La institución por encima de las personas - Opinión
Gabriel Rodríguez Aguiló reclama unidad, transparencia y autocrítica en el PNP para evitar que las luchas internas comprometan su futuro en 2028.
Por Gabriel Rodriguez Aguiló|Opinión|
La misión de nuestro partido siempre será más grande que cualquier candidato o figura pública. Para comprenderlo, basta con remontarnos a la fundación del Partido Nuevo Progresista. La zapata de nuestra institución fue construida sobre dos principios fundamentales: la igualdad y la justicia social. Esa ha sido la razón de ser del PNP desde su origen y la que le ha permitido convertirse en el partido político más grande de Puerto Rico.
A través de las décadas, el Partido Nuevo Progresista ha impulsado transformaciones que marcaron un antes y un después en la vida de miles de puertorriqueños. Ahí están los títulos de propiedad entregados a familias humildes que durante años ocuparon parcelas sin la seguridad jurídica de ser dueñas de su hogar. También el bono de Navidad para los trabajadores, las múltiples reformas contributivas que han permitido que las familias conserven más dinero en sus bolsillos y proyectos de infraestructura que hoy forman parte de la identidad de la isla, como el Centro de Convenciones Dr. Pedro Rosselló González, el Coliseo de Puerto Rico José Miguel Agrelot, el Superacueducto y el programa de Escuelas del Siglo XXI.
De igual forma, sería imposible hablar de la historia del PNP sin mencionar la Reforma de Salud. Iniciativa que transformó el acceso a los servicios médicos en todo el archipiélago. Estas y muchas otras acciones son las que el pueblo recuerda, reconoce y asocia con nuestra colectividad.
Sin embargo, en los últimos cuatrienios nuestra institución ha enfrentado grandes retos. Primarias intensas, controversias públicas, decisiones gubernamentales cuyo mayor impacto ha sido político, rivalidades personales y diferencias internas han puesto a prueba nuestra capacidad de mantenernos unidos. Lo positivo es que, hasta ahora, esos desafíos han sido superados porque hemos contado con líderes que con mayor o menor acierto entendieron que el ideal, el partido y Puerto Rico siempre debían colocarse por encima de cualquier interés individual.
La administración actual también ha impulsado iniciativas importantes en áreas como el turismo, el desarrollo económico, la educación, la justicia social y la estabilización del sistema de generación energética. Estoy convencido de que el pueblo reconoce esos avances. Sin embargo, también es evidente que algunos sectores prefieren concentrar toda la atención en las controversias, en los errores; porque ningún gobierno está exento de cometerlos, y en promover la confrontación política y personal.
Doy fe de que, en muchas entrevistas y programas de análisis, el objetivo parece ser provocar enfrentamientos entre funcionarios del mismo partido. Se busca que alguien critique a la Gobernadora, a su equipo de trabajo, al presidente del Senado o al alcalde de San Juan. Se plantean escenarios hipotéticos, muchas veces alejados de la realidad, con la intención de provocar divisiones. Esos temas pueden resultar tentadores, pero debemos tener la madurez para no caer en ese juego.
Faltan menos de 840 días para las elecciones de 2028. La decisión, a mi juicio, no es complicada: o llegamos unidos al 7 de noviembre de 2028 o corremos el riesgo de fatigar el mismo camino que hoy zozobra el partido político más antiguo de Puerto Rico. En el barrio lo dirían de una forma mucho más sencilla; o nos ponemos las pilas o nos lleva el demonio.
Aquí van mis dos centavos, aunque nadie me los haya pedido. En el Ejecutivo hay que apretar tuercas. Debemos dejar atrás cualquier percepción de persecución contra quienes piensan diferente o en algún momento no apoyaron la campaña política de la Gobernadora, fortalecer la transparencia en todos los procesos y eliminar definitivamente cualquier sombra de corrupción. Además, es indispensable mantener el enfoque en las causas que afectan directamente a nuestra gente y producen resultados concretos para las familias puertorriqueñas.
En la Asamblea Legislativa nos corresponde continuar impulsando las medidas contenidas en nuestro plan de gobierno, respaldar aquellas iniciativas que beneficien a la clase trabajadora y a nuestras comunidades y ejercer una fiscalización responsable. Fiscalizar no debilita un gobierno; por el contrario, lo fortalece. Cuando identifiquemos un problema, nuestra obligación es atenderlo, corregirlo y procurar que se haga lo correcto.
En el plano político también hay mucho trabajo por hacer. Hace falta más comunicación, apertura y diálogo. Debemos identificar a los mejores hombres y mujeres para aspirar a posiciones electivas en cada rincón de Puerto Rico. Si hay primarias, pues que sean procesos de altura. Fundamentados en el contraste de ideas, de ejecutorias y de propuestas; nunca en ataques personales que acaben fracturando nuestra institución.
El Partido Nuevo Progresista nació para defender un ideal de igualdad y para alcanzar la plena ciudadanía americana en igualdad de condiciones. Ese propósito sigue siendo mucho más grande que cualquiera de nosotros. Si somos capaces de recordarlo todos los días y actuar en consecuencia, no tengo duda de que el pueblo volverá a depositar su confianza en nosotros.

Gabriel Rodríguez Aguiló es representante por acumulación del Partido Nuevo Progresista, preside la Comisión de Salud de la Cámara de Representantes y cuenta con más de dos décadas de experiencia legislativa. También se desempeñó como subsecretario general del PNP y ha ocupado importantes posiciones de liderato en la Legislatura.




