OPINIÓN: La crisis más peligrosa de Puerto Rico ocurre dentro del hogar
El asesor de Asuntos Públicos, Ralyant Oxíos, señala la importancia del hogar en la formación de la sociedad
Por Ralyant Oxios|Opinión|
Puerto Rico atraviesa uno de los momentos más difíciles de su historia reciente. La criminalidad aumenta, los asesinatos vuelven a ocupar titulares constantemente, la intolerancia crece, la salud mental de nuestra gente se deteriora y vivimos en una sociedad cada vez más agresiva, más vacía y más desconectada.
Y aunque muchos intentan reducir el problema únicamente a la economía, a la política pública o a la seguridad, la realidad es mucho más profunda.
La raíz de nuestra crisis es la destrucción de la familia.
Porque cuando una sociedad pierde el respeto por el hogar, eventualmente pierde el respeto por la vida, por la autoridad, por el prójimo y por sí misma.
Durante años se atacó el concepto de familia tradicional y se comenzó a normalizar el padre ausente, la madre criando sola, los matrimonios desechables y hogares rotos donde las nuevas generaciones crecieron sin dirección, sin estabilidad emocional y muchas veces sin ejemplos correctos de amor, compromiso y sacrificio.
Y hoy estamos viviendo las consecuencias.
¿Qué hacemos con el niño que nunca vio a su padre tratar con amor y caballerosidad a su mamá?
¿Qué hacemos con la niña que nunca vio a una madre honrar y cuidar a su esposo?
¿Qué hacemos con generaciones enteras creciendo sin estructura, sin presencia paternal y sin fundamentos espirituales?
Entonces nos sorprendemos cuando vemos jóvenes llenos de ira, relaciones destruidas, falta de empatía, violencia desmedida y una sociedad donde cada vez hay menos tolerancia y menos amor entre nosotros.
La Palabra de Dios lo establece claramente:
“Por eso el hombre deja a su padre y a su madre, y se une a su mujer, y los dos se funden en un solo ser.”
Génesis 2:24.
Ese siempre fue el diseño. La familia como fundamento de la sociedad.
No la economía.
No la política.
No siquiera la seguridad pública.
La familia.
Porque cuando el hogar está firme, la nación también lo está.
Y lo más peligroso de todo esto es que las fallas familiares se convierten en cadenas generacionales. Hijos que repiten lo que vieron. Relaciones que fracasan porque nunca aprendieron a amar correctamente. Personas buscando afuera lo que nunca recibieron dentro de su hogar.
Pero yo sí creo que hay esperanza.
Y la esperanza está en una generación que se está levantando cansada del vacío moderno, cansada de relaciones superficiales y cansada de una sociedad que intentó convencerlos de que la familia ya no importa.
Yo veo una Generación Z que, contrario a muchos estereotipos, está comenzando a buscar a Dios, a valorar el matrimonio, a querer construir familia y a desafiar el “status quo” que destruyó tantos hogares en generaciones anteriores.
Mientras muchos pensaban que las nuevas generaciones abandonarían completamente los valores, hoy vemos jóvenes buscando propósito, estabilidad, paternidad responsable y amor genuino.
Y yo le tengo mucha fe a mi generación.
Creo que Puerto Rico volverá a ver luz económica, paz social, mayor tolerancia y seguridad cuando volvamos a construir hogares saludables, matrimonios firmes y familias fundamentadas en principios, valores y en Dios.
Porque ningún gobierno puede sustituir el trabajo de un padre presente.
Ninguna política pública puede reemplazar el amor de una madre.
Y ninguna sociedad sobrevivirá mucho tiempo si pierde el valor de la familia.
Todavía estamos a tiempo de reconstruir el fundamento.




