Supremo federal da victoria a portadores de armas

El tribunal invalidó una ley de Hawái que exigía permiso expreso para portar armas en negocios privados abiertos al público

Por Redacción InDiarioPolicía y Tribunales|

Jueces de la Corte Suprema de los Estados Unidos, foto de octubre 2022 (Getty Images)
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El Tribunal Supremo de Estados Unidos emitió este jueves una nueva decisión a favor de los derechos reconocidos por la Segunda Enmienda, al invalidar una ley de Hawái que prohibía a personas con licencia de portación oculta entrar armadas a negocios privados abiertos al público, a menos que el dueño del establecimiento les hubiera dado autorización expresa.

La decisión, emitida en el caso Wolford v. Lopez, fue resuelta por votación de 6-3. La mayoría conservadora del tribunal concluyó que la ley hawaiana violaba la Segunda y la Decimocuarta Enmienda, al imponer una regla general que convertía en ilegal la portación de armas de fuego en propiedades privadas accesibles al público, aun cuando se tratara de personas con permisos válidos.

La controversia giraba en torno a una disposición aprobada por Hawái después de la decisión del Supremo federal en New York State Rifle & Pistol Association v. Bruen, caso de 2022 que reconoció con mayor fuerza el derecho constitucional a portar armas en público para defensa propia y obligó a los estados a justificar sus restricciones bajo la tradición histórica de regulación de armas en Estados Unidos.

Qué decía la ley de Hawái

La ley impugnada establecía que una persona con licencia de portación oculta no podía entrar armada a propiedades privadas abiertas al público —como tiendas, hoteles, supermercados, gasolineras u otros negocios— salvo que el dueño autorizara expresamente la presencia de armas.

En la práctica, la norma cambiaba la regla por defecto: los negocios se presumían libres de armas, a menos que el propietario colocara un aviso o diera permiso verbal o escrito para permitirlas.

Grupos defensores de la Segunda Enmienda impugnaron la disposición al argumentar que esa estructura vaciaba de contenido el derecho a portar armas, porque obligaba a los ciudadanos autorizados a pedir permiso afirmativo antes de entrar armados a gran parte de los espacios comerciales de uso cotidiano.

La mayoría: el derecho no puede depender del silencio del dueño

La opinión mayoritaria fue redactada por el juez Samuel Alito. El Supremo sostuvo que las personas con licencia que desean portar armas de fuego para defensa propia están protegidas por el texto de la Segunda Enmienda y que Hawái no podía imponer una prohibición general en propiedad privada abierta al público sin una base histórica suficiente.

Para la mayoría, cuando un negocio abre sus puertas al público, el Estado no puede presumir que el portador autorizado queda excluido solo porque el dueño no haya expresado afirmativamente que permite armas.

El tribunal concluyó que esa regla por defecto imponía una carga indebida al ejercicio del derecho constitucional, especialmente en establecimientos donde el propietario no ha adoptado ninguna política específica sobre armas.

Los dueños aún pueden prohibir armas

La decisión no elimina el derecho de los propietarios privados a excluir armas de sus negocios. Un dueño puede prohibir la entrada de armas mediante letreros, avisos, políticas internas o instrucciones claras a sus clientes.

La diferencia es que, tras el fallo, el Estado no puede imponer una presunción general de prohibición en todos los negocios privados abiertos al público. La regla ahora favorece al portador con licencia, salvo que el dueño del establecimiento decida expresamente lo contrario.

Las juezas liberales disienten

Las juezas Sonia Sotomayor, Elena Kagan y Ketanji Brown Jackson disintieron de la decisión.

El bloque liberal sostuvo que la ley de Hawái podía entenderse como una protección de los derechos de propiedad privada y de la seguridad pública, no necesariamente como una restricción directa e ilegítima al derecho a poseer y portar armas.

Las disidentes advirtieron que la mayoría continúa limitando el margen de acción de los estados para diseñar políticas de control de armas luego de Bruen, especialmente en contextos modernos que no siempre tienen paralelos exactos en la historia temprana de Estados Unidos.

Impacto más allá de Hawái

Aunque el caso surgió en Hawái, el fallo puede tener repercusiones nacionales. Varios estados gobernados por demócratas aprobaron leyes similares tras la decisión de Bruen, intentando regular dónde pueden portar armas las personas con licencia.

Estados como Nueva York, Nueva Jersey, California y Maryland han enfrentado litigios por restricciones a la portación en espacios privados abiertos al público o en lugares considerados sensitivos.

La decisión del Supremo limita la capacidad de los estados para convertir grandes categorías de propiedad privada abierta al público en zonas libres de armas por defecto. Sin embargo, no resuelve todos los debates pendientes sobre portación en parques, playas, bares, restaurantes que sirven alcohol, transportación pública u otros espacios designados como sensitivos.

Victoria para defensores de la Segunda Enmienda

Organizaciones defensoras del derecho a portar armas celebraron la decisión como una nueva afirmación de que los estados no pueden evadir Bruen mediante reglas administrativas que hagan impráctico ejercer la portación pública.

Para esos grupos, el fallo confirma que el derecho a portar armas para defensa propia no termina en la entrada de un comercio privado abierto al público, salvo que el dueño decida excluirlas.

Del otro lado, defensores del control de armas y funcionarios estatales demócratas criticaron la decisión al advertir que limita herramientas de seguridad pública y coloca mayor responsabilidad sobre los propietarios de negocios, que ahora tendrán que expresar activamente si no desean armas en sus establecimientos.

Otra señal del rumbo del Supremo

La decisión en Wolford v. Lopez confirma la dirección que ha tomado el Supremo federal en materia de Segunda Enmienda desde Bruen: las restricciones modernas a la portación de armas deben estar conectadas con una tradición histórica reconocible y no pueden operar como prohibiciones amplias disfrazadas de reglas administrativas.

Para los estados, el mensaje es claro: pueden regular, pero no pueden convertir el derecho a portar armas en una excepción que depende del permiso previo de cada establecimiento.

Para los portadores con licencia, el fallo representa una victoria concreta. Para los estados que buscan restringir la portación en espacios públicos y privados de acceso general, representa una advertencia constitucional.