Opinión: Accidentes vs. Incidentes: Las Cortinas de Humo de Parte de los Políticos

"Esta distinción es crucial, particularmente cuando se pretende generar confianza en la seguridad del sistema de transportación aérea" afirma el Lcdo. Carlo.

Por Simón Carlo Valentín
Opinión|Feb 28, 2025
El Lcdo. y CPA Simón Carlo ejerce en la práctica privada. Además es director de Stratagem Capital y del Puerto Rico Equality PAC.
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En la política es común ver funcionarios usando estrategias de manipulación para desviar la atención de los temas más controversiales hacia los que ellos prefieren. Una de estas tácticas es la falacia de cortina de humo, que ocurre cuando se presentan argumentos inválidos o evidencia irrelevante a lo que se está discutiendo para distraer la atención de la audiencia del tema central de la discusión. Estos argumentos y esta evidencia hacen que quien recibe la información llegue a conclusiones erróneas, ya que parecen convincentes en su faz, pero se desvanecen bajo cualquier tipo de escrutinio.

 

Esta es una estrategia comúnmente usada en debates políticos para evitar responder preguntas difíciles o desviar la discusión a un tema más favorable. Las personas son más propensas a caer en estas estrategias cuando la fuente de la información goza de autoridad legítima, como un funcionario gubernamental, y la audiencia no tiene motivos para cuestionarla. Cuando se trata de temas de seguridad pública, la ciudadanía espera que el Gobierno actúe con transparencia y responsabilidad, no empleando tácticas engañosas. Lamentablemente, la desinformación que existe en redes sociales no solo nace de los usuarios, sino también de cómo los políticos y medios presentan y difunden la información.

 

Un ejemplo reciente de esto son las declaraciones que el Secretario de Transportación de los Estados Unidos, el Hon. Sean Duffy, realizó el pasado 20 de febrero en X (anteriormente Twitter) en las que intentó desacreditar lo que él alega es una narrativa mediática enfocada en el percibido aumento en accidentes aéreos desde que el presidente Trump juramentó.

 

Duffy comenzó hablando de los accidentes, pero luego suministró datos de incidentes, señalando que estos últimos han disminuido durante el primer mes de la administración del Presidente Trump, pero nunca mencionó que los accidentes aéreos y los incidentes son dos eventos diferentes y de magnitudes muy distintas.

 

Sin embargo, su afirmación fue engañosa y recurrió a una cortina de humo para redirigir la discusión de un tema altamente controversial, como lo son los recientes accidentes aéreos, buscando confundir a la audiencia al introducir datos sobre incidentes aéreos para señalar falsamente una disminución en accidentes en comparación con la administración anterior.

 

El efecto principal de esta falacia es inducir a la audiencia a asumir incorrectamente que los términos accidente e incidente son sinónimos e intercambiables. De igual forma, la manera en la que se presenta la información lleva a concluir erróneamente que más incidentes significa automáticamente más accidentes, cuando en realidad no existe correlación.

 

Las expresiones de Duffy no se pueden analizar en un vacío y debemos recurrir a las definiciones oficiales establecidas por la Junta Nacional de Seguridad en el Transporte (la “NSTB) en el Titulo 49 del Código de Regulaciones Federales (49 CFR 830.2) para lograr tener claridad.

 

Aquí se define accidente aéreo como “un suceso asociado con la operación de una aeronave que ocurre entre el momento en que cualquier persona aborda la aeronave con la intención de volar y el momento en que todas esas personas han desembarcado, y en el cual cualquier persona sufre la muerte o una lesión grave, o en el cual la aeronave sufre daños sustanciales[1] (énfasis y traducción suplida). Un accidente también puede incluir una aeronave no tripulada o lo que conocemos comúnmente como un drone.

 

Mientras tanto la NTSB define un incidente en el mismo Título 49 como “un suceso distinto de un accidente, asociado con la operación de una aeronave, que afecta o podría afectar la seguridad de las operaciones”[2] (énfasis y traducción suplida).

 

La diferencia principal entre ambos conceptos es la gravedad y las consecuencias del evento, mientras que un accidente implica daños graves o muerte, un incidente involucra situaciones menos severas que usualmente no resultan en daños.

 

Ejemplos de accidentes aéreos incluyen el ocurrido el 29 de enero en Washington D.C. que costo la vida de 67 pasajeros; el del 31 de enero en Filadelfia, donde fallecieron siete personas; y el del 6 de febrero en Alaska, que resultó en la muerte de 10 pasajeros.

 

Ejemplos de incidentes pueden incluir la despresurización rápida de la cabina, el aterrizaje en una pista incorrecta, el intentar aterrizar en una pista ocupada, problemas mecánicos durante el vuelo y cualquier otro evento que por su propia definición no redunda en muerte o lesión grave o que la aeronave sufra daños sustanciales. La gran mayoría de estos eventos, a pesar de ser peligrosos, no representan riesgo de muerte a los pasajeros ni un riesgo mayor a la aeronave.

 

Esta distinción es crucial, particularmente cuando se pretende generar confianza en la seguridad del sistema de transportación aérea del país. La persona promedio no necesariamente conoce la diferencia entre accidente e incidente, y en cualquier conversación informal estos podrían intercambiarse entre sí, algo que aprovecha el secretario Duffy para inducir a error al introducir estadísticas irrelevantes.

 

Si bien es prematuro e irresponsable argumentar que los accidentes del pasado mes son directamente a consecuencia de acciones de la Administración Trump, es aún más irresponsable engañar al Pueblo con información errónea en situaciones de tal magnitud.

 

A un mes de esta nueva administración, queda claro que el gabinete juró lealtad al Presidente por encima de su deber hacia el Pueblo Estadounidense y que están dispuestos a decir cualquier cosa, sea cierta o no, para proteger a la administración. Queda de nuestra parte, los ciudadanos, confrontar a las instituciones, exigir rendición de cuentas y la verdad y recordarles a todos los funcionarios públicos, incluyendo al Presidente, que le responden al Pueblo.

El caso del Secretario Duffy es solo un ejemplo más dentro de este gabinete de cómo la manipulación de datos puede distorsionar la percepción de la realidad sin necesidad de mentirle directamente a la ciudadanía. Resulta preocupante que en momentos en que la transparencia gubernamental está en duda, miembros del gabinete recurran a cortinas de humo que le restan aún más credibilidad al gobierno.  El Pueblo merece más de sus instituciones y de sus oficiales de gobierno.

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