Las manos que sostienen el hogar

La autora reflexiona sobre el rol de las madres entre amor, sacrificio y país.

Por Aliana LyanellOpinión|

Las mamás son las que pasan la Palabra De Dios de generación en generación.
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Por: Aliana Lyanell (@ElRabbitHolePR) - Hay cierta confianza que solo existe con la persona que te trajo al mundo. Esa persona que te llevó en su vientre por meses, protegiéndote incluso antes de que entraras a esta tierra. Ella conoce partes de ti que nadie más conoce y tiene una conexión contigo que nadie más podrá tener jamás. Fueron sus brazos los primeros que te abrazaron y sus labios los primeros que te besaron.

Las mamás son quienes pasan la Palabra de Dios de generación en generación, asegurándose de que sus hijos sepan que lo tienen todo, aun cuando ellas falten, porque tienen a Dios. Son las que se encargaban de tener a todos listos los domingos para la iglesia, pendientes a que los vestidos fueran del color correcto y la tela indicada para ir a adorar a Dios.

La que organiza los cumpleaños aunque nadie organice el de ella. La que toma las fotos aunque casi nunca aparezca en ellas. La que iba a trabajar y luego se sentaba con sus hijos a estudiar. La que sacrificó parte de su educación y muchos de sus sueños para que sus hijos tuvieran alas para soñar.

La mamá que limpia las lágrimas que nadie más ve, porque nadie te amará como ella te ama, a pesar de tus errores. La que aparenta ser fuerte aunque por dentro también tenga miedo, cansancio y días en los que siente que ya no puede más. Pero sigue. Sigue porque una mamá aprende a amar incluso cuando está agotada.

A la mamá trabajadora y luchadora: nos enseñaste que sí se puede. Que las circunstancias de la vida no siempre favorecen, y aun así hay que levantarse todos los días a luchar. Nos enseñaste que nunca es muy tarde para soñar, que la paciencia tiene valor y que todo llega en el momento preciso.

Las mamás tienen una manera única de cargar el mundo sin que nadie se dé cuenta. Son refugio, consejo, hogar y oración. Son las que se despiertan temprano para asegurarse de que todo esté bien y las últimas en dormirse porque todavía están pensando en sus hijos. Las que oran bajito cuando nadie las escucha. Las que se preocupan por cosas que sus hijos ni imaginan.

Y aunque muchas veces no se les diga lo suficiente, gran parte de quienes somos nace del amor, el sacrificio y las enseñanzas de una madre. De esa mujer que quizás no tuvo todo perfecto, pero dio todo lo que tenía. Que cometió errores, sí, pero nunca dejó de amar.

Porque cuando el mundo se pone pesado, casi siempre hay una mamá tratando de hacerlo un poco más liviano.

Y qué regalo tan grande es tener a alguien que celebre tus victorias como si fueran suyas y que llore tus dolores como si también le pertenecieran. Alguien que te mire y siga viendo a su niño, aun cuando ya creciste.

Las mamás son evidencia del amor de Dios. Un amor paciente, sacrificial y constante. Un amor que corrige, abraza, levanta y permanece.

Gracias mami, feliz día de las madres