardan años y este es el caso del periodico impreso y convencional como lo conocemos.Esta semana, Puerto Rico será testigo de una muerte que recordaremos por muchos años. El Periodico Primera Hora publicó su última edición impresa ayer 24 de septiembre del año 2026 y El Nuevo Día hará lo propio el próximo 27 de septiembre, ambos pasarán a publicar exclusivamente en plataformas digitales.Eso nos lleva a preguntarnos lo siguiente: ¿Quién mató al periodico?No busco señalar a un culpable con el dedo, quizá no exista precisamente uno, pero el periodico fue sin duda una víctima de muchas cosas y es posible que hayamos sido cómplices sin darnos cuenta.Sospechoso número uno: El teléfono. Durante décadas, había que esperar al día siguiente la edición de la mañana para obtener los detalles de lo que ya se sabía que había ocurrido el día anterior, esperar el noticiero, esperar el boletín noticioso de la radio. Hoy tenemos acceso a la brevedad de un toque, no esperamos nada, la notificación nos avisa. Una noticia ocurre en Washington y en segundos la sabemos en San Juan. ya no tenemos que esperar al día siguiente, porque el teléfono nunca cierra su edición, trabaja las 24 horas. El periodico tenía la ventaja de la rutina, pero la desventaja de la conexión. El teléfono quizá no mató al periodico, pero le arrebató el monopolio de nuestra atención.Sospechoso número dos: Las redes sociales. Aquí nos ponemos más técnicos, Facebook, Instagram, X, Tik Tok y otras plataformas cambiaron la relación con las noticias. Antes había que ir por las páginas buscando información, ahora aparece de golpe frente a nosotros. Lo positivo que tenía el periodico es que las noticias estaban allí porque alguien había decidido que eran importantes. Las redes son de contenido y las noticias se colocan por algoritmos para mantener la atención. Esto le da vida a un mal, un modelo diferente, lo importante no es leer, es estar conectado, con consecuencias enormes para el periodismo.Sospechoso número tres: La publicidad. La menos visible, pero es la que trae el dinero. La publicidad se mudó al mundo digital y dejando a los Clasificados indefensos ante sus victimarios y a los cómplices anunciantes. El problema es que producir noticia, investigar y hacer preguntas cuesta dinero. En internet, el internauta crea la noticia y nadie está dispuesto a pagar por el periodismo que los lectores necesitamos.Sospechoso número cuatro: Tu, yo, nosotros. Los sospechosos difíciles de mirar, porque somos los lectores. Hemos cambiado nuestros hábitos; dejamos de esperar, dejamos de comprar calidad, empezamos a leer en el teléfono, empezamos a compartir titulares sin leer las historias y empezamos a esperar que todo ocurriera rutinariamente. Cuando una costumbre deja de tener seguidores no necesita asesino, pero agoniza lentamente.Hay un último sospechoso, el tiempo: Con lo acelerados que vamos, queremos ver la noticia en 30 segundos, los resúmenes en un minuto, los videos de no más de 45 segundos, la explicación en un párrafo y el titular que predomine sobre todas las cosas.En este expediente tenemos una contradicción. Nunca habíamos tenido tanta información ni al mismo tiempo, pero al parecer, con menos tiempo para procesarla. Se murió el periodico y consigo algo que es un lujo, la pausa. Sentarse a leer el periodico con un café en la mañana, encontrar una noticia que no se buscaba y sucumbir a ella por la opinión de quien escribe.Después de revisar la escena, no parece haber autor material único. Quizá fue alguno de los sospechosos el autor intelectual, pero la velocidad de la vida moderna afecta rápidamente nuestra vida y por eso ahora considero en buscar un solo culpable. Sucede que con su desaparición perdemos el papel, pero un archivo, una rutina, una forma de presentar un pueblo (quizás diferente) cada mañana, una posible portada histórica o una columna provocativa, que son cosas que realmente tienen valor. Digo lo anterior sin romantizar el papel, sería un fundamento efímero presentar ante el tribunal una historia nostálgica defendiendo la impresión.Al final, nadie mató al periódico y ahora le corresponde al periodismo comparecer bajo juramento y hacer compromiso en que aunque cambie el papel, la tinta o se utilice cualquier arma homicida, hay algo que vale la pena conservar: la necesidad de saber la verdad.

José R. Bretón es asesor político y legislativo en la Cámara de Representantes, con experiencia en asuntos públicos, comunicación y participación ciudadana. Con trayectoria particularmente en el ámbito de la política pública y el servicio público, participando en iniciativas relacionadas con legislación, asuntos comunitarios y proyectos dirigidos a la juventud.




