El Liderazgo de Hoy D-IA: Efectos del acuerdo META
Nuevo límite de tiempo busca reducir el uso excesivo de Facebook e Instagram y devolver a los padres mayor control sobre la vida digital de sus hijos.
Por Alba Norys De Leon|Tecnología|
Todavía hoy, cuando un padre ve a su hijo pasar una hora detrás de otra frente a Instagram o Facebook, la conversación suele terminar en el mismo lugar. ¡Suelta el celular! Y muchas veces lo entendemos como un asunto estrictamente de voluntad, de disciplina y de límites en el hogar. Pero durante los últimos años comenzó a surgir una pregunta mucho más compleja: ¿qué responsabilidad tiene también la plataforma cuando buena parte de su diseño está pensado para que queramos permanecer ahí?
Esta conversación tomó fuerza en 2021, cuando Frances Haugen, exempleada de Facebook (hoy Meta), empresa que para entonces ya era dueña de Instagram, hizo públicos cientos de documentos internos de la compañía. Entre esos documentos aparecieron investigaciones sobre asuntos que tocaban muy de cerca a las familias: datos que revelaban cómo algunos adolescentes estaban viviendo su experiencia en Instagram, especialmente en temas de comparación social, de imagen corporal y bienestar.
Aunque Meta no tardó en cuestionar algunas de las interpretaciones que se hicieron sobre aquellos hallazgos, sin duda, algo cambió. La conversación dejó de ser solamente cuánto tiempo pasaban los jóvenes frente a una pantalla y comenzó a mirar también qué estaba ocurriendo detrás de esa pantalla.
Ese mismo año, varios estados, a través de sus fiscales generales en Estados Unidos pusieron la mirada sobre Instagram y comenzaron a investigar su impacto en niños y adolescentes. Dos años después, en 2023, el asunto llegó con más fuerza a los tribunales. Entre otras cosas, se alegó que Facebook e Instagram incorporaban características capaces de fomentar el uso compulsivo entre menores. ¿A qué se referían? Algoritmos de recomendación, notificaciones constantes, desplazamiento infinito (scrolling), los “likes”, mecanismos de comparación social y filtros relacionados con la apariencia.
Puerto Rico entró en esta historia en diciembre de 2024, cuando nuestro Departamento de Justicia también presentó su demanda.
Y en este reciente agosto de 2026 llegó el resultado: Meta no admitió responsabilidad, sin embargo, antes de someterse a la exposición de más documentos y testimonios, alcanzó un acuerdo con fiscales generales de numerosos estados y jurisdicciones. Aceptó pagar miles de millones de dólares, además de asumir una serie de compromisos que cambiarán la forma en que Facebook e Instagram funcionarán para los menores.
Para nuestro país, el monto de ese acuerdo representa al menos $124.7 millones. Pero más allá de los millones (que como era de esperarse, se llevaron buena parte de los titulares), hay otra parte de esta noticia que probablemente tendrá un efecto mucho más directo en nuestros hogares.
Si. Hablemos de los cambios. Porque son muchos.
Para los usuarios menores de 18 años, Meta deberá establecer por “default” un límite acumulado de dos horas diarias entre Facebook e Instagram. Y no serán dos horas en cada plataforma; más bien el tiempo utilizado en ambas contará para un mismo límite, incluso cuando la compañía detecte que el joven abrió varias cuentas. Porque créanme, muchos lo van a intentar; y Meta dice que podrá detectarlo. Si el adolescente quiere quitar esa restricción, necesitará autorización parental.
También habrá un bloqueo nocturno entre la medianoche y las 6:00 de la mañana. Durante ese periodo los jóvenes no podrán utilizar normalmente áreas como los Feeds, Reels, Stories o Explorar. Se añade, además, un “Modo Escolar” (School Mode) que pretende silenciar las notificaciones durante horario de clases. Y esto, mis amigos, puede parecer simplemente un asunto de horarios, pero no lo es.
Veámoslo del siguiente modo: Una notificación es también una interrupción. Ese sonido, esa vibración o ese pequeño círculo rojo en la plataforma tienen una función muy particular: lograr que volvamos a mirar. ¿Y cuándo esto pasa? ¿Y cuánto pesa? Pues pasa mientras estudian, en medio de una clase, durante una conversación o cuando ya deberían estar durmiendo y sumándole horas al sueño. El peso, mayor de lo que muchos piensan.
Pero esto no queda ahí; se incluye, además, lo que el acuerdo denomina “pausas productivas”. Son avisos que aparecerán después de determinados periodos de uso para interrumpir ese consumo que, muchas veces deja de ser una decisión consciente y termina prolongándose casi por inercia.
Y aquí aparece una dimensión que no deberíamos pasar por alto: cómo funciona nuestra atención. No he conocido a alguien que se siente frente al celular pensando: “ahora voy a pasar hora y media viendo Reels”; simplemente sucede. Un video lleva a otro, una historia a la próxima, una recomendación abre la puerta a otra. Y cuando venimos a ver, pasó la hora y media. Por eso una pausa puede parecer una modificación pequeña de diseño, pero más que eso, es un momento que les permite volver a decidir…
¿Quiero seguir aquí o reconozco que llevo demasiado tiempo en esto?
Por otro lado, los adolescentes también podrán desactivar el autoplay. Eso significa que, cuando termine un contenido, el próximo no va a arrancar solo; sino que habrá que tocar o deslizar la pantalla para poder seguir consumiendo contenido. Es otra pequeña oportunidad para recuperar conciencia sobre lo que se está haciendo.
¿Y qué del famoso algoritmo?
Pues el acuerdo establece que los jóvenes podrán seleccionar como pantalla principal un feed no personalizado, o sea, uno que dependa menos de ese sistema que aprende lo que miramos, lo que ignoramos, dónde nos detenemos y qué cosas probablemente lograrán mantenernos allí un ratito más. Y todos sabemos cómo funciona eso. Uno mira dos videos de un tema y, de repente, como magia, parece que el internet decidió que ese será el nuevo interés de nuestra vida. En ese sentido, Meta tendrá que recordar periódicamente a los menores que existe la alternativa de utilizar un feed menos personalizado, y los padres también podrán establecer esa configuración mediante las herramientas de supervisión.
Pero hay un cambio al que yo prestaría especial atención: los adolescentes dejarán de ver, por “default”, los conteos de los benditos “likes” y reacciones. ¡Aplausos por favor!
Difícilmente esto será un detalle menor para quien tenga un adolescente cerca, y mucho menos para un papa o mamá. Al menos, esperaría que no lo fuera. Pero hay algo que sí puedo afirmar: desde la psicología, ciertamente no lo es.
La adolescencia es una etapa en la que todavía estamos construyendo identidad, autoconcepto y valía; sentido de pertenencia, entre otras cosas. La mirada de los demás importa y en esa etapa, un mundo. Añadámosle a la experiencia el que esa mirada tenga forma de marcador de pizarra; uno que le indica todo el tiempo al adolescente, cómo le fue frente a los demás ante la mínima exposición:
Cuántos reaccionaron.Cuántos no.Quién recibió más likes.Quién recibió menos.
Eso convierte una experiencia muy humana y natural (la necesidad de aceptación) en algo cuantificable. Y aunque ocultar esos números no va a resolver por sí solo los retos emocionales asociados a las redes sociales (sería algo ingenuo pensarlo), sí reduce uno de los mecanismos que alimentan constantemente la comparación social.
En esa misma dirección, Meta deberá reforzar para los adolescentes, las restricciones sobre filtros asociados con cirugía estética y maquillaje extremo (las orejitas de perrito no). Es decir, aquellos filtros que los muestran distintos a lo que son, eliminando características propias de su edad.
¿Y si el adolescente miente con relación a su edad, al crear la cuenta? Este asunto también merece nuestra atención; y es que habrá cambios importantes en la verificación de edad. Porque escribir que nacimos en 1990 cuando en realidad nacimos en 2015 nunca ha sido particularmente complicado para nuestros chicos.
Meta ya utiliza inteligencia artificial para ir atando cabos y detectar señales de que detrás de una cuenta podría haber un menor. Por ejemplo, puede fijarse en celebraciones de cumpleaños, graduaciones escolares, publicaciones, comentarios y otros datos del perfil. Ahora, como parte del acuerdo, le toca reforzar esa tecnología para identificar mejor, por un lado, las cuentas de menores de 13 años (cosa que no está autorizada) y también las de jóvenes entre 13 y 17 años que se hayan puesto unos cuantos años de más al registrarse.
Y aquí hay un detalle importante: no significa que la inteligencia artificial vaya a mirar una foto y determinar casi como sentencia: “este joven tiene 15 años”. Se trata de identificar señales y patrones que, en conjunto, indican que una cuenta probablemente pertenece a un menor. Si se tratara de un adolescente (13 a 17 años), la intención es colocarlo automáticamente bajo las protecciones correspondientes a su edad.
Recalco; para cambiar el año de nacimiento en una cuenta no se requiere una maesría en informática; entonces, la apuesta ahora es que la seguridad no dependa únicamente de la edad que el joven decidió escribir cuando abrió su cuenta.
Habrá también controles parentales más amplios, alertas relacionadas con cuentas secundarias y mecanismos para lograr reducir el contacto de menores con adultos considerados sospechosos.
Ahora bien, falta una pregunta fundamental:
¿Quién va a asegurarse de que Meta cumpla con su parte?
Pues les cuento que el acuerdo contempla un ente de supervisión externa. Un auditor independiente estará encargado de evaluar cómo se implementan las medidas y podrá identificar deficiencias que obliguen a la compañía a presentar acciones correctivas. Si algo tenemos claro, es que una cosa es anunciar cambios y otra muy distinta es comprobar que esos cambios están funcionando.
Los primeros cambios deben empezar a percibirse antes de finalizar diciembre de 2026 y deben estar completados antes del mes de marzo de 2027. Y para nuestro amado Puerto Rico queda una conversación importante. Si bien la isla recibirá más de 100 millones como parte del acuerdo, y una parte significativa de esos fondos deberá destinarse a atender los daños alegados sobre niños y jóvenes, entonces debe estar claro que tenemos una oportunidad que no deberíamos desperdiciar.
Hace falta hablar de salud mental, por supuesto, pero también de prevención, alfabetización digital y capacitación para padres, abuelos, encargados y educadores. Es necesario investigar cómo nuestros propios jóvenes están utilizando estas plataformas; porque al final, hay algo que ninguna actualización de Instagram o FaceBook puede instalar automáticamente: criterio.
Y es que llegará el día en que no habrá un padre cambiando la configuración ni una plataforma imponiendo el límite.
Y ahí estará la verdadera prueba.
El gran avance no será solamente lograr plataformas con mejores protecciones, sino formar jóvenes que, aun teniendo todo el acceso del mundo, sean capaces de detenerse y preguntarse:
¿quiero seguir aquí o hay algo fuera de esta pantalla que merece más de mí?



