Especial 250 Años: El "crimen literario" - Parte 9
En la continuación de este especial de INDIARIO, veremos qué pasó cuando Jefferson presentó su borrador al Congreso Continental
Por Redacción InDiario|Historia|
Cualquier escritor que haya sometido su obra al escrutinio de un comité conoce el dolor de ver su texto despedazado. Pero lo que ocurrió en el Congreso Continental en los primeros días de julio de 1776 no fue una simple edición; fue, en palabras del propio Thomas Jefferson, una "mutilación".
Hoy, a 14 días de la gran conmemoración del Semiquincentenario, nuestra cuenta regresiva entra en la sofocante sala del Independence Hall para presenciar la carnicería editorial que transformó el borrador original de la Declaración de Independencia y selló el destino trágico de millones de personas.
El silencio del autor herido
El 28 de junio, el Comité de los Cinco había presentado oficialmente el borrador al Congreso. Sin embargo, no fue hasta el 2 de julio —inmediatamente después de votar a favor de la independencia— que los delegados se sentaron con pluma roja en mano a revisar el texto línea por línea.
Jefferson, orgulloso de su prosa poética y sus agudos ataques contra la corona, tuvo que sentarse en silencio en un rincón de la sala durante más de dos días mientras docenas de políticos tachaban, reescribían y eliminaban aproximadamente el 25% de sus palabras. Benjamin Franklin, al ver a Jefferson retorciéndose de dolor por su orgullo literario herido, se acercó para consolarlo, aconsejándole que nunca escribiera nada que fuera a ser juzgado por un comité público.
Pero más allá del ego literario de Jefferson, hubo un corte específico, una mutilación mayúscula, que cambiaría para siempre la historia de los Estados Unidos.
La condena a la esclavitud: El ataque al comercio transatlántico
En su borrador original, Jefferson había incluido un párrafo ardiente y extenso —el más largo de todo el documento— que condenaba directamente al Rey Jorge III por el comercio transatlántico de esclavos. Jefferson escribió que el rey había "librado una guerra cruel contra la naturaleza humana misma, violando sus derechos más sagrados a la vida y la libertad en las personas de un pueblo distante que nunca lo ofendió, cautivándolos y llevándolos a la esclavitud".
Era una afirmación asombrosa. En medio del documento fundacional del país, se estaba intentando calificar a la esclavitud como un crimen contra la humanidad.
El ultimátum del Sur y la hipocresía del Norte
En cuanto la lectura del borrador llegó a esa cláusula, la sala estalló. Los delegados de Carolina del Sur y Georgia, liderados por figuras como Edward Rutledge, dieron un ultimátum brutalmente claro: si esa cláusula permanecía en el documento, ellos no firmarían la Declaración de Independencia. No tenían ninguna intención de abandonar el trabajo esclavo que sostenía las economías de sus plantaciones.
Pero en Indiario no dejamos que la historia absuelva al resto. Los delegados del Norte, que hoy a menudo son romantizados como los "buenos" de la historia, bajaron la cabeza y se mantuvieron en un silencio cómplice. ¿La razón? Aunque en Nueva Inglaterra no había grandes plantaciones, los mercaderes y armadores de lugares como Rhode Island y Massachusetts se habían hecho asquerosamente ricos construyendo los barcos y financiando las expediciones que traían a las personas esclavizadas desde África. Condenar el comercio era condenar sus propios bolsillos.
Y luego estaba la innegable hipocresía del propio Jefferson: culpar al rey de Inglaterra por imponerles la esclavitud, cuando el mismo Jefferson (y muchos otros en la sala) compraba, vendía y se beneficiaba diariamente de personas esclavizadas, era un acto de acrobacia moral que muchos delegados consideraron simplemente absurdo.
El pacto con el diablo
Para lograr la unanimidad absoluta que necesitaban para independizarse, el Congreso tomó una decisión fría y calculada: tacharon la cláusula por completo. Borraron la esclavitud de la Declaración de Independencia.
Al sacrificar la cláusula de Jefferson en el altar de la unidad política, los Padres Fundadores hicieron un pacto con el diablo. Lograron presentar un frente unido contra Gran Bretaña, pero al barrer el "ensamblaje de horrores" de la esclavitud debajo de la alfombra, garantizaron que la sangre de esa omisión no se derramaría en 1776, sino 85 años después, cuando el país se partiera en dos durante la Guerra Civil más devastadora de su historia.
(Mañana, en nuestra entrega, exploraremos la figura de John Dickinson, el "patota renuente". ¿Por qué uno de los hombres más brillantes del Congreso, y un ferviente defensor de los derechos coloniales, se negó rotundamente a firmar la Declaración de Independencia?)





