OPINIÓN: Kamala, la estadidad y el apoyo sin sentido en Puerto Rico

Según el ex Secretario General del PPD, los demócratas usan la estadidad como cálculo de poder

Por Juan Luis Camacho SemideiOpinión|

Juan Luis Camacho, ex Secretario General del PPD, y consultor de comunicaciones
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Hace unos meses escribí “Si los populares supieran serían republicanos”. Uno tira una piedrita al río y aparece Kamala Harris con una excavadora tratando de cambiarle el cauce al mapa político americano.

La exvicepresidenta y posible aspirante reciclada para el 2028 volvió a hablar de la estadidad para Puerto Rico y Washington D.C. Pero no lo hizo porque amaneció preocupada por Vieques, Adjuntas o la factura de la luz. Lo hizo dentro de una agenda progresista que incluye cambios al Colegio Electoral, ampliar el Tribunal Supremo federal y considerar la estadidad antes de las elecciones de medio término.

En castellano: Puerto Rico no apareció como causa de justicia. Apareció como ficha electoral. Como ese jugador que no invitan al cumpleaños, pero llaman cuando falta uno para completar el equipo.

Ahí está la ironía: los demócratas descubrieron la estadidad no por igualdad, sino por aritmética. Dos senadores por Puerto Rico, dos por D.C., más votos en la Cámara y más presión sobre el Supremo. La estadidad como combo agrandado: papas, refresco y cuatro escaños para llevar.

Mientras tanto, en el CPAC Puerto Rico estuvieron la gobernadora Jenniffer González y los presidentes legislativos, pero el aparato formal del Partido Republicano local brilló por su ausencia. No se vio el batallón del GOP boricua: ni Ángel Cintrón, ni Zory Fonalledas, ni Keren Riquelme. Tampoco se vio a Luis Fortuñonational committeeman del Partido Republicano de Puerto Rico, aunque vive en Washington. Realidad que no conocían en el RNC, hasta ahora.

Y ahí hay otra contradicción deliciosa. El partido que tanto habla de representación y arraigo tiene como uno de sus representantes nacionales a una figura que opera desde fuera de la isla. ¿Se imagina usted tener un senador que vive fuera del distrito que representa? En el club social republicano eso pasa como si nada.

TeleOnce buscó reacciones sobre Kamala. (Vea el reportaje aqui) Por los demócratas, salió Charlie Rodríguez, ex presidente de los Demócratas en la Isla. Por los republicanos… tuve que salir yo. Aparentemente los medios no encontraron al club social del RNC Boricua.

Esa es la esquizofrenia política del patio: el estadista republicano quiere la estadidad, pero se pone nervioso si la propone una demócrata. El popular defiende el ELA, pero mira con simpatía al partido que busca enterrar la obra de Muñoz Marín. Y el republicano nacional ama a Puerto Rico… siempre que Puerto Rico siga con Commonwealth, sin dos senadores y sin voto presidencial.

La parte más incómoda está en lo que se dice bajito. Recientemente tuve conversaciones con líderes vinculados al RNC nacional, y encontré dos realidades duras. La primera: en esos círculos todavía hay quienes ven a la gobernadora como una RINO, una Republican In Name Only. En Washington saben que así la catalogan allá, aunque acá intenten vender otra novela con bandera al viento.

La segunda realidad es más espinosa: su administración no necesariamente inspira confianza en ciertos espacios republicanos. Y cuando uno pregunta por qué, la ficha del tranque vuelve a tener el mismo nombre: Francisco Domenech.

De eso aquí casi no se habla, pero hay que hablarlo. Domenech no es una figura menor. Hoy ocupa un espacio de enorme influencia dentro del gobierno. Pero antes fue una figura vinculada al Partido Demócrata nacional, incluyendo su participación como superdelegado del DNC. Un "superdelegado" no es un presidente de barrio. Es una figura clave a nivel nacional.

Un funcionario republicano me lo dijo sin anestesia: “¿Tú crees que Trump va a confiar cuando tiene a ese demócrata mandando en el gobierno?” Eso no salió en conferencia de prensa. Pero en Washington, una frase de pasillo pesa más que diez discursos.

Mientras Kamala usa la estadidad como ganzúa para abrirle puertas al Partido Demócrata, algunos republicanos locales se esconden debajo de la mesa para no explicar por qué el gobierno “republicano” del patio tiene demasiado perfume demócrata para el olfato MAGA.

El senador republicano Lindsey Graham ya dejó claro el libreto republicano nacional: admitir a Puerto Rico y Washington D.C. como estados alteraría el balance de poder en el Senado. Traducción: no es que no hayan leído los plebiscitos; es que sí leyeron los números. Y los números no les gustan. Como diría Javier Sabath en una narración del BSN: "POR AHI NO, PAPÁ!".

Mensaje del Senador Lindsey Graham en sus redes sociales, en referencia a la expresión de Kamala Harris sobre la Estadidad (Foto: Facebook)

El enredo es monumental.

El Partido Popular, por su odio casi terapéutico a Trump, se amarra al Partido Demócrata aunque ese partido use la estadidad como instrumento electoral en contra de su propia formula. En vez de negociar mejor trato bajo el ELA y lograr algo como "Make ELA Great Again", se conforma con ser comité local de resentimientos importados.

El PIP y la Alianza Independentista, sigue janguiando con las socialistas AOC y Nydia Velazquez en la búsqueda de la independencia que nadie quiere. Y a ellos se les junta en el happy hour el republicano "Tom McClintock", quien ya habla de independencia desde California, conseguido por Luis Gutiérrez y otras "fuentes en Washington".

Los estadistas republicanos tampoco salen ilesos. Si de verdad creen en la estadidad, deberían decirle al RNC lo que sienten, y aceptar la respuesta de una vez. Pero eso requiere carácter. Y en la política del patio a veces sobra protocolo y falta columna vertebral.

Al final, el problema no es Kamala. Ella hace lo que hacen los políticos en Washington: contar votos, medir poder y mover fichas. El problema es Puerto Rico, donde demasiados líderes confunden estrategia con fanatismo, alianza con sumisión y estadidad con invitación a un club donde ni siquiera les guardan silla.

Porque si esta es la ruta hacia la igualdad, alguien debería prender el GPS y activar el Google Translate. Entre demócratas usando la estadidad, republicanos bloqueándola, populares aplaudiendo lo que los amenaza, estadistas callando ante quienes los desprecian y republicanos locales jugando al club social, esto no parece una lucha de status. Parece una excursión política sin chofer, sin mapa y con todos peleando por sentarse al frente.