Especial 250 Años: Benjamin Franklin en Paris - Parte 14

En la continuación de este especial de INDIARIO, viajamos a Europa, para conocer el arma secreta, Benjamin Franklin y su diplomacia

Por Redacción InDiarioHistoria|

Recreación fotográfica de una audiencia de Benjamin Franklin ante el Rey Luis XVI de Francia en el Palacio de Versalles, acompañado por Madame Brillon y Madame Helvétius en 1776 (INDIARIO/AI)
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La Revolución Estadounidense no se salvó en los fríos campamentos militares de Nueva Inglaterra, ni con discursos heroicos en el Congreso. Se salvó a miles de kilómetros de distancia, en los lujosos y perfumados salones con espejos de Versalles.

Hoy, a 9 días del Semiquincentenario, nuestra cuenta regresiva cruza el Atlántico. En Indiario sabemos que las guerras no se ganan solo con ideales; se ganan con pólvora, barcos y montañas de oro. A finales de 1776, Estados Unidos no tenía ninguna de las tres cosas. Para sobrevivir, el Congreso Continental tomó una decisión desesperada: enviar a su delegado más famoso, un anciano de 70 años enfermo de gota, para convencer a la monarquía absoluta de Francia de que financiara una revolución democrática.

Ese hombre era Benjamin Franklin, y lo que hizo en París fue, sin exagerar, una de las operaciones de manipulación diplomática, relaciones públicas y seducción más brillantes de la historia moderna.

El genio del marketing: Inventando al "americano" 

Cuando Franklin llegó a Francia, sabía que competir en el juego de la aristocracia europea con sus propias reglas era inútil. Los diplomáticos tradicionales usaban pelucas empolvadas, trajes de seda bordados y hablaban con formalidad rígida.

Franklin hizo exactamente lo contrario. Entendiendo que la élite francesa estaba obsesionada con las ideas de la Ilustración y la figura romántica del "buen salvaje" no corrompido por la civilización, Franklin diseñó su propio personaje. Se presentó en París vistiendo un sencillo abrigo marrón de lana, sin peluca, con sus propios escasos cabellos grises al viento y un rústico sombrero de piel de marta en la cabeza.

Jugó el papel del filósofo puro, sabio y natural de los bosques americanos. Fue un éxito absoluto de marketing. París enloqueció. Su rostro, con las icónicas gafas bifocales que él mismo inventó, comenzó a aparecer en tazas de té, medallones, relojes y cajas de rapé por toda Europa. Era, literalmente, la celebridad más grande del mundo en ese momento.

La diplomacia de alcoba y salón 

Pero ser famoso no era suficiente; necesitaba el tesoro real. Franklin comprendió rápidamente que en la corte de Luis XVI, el poder real a menudo fluía a través de las mujeres de la alta sociedad que organizaban los famosos salones literarios y políticos.

A pesar de su edad, Franklin desató todo su encanto. Flirteó descaradamente con mujeres increíblemente influyentes como Madame Brillon y Madame Helvétius. Escribió cartas seductoras, compuso poemas y se convirtió en el invitado indispensable de todas las fiestas de la élite. A través de estas relaciones íntimas de salón, Franklin esparció sus ideas y tejió una red de presión social ineludible sobre el ministro de asuntos exteriores francés, el Conde de Vergennes, y sobre el propio rey.

El pacto con el rey absoluto 

El objetivo de Franklin era lograr que Francia, el enemigo jurado de Gran Bretaña, entrara a la guerra. No apeló a los "derechos humanos" (Luis XVI era un rey absoluto, después de todo), sino al puro pragmatismo geopolítico: ayudar a los americanos debilitaría al Imperio Británico y devolvería a Francia su estatus como la potencia suprema de Europa.

Tras la victoria estadounidense en la Batalla de Saratoga a finales de 1777 (la prueba de que la rebelión era viable), la trampa de Franklin se cerró. Logró firmar el Tratado de Alianza de 1778. A través de su diplomacia, Estados Unidos recibió préstamos masivos, armas, uniformes y, lo más crucial, la intervención de la poderosa armada y el ejército regular francés, sin los cuales la independencia habría sido aniquilada.

La ironía fatal para la corona francesa 

En Indiario, sabemos que la historia siempre tiene un epílogo oscuro. Al usar su inmenso encanto para abrir las bóvedas del tesoro de Versalles, Franklin salvó a los Estados Unidos, pero condenó a su anfitrión.

Los préstamos astronómicos que Luis XVI le otorgó a la rebelión estadounidense llevaron a Francia a la bancarrota total. Apenas una década después, esa asfixia económica, combinada con las mismas ideas de "libertad" que Franklin había puesto de moda en los salones parisinos, estallaría en la Revolución Francesa. El rey que financió la libertad de Estados Unidos terminó perdiendo su propia cabeza en la guillotina.

(Mañana, en nuestra entrega para el Día 8 de la cuenta regresiva, regresaremos a las sombras del conflicto americano. Hablaremos de un arma igual de letal que la diplomacia: El Anillo Culper. Descubre cómo George Washington organizó la primera red de espionaje profesional, utilizando tinta invisible, códigos numéricos y amas de casa para robarle los secretos al ejército británico).

Indiario presenta una serie de reportajes especiales sobre los sucesos que guiaron a la Declaración de Independencia de EEUU