Especial 250 años: Poderosa propaganda callejera - Parte 5

En la continuación de este especial de INDIARIO, veremos cómo un inmigrante fracasado armó la Revolución con "Sentido Común"

Por Redacción InDiarioHistoria|

Recreación de Thomas Paine, muestra la publicación de su panfleto "Common Sense" en 1774. (Indiario AI)
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Si la Batalla de Bunker Hill demostró que los colonos podían derramar sangre británica, los meses siguientes demostraron un problema mucho mayor: la pólvora se agota, y sin apoyo popular, cualquier ejército rebelde termina colgado en la plaza pública. Para ganar una guerra contra un imperio, no bastaba con convencer a las élites intelectuales en Filadelfia; había que convencer al cantinero, al herrero y al granjero.

Hoy, a 18 días del Semiquincentenario, nuestra cuenta regresiva se aleja de los campos de batalla físicos para adentrarse en la guerra de las mentes. Es el turno de hablar de la pieza de propaganda callejera más letal de la historia estadounidense y de su improbable autor: un hombre que demostró que un panfleto bien escrito puede hacer más por la independencia que mil mosquetes.

El antihéroe perfecto 

Thomas Paine no era un "Padre Fundador" de cuna de oro. Cuando llegó a las colonias a finales de 1774, era, para cualquier estándar de la época, un fracaso absoluto. Había fracasado como fabricante de corsés, como recaudador de impuestos (fue despedido dos veces) y su matrimonio se había desmoronado. Llegó a Filadelfia enfermo de tifus, casi en la ruina, armado únicamente con una carta de recomendación que Benjamin Franklin le había dado por lástima en Londres.

Pero Paine tenía un talento singular: poseía una rabia visceral contra la monarquía y el don de escribir exactamente como hablaba la gente común.

El "Bruto Real" y el fin del tabú 

Hasta enero de 1776, cuando se publicó su panfleto anónimo de 47 páginas titulado "Sentido Común" (Common Sense), la mayoría de los colonos aún culpaban de sus miserias al Parlamento británico, pero seguían brindando por la salud del Rey Jorge III en las tabernas. La monarquía era sagrada.

Paine destrozó ese tabú a martillazos. En Sentido Común, apuntó directamente a la corona. Llamó a Jorge III el "Bruto Real de Gran Bretaña" y argumentó, con una lógica implacable, que la idea misma de que un continente entero fuera gobernado por una isla a miles de kilómetros de distancia, y por un hombre cuyo único mérito era haber nacido en la familia correcta, era un insulto a la razón humana.

De la élite a la taberna: La democratización de la rabia 

Los ensayos de hombres como Thomas Jefferson o John Adams estaban llenos de referencias grecorromanas y citas de la Ilustración francesa, diseñados para ser leídos por otros aristócratas en salones cerrados.

Paine, en cambio, inventó el periodismo de combate. Escribió para la calle. Usó un lenguaje directo, coloquial y lleno de referencias bíblicas que cualquier feligrés o campesino podía entender. Sentido Común no pedía una renegociación de impuestos; exigía la creación de un mundo completamente nuevo, una república donde "la ley es el rey".

Un fenómeno viral del siglo XVIII 

El impacto fue volcánico. En una época donde las colonias tenían unos tres millones de habitantes, Sentido Común vendió estimadamente unas 500,000 copias. Fue el equivalente del siglo XVIII a un contenido que rompe el internet. Se leía en voz alta en iglesias, plazas y campamentos militares.

George Washington, leyendo el estado de ánimo de sus tropas, notó que el panfleto estaba "provocando un cambio poderoso en la mente de muchos hombres". Y es que Paine hizo algo que las élites políticas aún no lograban: convirtió un conflicto por tasas aduaneras en una cruzada moral.

En Indiario destacamos hoy a Thomas Paine porque nos recuerda una máxima ineludible del poder: un soldado lucha por obligación o por un sueldo, pero un ciudadano armado con una idea es imparable. Paine, el inmigrante fracasado, le dio a la clase trabajadora estadounidense la justificación intelectual que necesitaban para tomar las armas. Él fue quien puso las balas en la recámara de la historia.

(Mañana, en nuestra entrega, entraremos finalmente a los tensos pasillos del Congreso Continental para conocer a Richard Henry Lee: el delegado virginiano que se jugó el cuello al proponer, en voz alta y por escrito, que las colonias debían declararse estados libres).