Especial 250 Años: La paz trajo exterminio - Parte 19
En la continuación del especial de INDIARIO, hablamos de los nativos americanos y como la paz se convirtió en genocidio.
Por Redacción InDiario|Historia|
El final de una guerra suele celebrarse con el tañido de las campanas y brindis por la paz. La firma del Tratado de París en 1783, que puso fin oficialmente a la Guerra de Independencia, es aclamada en los libros de texto como el triunfo definitivo de la libertad sobre la tiranía. Pero en Indiario sabemos que la libertad de unos a menudo se construye sobre la tumba de otros.
Hoy, a solo 4 días de celebrar el Semiquincentenario de la nación, apartamos la mirada de los diplomáticos que brindaban con champán en Europa para enfocarnos en los grandes ausentes de esa mesa: las Naciones Nativas Americanas. Para ellos, la victoria estadounidense no significó la independencia, sino una sentencia de muerte firmada a miles de kilómetros de distancia.
El verdadero motivo de la rebelión: La tierra
Para entender esta traición masiva, hay que retroceder al inicio. Una de las chispas menos publicitadas de la Revolución fue la Proclamación Real de 1763. En ella, el Rey Jorge III prohibió a los colonos blancos expandirse al oeste de los montes Apalaches, reservando ese vasto territorio para las naciones indígenas. Para aristócratas especuladores de tierras como George Washington y Thomas Jefferson, esto era inaceptable. Querían la tierra india, y el imperio británico se interponía en su camino.
Cuando estalló la guerra, la inmensa mayoría de las confederaciones nativas —como los Cheroqui, los Shawnee y gran parte de la Confederación Iroquesa— se aliaron con los británicos. No lo hicieron por amor al rey, sino por pura supervivencia: sabían que los Casacas Rojas eran el único muro de contención contra la insaciable y violenta expansión de los colonos estadounidenses.
Borrados de un plumazo en París
Tras la derrota en Yorktown, los diplomáticos británicos y estadounidenses se sentaron en París a repartirse el continente. Las naciones nativas, que habían sangrado y muerto como aliados formales de la corona británica, ni siquiera fueron invitadas a las negociaciones. Peor aún, ni siquiera fueron mencionadas en el documento final.
En un acto de asombrosa traición, Gran Bretaña simplemente cedió a los Estados Unidos todo el territorio desde la costa este hasta el río Misisipi. Millones de hectáreas de tierras soberanas indígenas fueron regaladas de un plumazo por un imperio que ya no las controlaba, a una república que creía tener el derecho divino de tomarlas.
El inicio de un genocidio legalizado
Cuando la noticia del tratado llegó a las Américas, los líderes nativos estaban incrédulos. ¿Cómo podían los británicos ceder tierras que nunca les pertenecieron? Pero el nuevo gobierno de los Estados Unidos no estaba interesado en debates filosóficos.
Con el fin de la guerra, el Ejército Continental ya no tenía que luchar contra los británicos, y los colonos finalmente desataron su furia hacia el oeste. Los líderes de la nueva república adoptaron la política de que los nativos americanos eran "pueblos conquistados" que habían perdido cualquier derecho sobre sus tierras ancestrales al elegir el bando perdedor.
Aquí es donde la inmensa hipocresía de 1776 alcanza su punto más oscuro. La misma nación que acababa de declarar que "todos los hombres son creados iguales y dotados por su Creador de derechos inalienables", comenzó a redactar leyes e iniciar campañas militares para erradicar a los habitantes originales del continente.
El Tratado de París no trajo la paz; simplemente cambió al enemigo. Marcó el inicio oficial y legalizado de lo que se convertiría en el "Destino Manifiesto": un siglo de tratados rotos, masacres avaladas por el gobierno, marchas de la muerte como el Sendero de Lágrimas (Trail of Tears) y un genocidio sistemático y cultural que redujo a millones de personas libres a prisioneros en reservas inhóspitas.
En Indiario destacamos este lúgubre capítulo porque la historia exige honestidad. El 4 de julio celebramos el nacimiento de una democracia brillante, pero nunca debemos olvidar que la tinta de ese certificado de nacimiento se secó sobre las tierras robadas a cientos de naciones que, a partir de 1783, comenzaron a ser borradas del mapa.
(Mañana, en nuestra entrega para el Día 3 de la cuenta regresiva, entraremos en la habitación cerrada donde se cometió el último gran engaño político. Hablaremos de la Convención Constitucional: cómo un grupo de élites desmanteló en secreto el gobierno original de la Revolución para crear una Constitución diseñada para proteger a los ricos y mantener a raya a las masas).



