León XIV nombra a Eusebio Ramos arzobispo de San Juan

El presidente de la Conferencia Episcopal Puertorriqueña sucederá a Roberto González Nieves al frente de la sede metropolitana.

Por Redacción InDiarioPolítica|

Monseñor Eusebio Ramos, nuevo Arzobispo de San Juan. (Indiario)
Comparte el artículo:

El papa León XIV nombró este jueves a monseñor Eusebio Ramos Morales como nuevo arzobispo metropolitano de San Juan, tras aceptar la renuncia por edad de Roberto Octavio González Nieves, quien dirigió durante 27 años la principal jurisdicción de la Iglesia católica en Puerto Rico.

El nombramiento fue comunicado oficialmente por la Santa Sede a las 6:00 de la mañana, hora de Puerto Rico, coincidiendo con la celebración de la Transfiguración del Señor. Ramos Morales se desempeñaba como obispo de Caguas y, desde diciembre de 2024, preside la Conferencia Episcopal Puertorriqueña.

“Recibo esta nueva encomienda con sorpresa y con el natural temor que acompaña toda misión de gran responsabilidad”, expresó Ramos Morales en una carta dirigida a la comunidad católica. El nuevo arzobispo aseguró que aceptó la designación luego de un proceso de discernimiento y con espíritu de servicio, esperanza y disponibilidad misionera.

El cambio abre una nueva etapa para la Iglesia católica puertorriqueña y cierra una incumbencia extensa, influyente y, en varias ocasiones, controvertida. González Nieves fue instalado como arzobispo de San Juan el 8 de mayo de 1999 y presentó su renuncia en 2025, al cumplir los 75 años establecidos por el derecho canónico.

De Maunabo a la sede metropolitana

Ramos Morales nació el 15 de diciembre de 1952 en Maunabo. Antes de ingresar al seminario estudió Ciencias y Biología en la Universidad de Puerto Rico y trabajó como maestro. Posteriormente cursó Filosofía y Teología en Bayamón, México, Florida y Roma, donde obtuvo una licenciatura en Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana.

Fue ordenado sacerdote el 3 de junio de 1983 y ejerció su ministerio en comunidades de Yabucoa, Aibonito, Caguas, Humacao, Maunabo y Fajardo. También fue director espiritual y rector de seminario, profesor de Teología Dogmática y párroco.

El papa Benedicto XVI lo nombró en 2008 primer obispo de la recién creada Diócesis de Fajardo-Humacao. Su consagración episcopal fue presidida precisamente por González Nieves. En febrero de 2017, el papa Francisco lo trasladó a la Diócesis de Caguas.

Ramos Morales asumirá ahora una arquidiócesis con más de cinco siglos de historia y con importantes retos pastorales e institucionales. Entre estos se encuentran la reducción en la participación religiosa, la formación del clero, la protección de menores, la transparencia administrativa y la necesidad de evitar que las posiciones personales de sus dirigentes sean confundidas con posturas partidistas.

Su llegada representa una oportunidad para fortalecer la confianza de los feligreses, establecer mecanismos más transparentes para investigar denuncias y marcar una separación más clara entre la misión pastoral de la Iglesia y las luchas político-partidistas que dividen al país.

Fin a una gestión marcada por controversias

Aunque González Nieves mantuvo una presencia activa en asuntos sociales, económicos y humanitarios, sectores políticos —particularmente figuras vinculadas al movimiento estadista— cuestionaron repetidamente lo que consideraban una utilización del púlpito y de los símbolos religiosos para promover posiciones nacionalistas y soberanistas.

Uno de los episodios más notorios fue la creación del llamado Altar de la Patria en la Catedral de San Juan, dedicado a la identidad y a la “nación puertorriqueña”. La iniciativa provocó señalamientos de intromisión política y versiones sobre una posible orden del Vaticano para desistir del proyecto. La controversia dio paso a una visita apostólica iniciada en 2011 para examinar la labor pastoral, administrativa y económica del arzobispo.

González Nieves sostuvo entonces que las querellas respondían a sectores contrarios a su “agenda puertorriqueñista” y defendió el uso de conceptos como patria, nación e identidad. La investigación vaticana se extendió durante aproximadamente 19 meses, pero no encontró evidencia que sustentara las imputaciones de actividades ilícitas o irregularidades administrativas.

La controversia aumentó cuando el propio arzobispo declaró públicamente en 2018 que no favorecía la estadidad para Puerto Rico y que prefería una relación soberana con Estados Unidos. Aunque no anunció respaldo partidista al Partido Independentista Puertorriqueño ni defendió necesariamente la independencia tradicional, su rechazo a la anexión y su inclinación por fórmulas soberanistas fueron interpretados por sectores estadistas como una parcialización hacia la independencia.

El exgobernador Carlos Romero Barceló llegó a describirlo como el arzobispo “más político” de la historia de Puerto Rico y lo acusó de favorecer la independencia. Otros grupos estadistas promovieron peticiones ante el Vaticano alegando que González Nieves utilizaba espacios religiosos para adelantar mensajes políticos. El arzobispo, por su parte, sostuvo que la Iglesia debía hablar sobre la dignidad humana, la justicia social, la corrupción y los derechos del país, pero negó estar promoviendo candidatos o partidos desde los templos.

Monseñor Roberto González, sale del Arzobispado de San Juan tras cumplir la edad máxima para jubilación. (Archivo)

Reclamos por el manejo de denuncias de abuso sexual

Otro de los asuntos que dejó interrogantes durante su incumbencia fue la respuesta institucional de la Iglesia ante denuncias de abuso sexual cometidas por miembros del clero. González Nieves defendió públicamente una política de cero tolerancia, pero víctimas, feligreses y sectores de la opinión pública reclamaron investigaciones más amplias, mayor transparencia y una cooperación más directa con las autoridades civiles.

La crisis adquirió especial notoriedad en la Diócesis de Arecibo, donde investigaciones eclesiásticas por conducta sexual impropia culminaron con la expulsión de seis sacerdotes. Cuando el Departamento de Justicia solicitó los expedientes, nombres de víctimas y detalles sobre la manera en que se atendieron las querellas, la Diócesis inicialmente entregó únicamente una certificación con los nombres de los sacerdotes señalados y luego impugnó judicialmente varias citaciones de la Fiscalía.

El caso llegó al Tribunal Supremo de Puerto Rico, que tuvo que ponderar el poder del Estado para investigar posibles delitos, la confidencialidad reclamada por la Iglesia y el derecho a la intimidad de las víctimas. La mayoría del tribunal aclaró que aquel litigio no establecía que la Diócesis estuviera encubriendo sacerdotes, pero varias opiniones disidentes advirtieron que las restricciones impuestas al acceso de Justicia podían dificultar la investigación de delitos sexuales contra menores.

En medio del escándalo, González Nieves ofreció un respaldo público al entonces obispo de Arecibo, Daniel Fernández Torres, y sostuvo que, como arzobispo metropolitano, no tenía responsabilidad ni competencia directa sobre las investigaciones internas de esa diócesis. También afirmó que Fernández Torres había manejado adecuadamente las denuncias en coordinación con el Vaticano.

Esa respuesta produjo críticas. Para algunos sectores, invocar los límites jurisdiccionales entre diócesis no era suficiente ante la magnitud de las denuncias y el reclamo de una investigación civil independiente. Los cuestionamientos se concentraron en la percepción de que la jerarquía católica actuó con demasiada cautela, privilegió los procedimientos internos y no ofreció públicamente toda la información necesaria para conocer la extensión de los abusos.

Colegios católicos y la crisis del plan de pensiones

La administración de González Nieves también enfrentó controversias relacionadas con los colegios católicos vinculados a la Arquidiócesis de San Juan. El cierre de varias escuelas provocó protestas y reclamos de padres, maestros y comunidades escolares, que cuestionaron la falta de alternativas para mantener abiertas instituciones con décadas de servicio educativo.

Uno de los conflictos más notorios ocurrió en la Academia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, donde un grupo de familias presentó una demanda contra la Arquidiócesis y González Nieves por el manejo de fondos que, según alegaron, habían sido recaudados para mejoras y proyectos de construcción. La jerarquía eclesiástica rechazó las acusaciones y sostuvo que se trataba de fondos operacionales utilizados para atender distintas responsabilidades de la Iglesia.

La controversia de mayor alcance surgió con la insolvencia y posterior eliminación del Plan de Pensiones de las Escuelas Católicas. Maestros, empleados y jubilados acudieron a los tribunales para reclamar los beneficios acumulados durante años de servicio y señalaron directamente a la Arquidiócesis y a su liderato por el manejo administrativo del sistema.

El pleito provocó órdenes de pago, intentos de embargo y un proceso de quiebra que llegó hasta el Tribunal Supremo de Estados Unidos. Aunque González Nieves negó responsabilidad personal por el colapso del fondo, el caso dejó un profundo malestar entre educadores y pensionados que esperaban recibir los beneficios prometidos por las instituciones católicas.