Especial 250 Años: "Recuerda a las damas" - Parte 12

En la continuación de este especial de INDIARIO, recordamos la pluma afilada de Abigail Adams y su famoso mensaje a su esposo "recuerda a las damas"

Por Redacción InDiarioHistoria|

Recreación de Abigail Adams, esposa de John Adams, escribiéndole a su esposo en 1776 (INDIARIO / AI)
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La historia oficial nos ha enseñado a buscar la Revolución en los campos de batalla humeantes y en los ruidosos pasillos del Congreso Continental en Filadelfia. Pero en Indiario sabemos que algunas de las ideas más radicales y subversivas de 1776 no se gritaron a los cuatro vientos, sino que viajaron en silencio, selladas con cera, a través del precario sistema de correo colonial.

Hoy, a 11 días del Semiquincentenario, nos alejamos de los "Padres Fundadores" para adentrarnos en la intimidad de una granja en Massachusetts y leer la correspondencia de Abigail Adams. Mucho más que "la esposa" de John Adams, Abigail fue su principal asesora política, su estratega de confianza y, en la primavera de 1776, la mujer que tuvo la audacia de amenazar a los arquitectos de la nación con iniciar una segunda revolución.

La estratega en la retaguardia 

Mientras John Adams pasaba los meses en Filadelfia debatiendo sobre derechos inalienables, Abigail estaba en Braintree, lidiando con la cruda realidad de la guerra. Administraba la granja sola, enfrentaba la escasez económica, esquivaba epidemias de viruela y escuchaba los cañonazos de la artillería británica desde su ventana.

Abigail sabía que su esposo y sus colegas estaban a punto de declarar la independencia y de redactar un nuevo código de leyes. Y fue entonces, el 31 de marzo de 1776, cuando tomó la pluma y le escribió a John una carta que destrozaba, con impecable lógica jurídica, la inmensa hipocresía del proyecto patriota.

El ultimátum femenino 

En su carta, Abigail le lanzó una advertencia directa a los líderes del Congreso:

"Deseo que recuerden a las damas y sean más generosos y favorables con ellas que sus antepasados. No pongan un poder tan ilimitado en manos de los esposos. Recuerden que todos los hombres serían tiranos si pudieran".

Pero Abigail no se detuvo en una simple súplica moral. Como brillante observadora política, tomó la propia propaganda de la Revolución ("no hay impuestos sin representación") y la volvió en contra de los hombres que la predicaban. Lanzó un ultimátum brutal:

"Si no se nos presta atención y cuidado particular a las damas, estamos decididas a fomentar una rebelión, y no nos consideraremos obligadas a acatar ninguna ley en la que no tengamos voz ni representación".

La doctrina de la "muerte civil" 

Para entender lo explosivo de esta declaración, hay que entender cómo funcionaba la ley colonial. Bajo la doctrina legal inglesa de la coverture (cobertura), una mujer perdía su identidad legal al casarse. No podía poseer propiedades, no podía firmar contratos, no podía demandar en los tribunales y no tenía derecho sobre sus propios salarios ni sobre sus propios hijos. Para el Estado, una mujer casada estaba civilmente muerta; su existencia quedaba "cubierta" por la de su marido.

Abigail no estaba pidiendo simplemente cortesía; estaba exigiendo que la nueva nación desmantelara el sistema de opresión legal y patriarcal. Argumentaba que era absurdo luchar para librarse de la tiranía de un rey al otro lado del océano, solo para mantener la tiranía absoluta de los esposos dentro de cada hogar americano.

La burla de los Padres Fundadores 

¿Cuál fue la respuesta de John Adams, el gran defensor de la libertad humana? Una burla condescendiente.

El 14 de abril, John le respondió a su esposa desestimando por completo su advertencia: "En cuanto a tu extraordinario código de leyes, no puedo sino reírme". John le aseguró que los hombres sabían muy bien que su título de "amos" era solo de nombre, y que en la práctica estaban sujetos al "despotismo de las enaguas".

Para Adams y el resto del Congreso, la idea de otorgar derechos legales y políticos a las mujeres era tan absurda e impensable como dárselos a los nativos americanos, a los niños o a las personas esclavizadas.

El costo de una carcajada 

Al reírse de la advertencia de Abigail Adams y negarse a "recordar a las damas", los fundadores garantizaron que la promesa de la Declaración de Independencia naciera rota para la mitad de la población.

En Indiario destacamos hoy esta carta porque Abigail Adams no solo fue una aguda crítica de su tiempo, sino una profetisa. La rebelión que ella amenazó con iniciar no estalló con mosquetes en 1776, pero tomó forma décadas después en Seneca Falls, en las marchas sufragistas y en una lucha agotadora que tardaría 144 años en culminar con el derecho al voto femenino en 1920.

A 250 años de distancia, la pluma de Abigail nos recuerda que los grandes próceres de la libertad fueron, en el ámbito privado, los mismos tiranos contra los que decían luchar.

(Mañana, en nuestra entrega para el Día 10 de la cuenta regresiva, entraremos en la fase más oscura de la guerra civil americana original. Hablaremos de "Los Lealistas": ¿qué pasó con el 20% de la población colonial que se negó a traicionar al rey, y cómo fueron cazados, torturados y exiliados por sus propios vecinos "patriotas"?)

Indiario presenta una serie de reportajes especiales sobre los sucesos que guiaron a la Declaración de Independencia de EEUU