Jenniffer y María Antonieta: la desconexión del poder
Mientras Puerto Rico carga cubos y sobrevive a apagones, en el poder abundan las fiestas, los recaudos y las viejas caras de siempre.
A María Antonieta le adjudicaron una de las frases más famosas —y probablemente más falsas— de la historia.
Cuando le dijeron que el pueblo francés no tenía pan, supuestamente respondió:
“Que coman pastel”.
Los historiadores coinciden en que probablemente nunca lo dijo. Tampoco aquella frase provocó la Revolución Francesa. Francia tenía una crisis fiscal, hambre, desigualdad, escasez de alimentos y una monarquía que parecía vivir en otro planeta.
Pero la frase sobrevivió porque resumía algo mucho más poderoso que una cita textual: la desconexión entre quien gobierna y quien pasa necesidad.
Dos siglos después, Puerto Rico parece estar produciendo su propia versión tropical.
Aquí el pueblo no pregunta por pan. Pregunta por agua.
Y mientras algunos cargan galones, compran cisternas, llenan cubos y calculan cuándo podrán bañarse nuevamente, desde el gobierno la explicación favorita parece ser que todo comenzó con la sequía. Conveniente.
Porque la sequía llegó recientemente, pero el agua llevaba tiempo sin llegar.
Associated Press reportó que miles de puertorriqueños sufrían interrupciones hasta un año antes del actual racionamiento y que problemas ajenos a la sequía ya habían provocado reclamos por falta de mantenimiento e infraestructura. Hoy más de 180,000 abonados enfrentan ciclos de hasta 48 horas sin servicio.
O sea: la sequía podrá explicar por qué Carraízo bajó, pero no explica por qué la administración del agua también se secó.
Y por si fuera poco, cuando el ciudadano logra abrir la pluma y sale agua, puede ocurrir que se vaya la luz.
Ahí entraba la otra gran promesa. La famosa generación temporera.
Aquella solución anunciada como parte de la respuesta urgente para estabilizar el sistema eléctrico terminó convertida en otro episodio que Puerto Rico conoce demasiado bien: contrato multimillonario, preguntas, documentos cuestionados, compañías que dicen que no participaron y, finalmente, referidos.
El viernes, la Junta de Supervisión Fiscal revocó su aprobación al contrato de $5,900 millones relacionado con Power Expectations y ordenó a la Autoridad de Energía Eléctrica terminarlo. La decisión llegó después de que Enchanted Rock asegurara que no participaba del proyecto y que su nombre y firma habían sido utilizados sin autorización. La Junta también refirió el asunto a las autoridades pertinentes, aunque aclaró que no estaba adjudicando la controversia entre las compañías.
Así que el generador que venía a acabar con los apagones terminó necesitando que alguien le prendiera la luz al expediente.
Magnífico.
Tenemos un país sin agua, con un sistema eléctrico tambaleándose y con uno de los grandes remedios energéticos del gobierno convertido en material de investigación.
¿Y qué hace nuestra versión boricua de Versalles?
Fundraising. No uno. Dos.
La gobernadora Jenniffer González programó dos actividades para recaudar fondos alrededor de la celebración de sus 50 años. La primera, este 15 de agosto en el Fairmont El San Juan Hotel, con entrada VIP de $2,500 por persona. La segunda será el 22 de agosto en el Caribe Hilton, a $250 por cabeza. Su comité espera recaudar $1.5 millones entre ambas.
No critico que una persona celebre su cumpleaños. Cumplir años sigue siendo preferible a la alternativa. Tampoco es ilegal recaudar fondos.
Pero en política hay algo llamado sentido del momento.
Y la fotografía es sencillamente deliciosa:
Mientras una familia llena cubos porque mañana le toca quedarse sin agua, la invitación política dice vestimenta elegante.
Mientras un comerciante calcula cuánto le cuesta operar una planta eléctrica, alguien calcula cuántos cheques de $2,500 caben en un salón del Fairmont.
María Antonieta tenía su pastel.
Nosotros tenemos el cóctel de recaudación.
Que el pueblo no tiene agua.
Que beban vino.
Pero tal vez la parte más fascinante de esta monarquía tropical no sean las fiestas, sino la búsqueda de soluciones.
Porque cuando parecía que el país reclamaba caras nuevas, capacidad técnica, gerencia moderna y una administración capaz de ejecutar, comenzaron a desfilar nombres que producen una sensación extraña de déjà vu.
A eso lo llamé la "Palma Vintage". Norma Burgos regresó ahora como secretaria de la Gobernación. Jorge Santini volvió hace tiempo al primer plano partidista como secretario general del PNP. Carlos Pesquera reaparece en la discusión pública. Aníbal Vega Borges volvió como Comisionado Electoral. Y Abel Nazario, exalcalde de Yauco y exsenador, también reapareció alrededor del proyecto político de González, pese a cargar con un expediente federal que incluye condenas por declaraciones falsas, fraude electrónico y posteriormente una admisión de conspiración para malversar fondos municipales.
Aquello del supuesto banco de ocho mil resumés parece que tenía un problema con el botón de “buscar candidatos nuevos”.
La administración prometía futuro y terminó abriendo el álbum de graduación. Uno mira la alineación y se pregunta si estamos en el 2026 o si Telemundo está transmitiendo una repetición política del 2004.
Y mientras se reorganiza "la corte de María Antonieta", el gabinete sigue pareciendo un mueble que llegó de fábrica con las piezas equivocadas.
Decían que sería hecho a la medida. Pero parece que el ebanista midió mal. Una puerta no cierra. Una gaveta sobresale. Una pata cojea. Y cada dos semanas aparece alguien con un destornillador anunciando una nueva reorganización.
El problema para Jenniffer González no es María Antonieta. Ni siquiera son los vestidos, los hoteles o las recaudaciones. El problema es el símbolo que resulta parecerse a ella.
María Antonieta terminó representando históricamente a una élite incapaz de comprender cuánto había cambiado la realidad fuera del palacio. La famosa frase del pastel probablemente fue inventada, pero sobrevivió porque el pueblo francés podía creer que alguien dentro de Versalles era capaz de decirla. Ese es el verdadero peligro político. No que Jenniffer González diga alguna vez “que beban vino”. Es peor. Que llegue un momento en que Puerto Rico pueda creer perfectamente que lo dijo.
Porque cuando el pueblo abre la pluma y no sale agua, prende el interruptor y no hay luz, escucha hablar de contratos cuestionados, observa desfilar nuevamente a los políticos de hace veinte años y entonces prende el televisor para encontrarse con imágenes de una recaudación VIP de $2,500… ya no hace falta inventar la frase. El cuadro habla solo.

Juan Luis Camacho es empresario, comunicador, analista político y exsecretario general del Partido Popular Democrático. Ha trabajado en medios, gobierno y estrategia pública, con experiencia en comunicaciones, mercadeo, asesoría legislativa y asuntos públicos. Escribe sobre política, gobierno y temas de actualidad con un enfoque crítico, directo y orientado al interés público.




