Especial 250 años: La batalla de Bunker Hill - Parte 4

En la continuación de este especial de INDIARIO, nos adentramos en Bunker Hill, una colina equivocada y la victoria que desangró al Imperio

Por Redacción InDiarioHistoria|

Con el uso de Inteligencia Artificial, Indiario recrea una escena de la batalla de Bunker Hill. (Indiario AI)
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La historia oficial está llena de errores de imprenta que se convierten en leyendas. A 19 días de culminar nuestra cuenta regresiva hacia el Semiquincentenario de Estados Unidos, nos detenemos en el 17 de junio de 1775. Este es el día de la primera gran batalla campal de la guerra, un enfrentamiento tan rodeado de mitología que ni siquiera el nombre por el que la conocemos es correcto: la Batalla de Bunker Hill se libró, en su inmensa mayoría, en la vecina colina de Breed (Breed's Hill).

Pero la geografía no es el único mito que en Indiario venimos a desmontar hoy.

"El blanco de sus ojos": Un grito de terror logístico 

Todo estadounidense conoce la famosa orden dictada a los milicianos atrincherados en la colina: "No disparen hasta que vean el blanco de sus ojos". Durante 250 años, esta frase se ha enseñado en las escuelas como una muestra del temple de acero y la valentía temeraria de los fundadores.

La cruda realidad logística es mucho menos romántica. Comandantes como William Prescott e Israel Putnam no ordenaron esto para parecer heroicos; lo hicieron porque estaban sumidos en el pánico. El recién formado ejército continental era un desastre de suministros. La mayoría de los hombres atrincherados en la colina tenían apenas cinco o seis disparos de pólvora en sus cartucheras. Disparar a distancia era desperdiciar una munición que no podían reemplazar. Dejar que el enemigo se acercara a quemarropa no era valentía, era pura y absoluta necesidad matemática.

La arrogancia imperial marcha cuesta arriba 

Del otro lado del campo de batalla estaba el Mayor General británico William Howe. Si la falta de pólvora fue el talón de Aquiles de los colonos, la arrogancia fue la tumba de los británicos.

Howe, subestimando por completo a lo que él consideraba un montón de "campesinos armados", tomó una decisión táctica desastrosa. En lugar de rodear la península de Charlestown y cortar la retirada de los rebeldes con el poder de su armada, Howe ordenó un asalto frontal directo colina arriba. Creía que la mera visión de las disciplinadas líneas de Casacas Rojas con sus bayonetas caladas haría que las milicias rompieran filas y huyeran aterrorizadas.

No lo hicieron.

Un triunfo demaciado costoso

Los británicos marcharon cuesta arriba con uniformes de lana bajo el calor asfixiante del verano. Cuando finalmente se acercaron lo suficiente para que los colonos vieran "el blanco de sus ojos", las trincheras americanas desataron una carnicería. Las filas británicas fueron masacradas. Tuvieron que retirarse y reagruparse, no una, sino dos veces, tropezando con los cadáveres de sus propios compañeros.

Solo en el tercer asalto lograron tomar la colina, y únicamente porque a los colonos se les acabó finalmente la pólvora, viéndose obligados a retirarse lanzando piedras y usando sus mosquetes vacíos como garrotes.

Técnicamente, Gran Bretaña ganó la Batalla de Bunker Hill. Retuvieron el terreno. Pero fue un triunfo demasiado costoso. Sufrieron más de 1,000 bajas (cerca de la mitad de su fuerza de asalto), incluyendo una cantidad devastadora de oficiales.

El fin de la ilusión 

En Londres, la noticia de Bunker Hill cayó como un balde de agua fría. La ilusión de que esta rebelión sería aplastada rápidamente con una simple demostración de fuerza se evaporó.

A dos siglos y medio de distancia, el verdadero legado del 17 de junio no es quién se quedó con un pedazo de tierra en Massachusetts, sino el impacto psicológico. Bunker Hill le demostró a los británicos que estaban metidos en una guerra brutal y larga. Y, más importante aún, le demostró a un grupo de granjeros, artesanos y contrabandistas que, si estaban atrincherados y bien dirigidos, podían desangrar a la maquinaria bélica más poderosa del mundo.

(Mañana, en nuestra entrega para el Día 18 de la cuenta regresiva, analizaremos el 18 de junio y el poder de la propaganda callejera. Hablaremos de un inmigrante inglés fracasado llamado Thomas Paine, cuyo panfleto "Sentido Común" hizo más por la independencia que mil mosquetes).