Especial 250 años: El Comité de los Cinco - Parte 7

En la continuación de este especial de INDIARIO, nos hablamos del Comité de los Cinco y las tres semanas de paranoia para inventar la excusa perfecta

Por Redacción InDiarioHistoria|

Recreación fotográfica del Comité de los Cinco, Benjamin Franklin (Pensilvania), John Adams (Massachusetts), Roger Sherman (Connecticut), Thomas Jefferson (Virginia) y Robert R. Livingston (NY) - (INDIRARIO / AI)
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Cuando Richard Henry Lee propuso la independencia el 7 de junio, el Congreso Continental estuvo a punto de implosionar. Para evitar que los delegados moderados abandonaran Filadelfia en pánico, se tomó una decisión pragmática: posponer la votación final durante tres semanas. El objetivo era ganar tiempo para torcer brazos políticos y lograr la unanimidad.

Pero los radicales sabían que no podían quedarse de brazos cruzados. Si iban a romper con el imperio más grande del mundo, necesitaban un documento legal, filosófico y, sobre todo, propagandístico, para justificar esa rebelión ante la comunidad internacional (específicamente ante Francia, a quien necesitaban desesperadamente como aliado militar).

Hoy, a 16 días del Semiquincentenario, revelamos cómo se orquestó ese documento. Para redactarlo, el Congreso nombró a un grupo de delegados que la historia bautizaría gloriosamente como el "Comité de los Cinco". Pero en Indiariosabemos que las grandes obras maestras políticas rara vez se escriben en comité. Al final, el trabajo sucio recayó en un solo hombre que ni siquiera quería hacerlo.

El escuadrón de la traición y el cálculo geográfico 

El Comité de los Cinco no fue elegido al azar; fue una obra maestra de cálculo geopolítico para representar a todas las facciones rebeldes. Incluía al veterano Benjamin Franklin(Pensilvania), al abrasivo estratega John Adams (Massachusetts), al abogado conservador Roger Sherman(Connecticut), al acaudalado aristócrata Robert R. Livingston (Nueva York) y a un silencioso delegado de Virginia de 33 años: Thomas Jefferson.

La lógica dictaba que el borrador debía ser escrito por Adams, el motor intelectual de la independencia, o por Franklin, el escritor y pensador más famoso de América. Sin embargo, ninguno de los dos tomó la pluma.

¿Por qué Adams y Franklin se lavaron las manos? 

Franklin, a sus 70 años, sufría de gota severa y detestaba redactar documentos que luego serían despedazados y editados por un comité. Se dice que incluso temían que, si Franklin lo escribía, incluyera algún chiste oculto en la declaración.

John Adams, por su parte, demostró una inusual autoconciencia política. Él sabía que era un hombre profundamente odiado en el Congreso. Era beligerante, impaciente y dogmático. Si el borrador llevaba su firma, los moderados lo rechazarían simplemente por fastidiarlo.

La encerrona a Jefferson 

Adams necesitaba a alguien de Virginia (la colonia más poderosa) que fuera agradable, respetado y, fundamentalmente, que no tuviera enemigos políticos. Ese era Thomas Jefferson.

Jefferson era un erudito brillante, pero un pésimo político de salón. Odiaba hablar en público, detestaba el clima húmedo de Filadelfia, extrañaba a su joven esposa y su única ambición real en ese momento era regresar a su plantación en Monticello para redactar la constitución local de su propio estado.

Según las memorias del propio Adams, tuvo que acorralar a Jefferson para obligarlo a aceptar la tarea. Cuando Jefferson le preguntó por qué debía hacerlo él, Adams respondió con brutal honestidad: "Razón primera: eres un virginiano, y un virginiano debe estar a la cabeza de este negocio. Razón segunda: yo soy antipático, sospechoso e impopular. Tú eres todo lo contrario. Razón tercera: tú puedes escribir diez veces mejor que yo".

Acorralado, halagado y presionado por la responsabilidad de su estado, el joven introvertido aceptó.

Se retiró a sus habitaciones alquiladas en el segundo piso de una casa de ladrillos en las afueras de Filadelfia. Allí, lejos de los gritos del Congreso, acompañado solo por su esclavo personal, Robert Hemings, y un violín con el que aliviaba el estrés, Jefferson se sentó frente a un escritorio portátil que él mismo había diseñado.

Tenía poco más de dos semanas para inventar un país.

(Mañana, en nuestra entrega para el Día 15, nos asomaremos por encima del hombro de Jefferson mientras redacta el borrador. Analizaremos las fuentes de su inspiración y, lo más perturbador, la inmensa hipocresía de escribir "todos los hombres son creados iguales" mientras un esclavo le servía el té).

Indiario presenta una serie de reportajes especiales sobre los sucesos que guiaron a la Declaración de Independencia de EEUU