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El Liderazgo de Hoy D-IA - Deuda Cognitiva: Cuando la ayuda se convierte en dependencia

Quienes crecimos hace algunas décadas recordamos que encontrar una buena respuesta casi siempre exigía hacer primero un largo recorrido.

Por Alba Norys De LeonTecnología|

(Suministrada)
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Había que buscar información, ir a una biblioteca, consultar una enciclopedia. Había que preguntarle a alguien que sabía más, leer varias fuentes, tomar notas, comparar. Había que equivocarse y volver atrás. Y, muchas veces, después de todo eso, construir nuestra propia conclusión.

Incluso quienes crecimos en los años 80 y 90 vivimos todavía una parte importante de ese proceso. Google no estaba disponible en cada bolsillo. No existía una herramienta capaz de contestar prácticamente cualquier pregunta en segundos. Y cuando finalmente encontrábamos una respuesta, casi siempre habíamos tenido que hacer un esfuerzo significativo para llegar hasta ella.

Ese recorrido al que hago referencia podía ser lento; a veces frustrante. Pasaron los años y en honor a la verdad, muchas de las herramientas que hoy tenemos al alcance de la mano han acortado considerablemente ese camino. Pero hay algo que quizá no habíamos considerado: mientras más largo el recorrido para obtener la respuesta, más nos exponíamos a desarrollar capacidad.

Aprendíamos a distinguir una buena fuente de una mediocre. A sostener una duda durante algún tiempo. A conectar información que no venía organizada para nosotros. A recordar. A formular argumentos. A descartar. A interpretar; y sobre todo, a llegar a una conclusión sin que nadie nos entregara previamente el mapa de los atajos.

Hoy la experiencia es radicalmente distinta.

Podemos escribir una pregunta y, en segundos, la inteligencia artificial nos entrega una explicación, organiza las ideas, compara alternativas, redacta un documento y hasta anticipa preguntas que quizás nosotros todavía no habíamos considerado.

¡Es verdaderamente extraordinario! Yo misma soy una defensora y promotora de las posibilidades que ofrece la inteligencia artificial. Sería difícil negar su capacidad para ampliar el acceso al conocimiento y aumentar nuestra productividad. Pero precisamente porque la herramienta es tan poderosa, hay una conversación que necesitamos tener:

¿Qué ocurre cuando comenzamos a delegarle no solamente trabajo, sino también nuestro proceso de Pensamiento? ¿Qué ocurre si este comportamiento se vuelve costumbre? ¿Qué tipo de profesional será el que tengamos en nuestros equipos de trabajo y cómo se afecta su aportación a la empresa cuando va perdiendo la capacidad de pensar a profundidad?

Una cosa es utilizar IA después de haber pensado un problema para ampliar nuestras alternativas. Otra es preguntarle qué debemos pensar antes siquiera de haber intentado comprenderlo.

La deuda más costosa.

En 2025, investigadores del MIT Media Lab publicaron un estudio titulado Your Brain on ChatGPT: Accumulation of Cognitive Debt when Using an AI Assistant for Essay Writing Task.

El experimento reunió a 54 participantes y los dividió en tres grupos: unos redactaban un ensayo utilizando un modelo de lenguaje como Chat GPT; otros podían utilizar un motor de búsqueda, como Google; y un tercer grupo debía trabajar los ensayos únicamente con sus propios recursos cognitivos... sus cerebros. Los investigadores utilizaron electroencefalógrafos para observar patrones de conectividad cerebral y analizaron también aspectos como memoria y lenguaje durante el proceso.

Los resultados fueron impactantes.

Dentro de las condiciones específicas de la tarea, quienes trabajaron sin herramientas de apoyo mostraron las redes de conectividad cerebral más amplias; quienes utilizaron el buscador (Google) ocuparon una posición intermedia; y el grupo que utilizó el modelo de lenguaje (Chat GPT) presentó la conectividad cerebral más débil. Los participantes asistidos por la Inteligencia Artificial también mostraron menor sentido de autoría y una gran dificultad para recordar partes de los textos que acababan de producir.

Los investigadores, al analizar esto, utilizaron una expresión que inmediatamente llamó mi atención: Deuda Cognitiva. Y este concepto, amigos, merece nuestra atención.

Una deuda nos permite obtener un beneficio en el presente a cambio de un costo que tendremos que enfrentar después. En este caso, obtenemos velocidad, conveniencia y respuestas inmediatas. La posible factura aparece cuando dejamos de ejercitar repetidamente capacidades que más adelante necesitaremos: recordar, analizar, relacionar, argumentar, cuestionar o construir una idea propia.

Ojo; la deuda cognitiva no surge simplemente porque usamos IA. Puede surgir en otras circunstancias cuando dejamos de hacer sistemáticamente el trabajo mental que necesitamos conservar.

Entonces, lejos de condenar la IA como el peor villano, formulemos la hipótesis que naturalmente nos dejan los datos y que es tremendamente útil para la educación y para las empresas: EL PROBLEMA NO RADICA EN USAR LA IA. El reto radica en involucrarla en el momento idóneo para obtener su beneficio sin atrofiar nuestro cerebro y proceso de aprendizaje.

Pensar primero y utilizar IA después no produce la misma experiencia cognitiva que pedirle primero a la IA que piense por nosotros.

Ahora imagine una reunión de trabajo. Un colaborador; se llama Pedro y llega con una presentación extraordinaria. El análisis está perfectamente organizado (como los ensayos con IA del estudio de MIT). Las recomendaciones parecen sólidas. El lenguaje es impecable. Hay gráficas, escenarios y hasta un plan de implementación.

Hace unos años, producir algo así habría requerido días. Hoy pudo haber tomado minutos.

Entonces… alguien en la reunión pregunta: Pedro…

¿Por qué deberíamos escoger esta alternativa?

¿Qué supuesto sostiene esa conclusión?

¿Cuál de estos riesgos consideras más importante?

Y finalmente:

¿Qué piensas tú?

Ahí descubrimos si la inteligencia artificial amplificó el pensamiento de Pedrito o simplemente produjo algo en su nombre. Y esa diferencia tendrá consecuencias enormes para las organizaciones. Porque mientras más convincente suena una respuesta generada por una máquina, mayor es el riesgo de descansar en ella sin cuestionarla, contrastarla ni someterla a nuestro propio criterio.

Y ahí aparece un riesgo empresarial que no tiene precedentes.

El no hablar y trabajar sobre este tema puede provocar que pronto comencemos a tener trabajadores extraordinariamente eficientes para generar ciertos resultados, pero cada vez menos acostumbrados a construir el razonamiento que los sostiene; personas capaces de producir un informe, pero no defenderlo; de presentar una estrategia, pero no cuestionarla con suficiente profundidad de criterio para determinar si realmente conviene a su organización.

Eso no es transformación digital. Es dependencia cognitiva y no se resuelve a fuerza de prompts, es a fuerza de criterio.

Puerto Rico dio recientemente un paso importante al publicar, a través del Departamento de Educación, una guía para la integración de inteligencia artificial generativa en el aprendizaje estudiantil. Saben que no se le puede poner puertas al campo, así que decidieron hacer algo. El documento establece expresamente que la IA debe fortalecer los procesos metacognitivos y no sustituirlos, y procura evitar una “dependencia pasiva” de la herramienta. También plantea que la tecnología debe apoyar la toma de decisiones sin sustituir el juicio y que el estudiante debe revisar, explicar y evaluar lo que produce con IA.

Eso importa mucho más de lo que podría parecer. Porque el estudiante que hoy aprende cómo relacionarse con una inteligencia artificial será el profesional que mañana llegará a nuestras organizaciones. Y el gran reto no será que sepa utilizarla; probablemente eso lo hará extraordinariamente bien. El reto será que, después de años teniendo una inteligencia disponible para responder casi cualquier pregunta, todavía conserve la curiosidad para formular las suyas, la disciplina para profundizar, la capacidad para disentir y el criterio para decidir.

La inteligencia artificial puede ayudarnos a llegar mucho más rápido.

Pero no debemos permitir que, por evitar demasiado el recorrido, llegue un momento en que ya no sepamos caminar sin ella.

Alba Norys De León Quiñones, MIOP, CPLP®, es co-conductora del programa radial TRANSFORMAcción en WKAQ 580AM

Alba Norys De León Quiñones, MIOP, CPLP®, es fundadora y presidenta de AblaTek LLC, firma especializada en transformación organizacional, gestión del cambio e inteligencia artificial aplicada. Creadora de la herramienta de diagnóstico digital-cultural para empresas (Digital Maturity Matrix by AblaTek). Es co-directora del programa de certificación para gerentes y ejecutivos en IA + IE -CAITE® (Certified AI Transformational Executive) y co-conductora del programa radial TRANSFORMAcción® en WKAQ 580AM.