Especial 250 Años: Patriotas negros y la traición - Parte 11
En la continuación de este especial de INDIARIO, recordamos la sangre olvidada, los negros que lucharon por la libertad, y luego fueron esclavizados
Por Redacción InDiario|Historia|
Cuando hojeamos los libros de historia tradicionales o contemplamos los monumentos de mármol que adornan Washington D.C., la Revolución Estadounidense parece un asunto exclusivamente de hombres blancos, terratenientes y de clase media. Pero en Indiario sabemos que los mitos de mármol tienden a borrar las verdades incómodas.
Hoy, a 12 días del Semiquincentenario, nos detenemos a observar el rostro más trágico y heroico de la guerra: la inmensa paradoja de los miles de afroamericanos que tomaron un mosquete y marcharon a la muerte para construir una república que, casi de inmediato, les pondría de nuevo las cadenas.
La primera sangre derramada
La ironía histórica comienza incluso antes de que estallara la guerra oficial. Si te preguntan quién fue el primer mártir de la independencia estadounidense, la respuesta correcta no es un comerciante de Boston ni un granjero de Lexington. Es Crispus Attucks.
En 1770, durante la infame Masacre de Boston, Attucks, un hombre de ascendencia africana e indígena que había escapado de la esclavitud, estaba en la primera línea de la protesta contra las tropas británicas. Fue el primero en recibir un balazo de los Casacas Rojas. El primer hombre en morir por la libertad de las colonias era alguien a quien las leyes coloniales consideraban una propiedad fugitiva.
El pánico de Washington y el pragmatismo británico
Cuando estalló la guerra, la presencia de afroamericanos armados generó pánico entre las élites patriotas, especialmente en el sur. De hecho, en el verano de 1775, George Washington, como nuevo comandante del Ejército Continental, prohibió explícitamente el reclutamiento de hombres negros, tanto libres como esclavizados. El temor de armar a quienes mantenían oprimidos superaba su necesidad de tropas.
Pero la guerra te obliga a ser pragmático, y los británicos fueron los primeros en darse cuenta. A finales de 1775, Lord Dunmore, el gobernador real británico de Virginia, emitió una proclamación explosiva: prometió la libertad inmediata a cualquier persona esclavizada por un rebelde si escapaba y se unía al ejército británico. Miles lo hicieron.
Aterrado al ver que los británicos estaban sumando tropas mientras sus propias filas menguaban por deserciones y enfermedades, Washington tuvo que tragarse su orgullo de hacendado virginiano y revertir su orden. El Ejército Continental abrió sus puertas a los hombres negros.
Luchar por una promesa vacía
Se estima que entre 5,000 y 8,000 afroamericanos lucharon en el bando patriota. No eran tropas de retaguardia; estuvieron en el fragor de los combates más brutales. Un ejemplo estelar fue el Primer Regimiento de Rhode Island, conocido como el "regimiento negro", que luchó con ferocidad inigualable y sufrió bajas masivas defendiendo a sus comandantes blancos.
¿Por qué luchaban? Muchos hombres libres luchaban por el mismo fervor patriótico que sus vecinos blancos. Pero la inmensa mayoría de los esclavizados luchaban porque sus amos los enviaban en su lugar (como sustitutos para no arriesgar sus propias vidas) o porque se les prometió la emancipación al finalizar su servicio militar.
En los campamentos nevados de Valley Forge, las fogatas calentaban a un ejército sorprendentemente integrado. Hombres blancos y negros dormían, sangraban y morían juntos bajo el grito de "Libertad o Muerte".
La gran traición
Sin embargo, cuando el humo se disipó y los británicos se rindieron, la realidad golpeó con toda su fuerza. Mientras que en el norte la participación en la guerra aceleró la abolición gradual de la esclavitud, en el sur, la historia fue radicalmente distinta y profundamente cínica.
Muchos veteranos negros que sobrevivieron a las balas británicas y regresaron a casa esperando la libertad prometida, se encontraron con que el acuerdo había sido "olvidado". Sus dueños simplemente los reesclavizaron. Hombres que habían peleado heroicamente en batallas como Yorktown fueron devueltos a los campos de tabaco y algodón por la misma nación que acababan de ayudar a liberar.
Ese es el verdadero peso de esta entrega de Indiario. Es fácil aplaudir el heroísmo desde la comodidad de la victoria. Pero el patriotismo más profundo y desgarrador de 1776 no pertenece a quienes escribieron que "todos los hombres son iguales", sino a aquellos soldados negros que sabían que el documento era una mentira, y aun así decidieron dar su vida con la esperanza de que, algún día, su país estuviera a la altura de sus propias palabras.
(Mañana, en nuestra entrega para el Día 11 de la cuenta regresiva, entraremos al ámbito privado de los patriotas para leer la correspondencia más subversiva de la época: la pluma afilada de Abigail Adams y su famosa advertencia a su esposo de que, si no "recordaban a las damas" al fundar el país, las mujeres iniciarían su propia rebelión).





