Procrastinar no es pereza: nueve perfiles y salidas
Un investigador de Cambridge sostiene que posponer tareas responde a miedos, perfeccionismo, distracción, rebeldía o agotamiento.
Por Redacción InDiario|Salud y Bienestar|
Dejar para mañana el informe pendiente, ignorar por varios días un correo complicado o esperar hasta el último momento para pagar una factura no siempre responde a vagancia, irresponsabilidad o falta de disciplina.
Detrás del conocido “después lo hago” puede esconderse una lucha psicológica entre el deseo de completar una tarea y el impulso de escapar, aunque sea temporalmente, de la incomodidad que provoca comenzarla.
El investigador Itamar Shatz, científico social vinculado a la Universidad de Cambridge, identificó nueve perfiles de personas que procrastinan. La clasificación forma parte de su próximo libro, Solving Procrastination: The Science of Why We Put Things Off and How to (Finally!) Stop, cuya publicación está prevista para el 25 de agosto. Su propuesta se basa en la revisión y síntesis de cientos de investigaciones sobre psicología, conducta y toma de decisiones.
Los perfiles no constituyen diagnósticos médicos ni categorías rígidas. Una misma persona puede exhibir características de varios tipos, dependiendo de la tarea, el entorno, su estado emocional o el momento de su vida.
Una batalla por evitar el malestar
Shatz plantea que la procrastinación no debe entenderse únicamente como un problema de organización del tiempo. En muchos casos, posponer una responsabilidad funciona como una estrategia inmediata para evitar miedo, aburrimiento, inseguridad, cansancio o frustración.
La tarea no desaparece, pero la persona obtiene un alivio momentáneo al sustituirla por una actividad más agradable o menos exigente. El problema es que esa tranquilidad suele durar poco y puede ser reemplazada posteriormente por culpa, presión y estrés.
Investigaciones independientes han encontrado una asociación entre la procrastinación habitual, mayores niveles de estrés y conductas menos saludables. Un metaanálisis publicado en 2025, que examinó 88 estudios y más de 63,000 participantes, encontró una relación moderada entre la procrastinación y emociones negativas como ansiedad, depresión y estrés. Esa relación no significa que procrastinar sea la única causa de esos problemas, pero confirma que el hábito puede formar parte de un ciclo emocional perjudicial.
Los nueve perfiles
El preocupado
Es quien piensa tanto en todo lo que podría salir mal que termina paralizado. Puede conocer perfectamente la fecha límite y comprender la importancia de la tarea, pero el miedo a equivocarse le impide comenzar.
Para este perfil, la recomendación es identificar concretamente qué provoca temor, dividir el trabajo en pasos pequeños y sustituir la pregunta “¿qué pasa si fracaso?” por “¿cuál es la primera acción que puedo completar?”.
El pesimista
Antes de comenzar, ya está convencido de que no podrá hacerlo bien. Subestima sus capacidades y considera inútil invertir esfuerzo en una tarea que, según anticipa, terminará mal.
Shatz propone reforzar la confianza mediante metas alcanzables, reconocer experiencias anteriores en las que se lograron resultados positivos y buscar apoyo de personas capaces de ofrecer orientación sin aumentar la presión.
El perfeccionista
No acepta resultados intermedios, errores o borradores. Si el trabajo no puede quedar impecable, prefiere no empezarlo o espera hasta sentir que existen las condiciones perfectas.
El perfeccionista debe aprender que avanzar con imperfecciones es más productivo que permanecer inmóvil. Preparar una primera versión, aunque necesite correcciones, permite reducir la ansiedad y convertir una idea abstracta en algo que puede revisarse y mejorarse.
El soñador
Dedica tiempo a imaginar el resultado final, el reconocimiento o el éxito, pero no transforma esas aspiraciones en acciones concretas.
El problema no es tener ambiciones, sino utilizar la fantasía como sustituto de la ejecución. Para este perfil, los objetivos deben convertirse en tareas observables: hacer una llamada, redactar una página, completar un formulario o separar una hora específica para comenzar.
El errático
Comienza una actividad, la abandona para atender otra y luego se distrae con una tercera. Puede permanecer ocupado durante horas sin completar aquello que realmente era prioritario.
Este perfil necesita estructura: una meta específica, una lista limitada de pasos y un ambiente con menos interrupciones. Apagar notificaciones, cerrar aplicaciones innecesarias y utilizar periodos definidos de concentración puede evitar que la atención salte constantemente de una tarea a otra.
El rebelde
Pospone tareas como una forma indirecta de recuperar control. Puede resistirse a una instrucción porque proviene de un jefe, un profesor, un familiar o cualquier figura que perciba como dominante.
Aunque la demora puede producir una breve sensación de autonomía, el daño suele recaer sobre la propia persona. La estrategia consiste en identificar razones personales para actuar, separar el beneficio propio de la persona que dio la orden y decidir conforme a metas individuales, no únicamente como reacción a la autoridad.
El buscador de emociones
Asegura que trabaja mejor bajo presión y espera deliberadamente hasta que el plazo está por vencer. La urgencia le proporciona adrenalina y una intensidad que no siente cuando dispone de suficiente tiempo.
Sin embargo, depender constantemente de la presión aumenta la posibilidad de cometer errores, entregar trabajos incompletos o encontrarse con imprevistos imposibles de resolver. Una alternativa es establecer fechas límite parciales y crear pequeños retos que generen dinamismo sin poner en riesgo el resultado final.
El hedonista
Prefiere la recompensa inmediata: revisar las redes sociales, ver una serie, jugar, conversar o realizar cualquier actividad más placentera que la responsabilidad pendiente.
Para combatir este patrón, Shatz recomienda reducir las tentaciones del entorno y añadir incentivos a la tarea. La persona puede reservar una actividad agradable como recompensa después de completar un paso específico, en lugar de disfrutarla antes y confiar en que posteriormente tendrá voluntad suficiente para trabajar.
El agotado
No posterga porque carezca de interés, sino porque se encuentra física o mentalmente exhausto. Puede haber trabajado demasiado, dormido poco o permanecido durante mucho tiempo en un entorno estresante.
En este caso, añadir más presión podría empeorar el problema. La prioridad debe ser el descanso, el sueño, la recuperación y, cuando sea posible, una redistribución de responsabilidades. El agotamiento no se resuelve simplemente con agendas más estrictas.
La tecnología facilita la evasión
La procrastinación no es un fenómeno nuevo, pero las distracciones digitales han reducido considerablemente el esfuerzo necesario para escapar de una tarea. Un teléfono ofrece videos, mensajes, noticias y entretenimiento en cuestión de segundos.
Shatz sostiene que muchas responsabilidades modernas también son abstractas y producen beneficios lejanos. Contestar un correo, completar documentos contributivos o comenzar a ahorrar para el retiro no ofrece una recompensa inmediata, mientras que las plataformas digitales están diseñadas para captar la atención en el presente.
Por esa razón, la solución no siempre consiste en exigir mayor fuerza de voluntad. También puede requerir modificar el ambiente: colocar el teléfono fuera del alcance, bloquear temporalmente determinadas aplicaciones, preparar con anticipación los materiales necesarios y eliminar pasos innecesarios para comenzar.
Empezar pequeño, pero empezar
Las estrategias pueden variar según el perfil, pero existen herramientas comunes: dividir tareas grandes, establecer objetivos concretos, eliminar distracciones, crear plazos intermedios y comenzar por una acción sencilla.
También resulta importante evitar el castigo excesivo. La culpa puede aumentar el malestar emocional que originalmente provocó la demora, llevando a la persona a escapar nuevamente de la tarea.
La meta no es convertir cada minuto del día en trabajo ni medir el valor personal por la productividad. Se trata de recuperar la capacidad de decidir qué hacer con el tiempo, sin permitir que el miedo, el agotamiento o la distracción tomen constantemente esa decisión.
Después de todo, superar la procrastinación no comienza cuando desaparecen todas las dudas. Comienza con algo más sencillo: hacer ahora el primer paso que llevamos demasiado tiempo dejando para después.




