Especial 250 Años: La traición de Benedict Arnold - Parte 16

En la continuación del especial de INDIARIO, hablaremos del precio de la vanidad. Cómo el mejor general de América intentó vender a Washington

Por Redacción InDiarioHistoria|

Recreación fotográfica del general Benedict Arnord, intentando traicionar Washington con el Mayor John André del ejercito británico en Nueva York 1776. (INDIARIO / IA)
Comparte el artículo:

En la mitología estadounidense, el nombre de Benedict Arnold es sinónimo del mal absoluto. Es el Judas Iscariote de 1776. Pero en INDIARIO sabemos que nadie se despierta un día decidiendo ser el villano de la historia. La traición más grande de la Revolución no nació de una lealtad secreta al Rey Jorge III, sino de una mezcla letal y muy humana: ego herido, deudas aplastantes y la burocracia incompetente del propio Congreso Continental.

Hoy, a solo una semana del Semiquincentenario, nuestra cuenta regresiva retoma la historia del Anillo Culper para analizar su golpe maestro: el día en que desenmascararon a un héroe y salvaron a George Washington de caer en una trampa mortal.

El héroe destrozado y olvidado 

Antes de ser un traidor, Benedict Arnold era, sin exagerar, el comandante de combate más brillante, agresivo y exitoso de George Washington. Mientras otros generales dudaban, Arnold lideraba cargas suicidas. En la Batalla de Saratoga (el punto de inflexión de la guerra), Arnold desobedeció órdenes directas de quedarse en su tienda, cabalgó al frente, rompió las líneas británicas y recibió un balazo que le destrozó la pierna. Dio su sangre por la independencia.

¿Su recompensa? El Congreso Continental, lleno de políticos que daban ascensos basados en el nepotismo y cuotas regionales en lugar de mérito militar, lo ignoró sistemáticamente. Ascendieron a hombres menos capaces por encima de él y lo acusaron falsamente de corrupción. Arnold, un hombre inmensamente orgulloso y vanidoso, se sintió humillado. Había dado su cuerpo por un país que ni siquiera le pagaba su salario.

La seducción de Peggy Shippen 

Mientras se recuperaba en Filadelfia como gobernador militar de la ciudad, un Arnold cojo y amargado conoció su perdición: Peggy Shippen. Peggy era una deslumbrante joven de la alta sociedad, la mitad de su edad, y provenía de una familia secretamente lealista.

Acostumbrada a los lujos, Peggy empujó a Arnold a un estilo de vida extravagante que lo hundió en la ruina financiera. Y lo más letal: ella tenía contactos en el alto mando británico. A través de Peggy, Arnold comenzó a cartearse con el Mayor John André, el apuesto y carismático jefe de inteligencia del ejército británico en Nueva York.

El plan: Vender el corazón de América 

La traición no fue espontánea; fue una transacción comercial meticulosamente negociada. Arnold logró convencer a un desprevenido George Washington para que lo nombrara comandante de West Point, el fuerte más estratégico del país. Quien controlara West Point, controlaba el río Hudson, y quien controlara el Hudson, partiría a las 13 colonias en dos, aislando a la radical Nueva Inglaterra del resto del continente.

Arnold le ofreció a los británicos entregarles los planos del fuerte, debilitar sus defensas a propósito y permitir que lo capturaran sin casi disparar un tiro. ¿El precio? 20,000 libras esterlinas (una inmensa fortuna hoy en día). Además, el premio mayor estaba incluido en el paquete: Arnold sabía que George Washington tenía planeado visitar West Point en esos mismos días. Iba a entregar al Comandante en Jefe en bandeja de plata.

El golpe maestro del Anillo Culper 

Aquí es donde la red de espionaje de Washington entra en juego. El Mayor John André se reunió en secreto con Arnold para cerrar el trato y recoger los planos de West Point. Sin embargo, al intentar regresar a las líneas británicas disfrazado de civil, André fue interceptado por tres milicianos locales en los bosques de Nueva York. Al revisarlo, encontraron los planos ocultos dentro de su bota.

Al principio, los oficiales patriotas locales no entendieron la magnitud de lo que tenían en las manos y estuvieron a punto de enviar a André, como prisionero, de regreso a las manos de su "comandante"... Benedict Arnold.

Afortunadamente, el Mayor Benjamin Tallmadge, el director del Anillo Culper, intervino. Gracias a la inteligencia previa que su red de espías había estado recolectando sobre las misteriosas comunicaciones en el área, Tallmadge reconoció de inmediato que Arnold era el traidor. Se negó rotundamente a entregar al prisionero, bloqueando la fuga de información.

La ironía de la historia 

Arnold logró enterarse de la captura de André apenas unas horas antes de que Washington llegara a West Point para su visita sorpresa. Huyó corriendo hacia el río, dejando atrás a su esposa y a su bebé, y remó desesperadamente hasta alcanzar el buque de guerra británico HMS Vulture.

El carismático Mayor André fue ahorcado como espía, llorado incluso por los americanos que lo ejecutaron. Arnold recibió una fracción del dinero prometido y el desprecio de los propios oficiales británicos, quienes nunca confían en un traidor.

En INDIARIO destacamos que la traición de Arnold tuvo un efecto inesperado. El shock de ver a su héroe más grande convertido en mercenario sacudió a las colonias de su apatía y unió al exhausto país más que cualquier victoria militar. Arnold quería riqueza y respeto eterno; lo que consiguió fue asegurar la inmortalidad de su nombre, pero como el mayor insulto que puede recibir un ciudadano estadounidense.

(Mañana, en nuestra entrega para el Día 6 de la cuenta regresiva, bajaremos a las entrañas del infierno flotante. Conoceremos el lado más sádico de la ocupación británica: Los Barcos Prisión. Hablaremos del infame HMS Jersey, donde murieron más patriotas por hambre y enfermedades que en todas las batallas de la guerra combinadas).