Eliezer y Gallo: el insulto como negocio - Opinión
El insulto no es un accidente, es el producto. Y los medios, sin querer, lo están financiando.
Por Danny "El Machete" Hernández|Opinión|
En mi oficio hay una regla que se aprende temprano: el que grita más fuerte no siempre tiene la razón, pero casi siempre se lleva la atención. En Puerto Rico hay dos personajes que se la saben de memoria. Uno es senador electo y el otro es un creador de contenido que se hace llamar Gallo The Producer. Ambos trabajan con el mismo libreto. Y cuando uno lleva años en las relaciones públicas, un libreto se reconoce de lejos.
El libreto
Son tres pasos. Siempre los mismos.
Primero, se busca a quién atacar. Un policía, un periodista, un funcionario. Da igual. Lo que importa es que haya conflicto, porque el conflicto es noticia. En octubre de 2025, en plena calle Fortaleza, el senador Eliezer Molina la emprendió contra policías. El propio Senado lo multó con $1,000 y le ordenó recibir apoyo psicológico (El Nuevo Día, 7 de abril de 2026). En julio de este año, Gallo The Producer se le paró de frente a un policía municipal en el Viejo San Juan y lo insultó, le gritó y lo retó (Primera Hora, 1 de septiembre de 2026).
Segundo, se cruza la raya a propósito. Criticar no vende; escandalizar, sí. En agosto se radicó una querella ética contra el senador (Metro Puerto Rico, 24 de agostode 2026) por comentarios de doble sentido sobre un torneo de pelota de niños y por generalizaciones contra los dominicanos. Lo repito: niños. Y quien habla es un senador. Gallo, por su parte, ha hecho de la provocación, la insinuación de tono sexual (video difundido por TuNoticiaPR en Facebook) y la pelea parte fija de su contenido, incluidos encontronazos con la prensa (El Calce, 6 de agosto de 2026) que las cámaras grabaron de principio a fin.
Tercero, se cobra. Cada grito se convierte en vistas; cada insulto, en comentarios; cada escándalo, en alcance. En mi profesión eso tiene nombre: métricas de interacción. El algoritmo no premia la verdad ni el respeto. Premia la reacción. Y nada provoca más reacción que una falta de respeto.
Ese alcance tiene precio, y no lo digo yo. En su informe financiero como senador, Eliezer Molina declaró un ingreso bruto de $39,350 por monetizar su canal de YouTube (Centro de Periodismo Investigativo, 19 de mayo de 2026). Es un ingreso legal y declarado, y lo informó. Pero confirma que el libreto, el escándalo, además de votos genera un cheque. En el caso del creador de contenido, las vistas son el negocio entero: monetización, auspicios y eventos.
Y cuando llegan las consecuencias, se pide perdón. En manejo de crisis sabemos que una disculpa a tiempo cuesta poco y rinde mucho. El cargo contra Gallo se archivó despuésde que se disculpó con el policía. El senador ya les había pedido perdón a los periodistas el día de su juramentación y prometió cambiar el tono. Lo que ha pasado desde entonces ya lo sabemos.
El insulto no es un accidente, es intencional.
Estar harto no es licencia
Estos personajes le hablan a un público cansado. Cansado del apagón, de la factura de la luz, del hospital sin especialista, del político que promete y desaparece. Ese hartazgo es real, y lo entiendo. Pero no todo el mundo se atreve a gritarle a un policía o a burlarse de alguien frente a una cámara. Entonces aparece quien lo hace por ellos, y el público no aplaude la idea pero aplaude el desahogo.
Por eso no me trago la excusa de siempre, esa de que “el pueblo está harto del gobierno”. Estar harto no le da a nadie permiso para faltarle el respeto a un policía que está trabajando, para hacer chistes de doble sentido contra menores ni para tratar a una reportera como un objeto. Cuando dejamos que el cansancio lo justifique todo, lo que se normaliza no es la protesta. Es la grosería.
A mis colegas de la prensa
Ahora viene la parte incómoda, y la digo con respeto, porque trabajo con ustedes todos los días.
Cuando un medio publica el grito sin decir que es inaceptable, se convierte en socio del negocio. Un titular como “Se formó el revolú” no informa, promociona. Le regala al protagonista lo único que anda buscando, que son más ojos, y algo todavía más peligroso, legitimidad. Si sale en las noticias, parece que importa. Y si importa, pareceque está bien.
En relaciones públicas a eso le llamamos medios ganados; la cobertura por la que nadie paga y que vale más que cualquier anuncio, porque viene con el sello de credibilidad del medio. Estos personajes la consiguen gratis, todos los días, a fuerza de gritos.
No pido censura. Pido criterio editorial, y ese criterio se puede poner en práctica:
1. No titular con su lenguaje. Se describe la conducta; no se repite el insulto.
2. Señalar la conducta en la misma nota. Si hubo una falta de respeto, se dice en el artículo, sin dejarlo a la interpretación.
3. No reproducir el video completo como entretenimiento. Un fragmento basta para informar. El video entero, en loop, es promoción gratis.
Parejo para todos
Lo digo sin rodeos: la falta de respeto es inaceptable venga de donde venga.
Pero no estoy pidiendo que se calle a nadie. Pido que el público entienda que cada vista es un voto de apoyo. Y pido que los que hicieron del grito un negocio sepan que este país no está obligado a comprárselo.

Daniel Hernández es asesor de comunicaciones por más de 25 años y fundador de la agencia 90 Grados.




