El Gobierno que nos merecemos - Opinión
El ex representante Rivera Madera presenta su visión sobre el gobierno, desde un punto de vista práctico y realista.
Por José Humberto Rivera Madera|Opinión|
Hay un cansancio en Puerto Rico que ya no se puede disimular. No es el cansancio del trabajo, ese lo cargamos con orgullo. Es otro. Es el cansancio de abrir el periódico o la computadora y encontrarse otra vez con lo mismo, con otro señalamiento, otra investigación, otro contrato que nadie sabe explicar, otro funcionario que aparece haciendo cosas que no debía. Es el cansancio de un pueblo que se levanta temprano, que paga sus contribuciones, que hace fila en las agencias, y que después tiene que enterarse de cómo se usó su dinero.
Yo veo al puertorriqueño en la calle y contrario a los que unos dicen, no veo indiferencia, veo indignación, que no es lo mismo. La indiferencia es no importarle, la indignación es que le importa tanto que ya duele. Y esa indignación tiene un costo político que todavía no hemos terminado de medir, porque cuando la gente deja de creer, no solo deja de creer en un partido. Deja de creer en el gobierno como idea, en las instituciones como herramienta, en la política como vehículo para arreglar algo. Ahí es donde estamos.
El gobierno del Partido Nuevo Progresista ha convertido la desconfianza en una condición permanente del país. La administración de Jenniffer González no ha revertido esa condición, la ha empeorado. Cada acusación, cada nombramiento nebuloso, cada agencia que no funciona como el caso del Departamento de Educación, cada explicación oficial de la Fortaleza tratando de justificar actos de corrupción, le resta un poco más de credibilidad a instituciones que ya venían lastimadas. Eso no es un problema de imagen. Es un problema estructural. Un gobierno en el que nadie cree pierde la capacidad de pedirle nada a nadie. No puede pedir sacrificio, no puede pedir paciencia, no puede pedir colaboración. Se queda solo, dando órdenes que nadie obedece.
Y resulta que este es el peor momento posible para tener un gobierno sin credibilidad. Puerto Rico enfrenta retos económicos que no admiten más incompetencia y requieren urgencia. Tenemos una deuda que todavía condiciona cada decisión fiscal, una red eléctrica que sigue siendo el mayor freno a la inversión, fondos federales que hay que ejecutar bien y a tiempo y una población que envejece más rápido de lo que crece. Esos problemas no se resuelven con conferencias de prensa. Se resuelven con un gobierno capaz, sensible y preparado. Capaz, porque hay que saber hacerlo, sensible porque hay que entender a quién se le está haciendo y preparado porque estos tiempos no perdonan la curva de aprendizajeni de improvisación.
Estar preparados significa, entre otras cosas, apostar de verdad a la economía del conocimiento. Llevamos décadas hablando de eso y seguimos tratándolo como una frase bonita en los discursos. Tenemos universidades que producen talento de primer nivel. Tenemos ingenieros, científicos, programadores, investigadores. Tenemos aún, una industria de manufactura y farmacia avanzada que otros países quisieran. Lo que no tenemos es un ecosistema que retenga a esa gente aquí. Y sin incentivos serios a la investigación, sin capital disponible para las empresas jóvenes, sin conexión real entre la academia y el sector privado, seguimos formando talento para exportarlo. Esa es la parte que más me pesa. Nuestros jóvenes no se van porque no quieran a Puerto Rico, se van porque quieren una vida y aquí no la encuentran. Se van con el título en la mano y con la sensación de que aquí no hay espacio para ellos. Cada joven que se monta en ese avión a otro cielo, es una inversión pública que se le regala a otra economía. Nosotros pagamos la educación y otros cobran el rendimiento. No hay política fiscal que aguante eso indefinidamente.
Hay otra cosa que este gobierno no ha entendido y es el valor del empleado público. Se ha vuelto costumbre hablar del servidor público como si fuera un gasto, un estorbo o un número en una nómina. Yo he trabajado y vivido bien de cerca con mucha de esa gente. Son maestros, enfermeras, trabajadores sociales, policías, que sostienen el país con salarios ridículos y equipo obsoleto. Un gobierno serio no los maltrata, los organiza, los capacita, los coloca donde su destreza rinde, los evalúa con criterios claros y les paga lo que vale su trabajo. El recurso humano bien utilizado es lo que hace caminar un gobierno. Sin eso, la mejor política pública del mundo se queda escrita en un papel.
Junto a eso, hay que soltarle el cuello y dejar respirar al pequeño y mediano empresario. Ese señor que abrió su negocio con los chavos de su retiro no necesita un discurso. Necesita permisos que salgan en semanas y no en años, necesita que le paguen las facturas a tiempo cuando le vende al gobierno, necesita acceso a financiamiento que no lo obligue a hipotecar la casa, una factura de la luz que no los obligue a cerrar. La mayoría de los empleos en Puerto Rico los crea gente así. Cuidarlos no es un favor que se le hace a un sector, es una política económica sensata y sensible al sacrificio y emprendimiento boricua.Todo esto se puede hacer. No es una aspiración vacía, es voluntad y trabajo duro. Pero requiere un gobierno que entienda que la administración pública es un oficio serio y no un botín para su claque.
Termino donde de verdad empieza el dolor de todo esto. Yo no conozco a un puertorriqueño que no tenga una escena del aeropuerto guardada. La maleta pesada, el abrazo que se estira y no quiere dejar ir, la promesa de que van a llamar todos los domingos. Después el padre y la madre de regreso a la casa en silencio y ese cuarto que se queda con la cama hecha y sin nadie. Nos hemos acostumbrado a despedir a nuestros hijos y no deberíamos acostumbrarnos nunca. Esa no puede seguir siendo la historia de este país.
Un nuevo gobierno del Partido Popular Democrático le debe eso a Puerto Rico. No le debemás promesas de campaña. Le debe oportunidades, como dice nuestro Presidente Pablo José Hernández Rivera, le debe el ganar, pero ganar para gobernar bien. Le debe un país donde quedarse sea una decisión razonable y no un sacrificio. Le debe un gobierno del que la gente pueda volver a sentirse orgullosa. Ese es el gobierno que nos merecemos como puertorriqueños y vamos a construirlo, ya llevamos demasiado tiempo esperándolo.
Cheito Rivera Madera es asesor municipal en asuntos de turismo y Ex Representante por el Distrito 23 de la Cámara de Representantes de Puerto Rico. Cuenta con amplia experiencia y conocimiento en política pública, particularmente en asuntos de turismo, gubernamentales y municipales. Actualmente cursa una maestría en Public Management en la Krieger School of Arts and Sciences de la Universidad Johns Hopkins, en Washington, D. C. Además, posee un bachillerato en Artes y Humanidades de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico y un Diplomado en Innovación Turística de la Universidad Anáhuac de México.




