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AOC abre la puerta a 2028 con agenda socialista a cuestas

La congresista lidera un sondeo temprano demócrata en New Hampshire, pero su historial en policía, ICE, clima y salud anticipa una batalla ideológica.

Por Redacción InDiarioPolítica|

Alexandria Ocasio Cortez, congresista por Nueva York-D (Archivo)
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Alexandria Ocasio-Cortez ya no descarta abiertamente una candidatura a la Presidencia de Estados Unidos en 2028. Y lo que hace algunos años podía parecer una posibilidad remota comienza a adquirir mayor peso político: la congresista demócrata de Nueva York encabeza un sondeo temprano en New Hampshire y emerge como una posible heredera del movimiento construido por el senador Bernie Sanders.

Durante una entrevista este domingo en el programa This Week de ABC, Ocasio-Cortez fue cuestionada directamente sobre si aspiraría a la Casa Blanca. Aunque insistió en que actualmente está concentrada en las elecciones de medio término y en su campaña al Congreso, respondió: “No he descartado la posibilidad”. También dejó abierta una eventual candidatura al Senado por Nueva York, señalando que “cualquier cosa es posible” en este momento.

La posibilidad adquiere relevancia después de que el Granite State Poll de la Universidad de New Hampshire colocara a AOC al frente de un hipotético campo presidencial demócrata para 2028. La congresista obtuvo 22% y Pete Buttigieg 21%. El propio estudio destaca que una parte importante del apoyo a Ocasio-Cortez proviene de electores que se identifican como socialistas y progresistas.

No se trata, por tanto, únicamente de quién podría ocupar la Casa Blanca después de Donald Trump. Una candidatura de AOC plantearía una discusión mucho más profunda: hasta dónde está dispuesto a desplazarse hacia la izquierda el Partido Demócrata estadounidense.

El socialismo ya no se esconde

Ocasio-Cortez no rehúye la palabra socialismo. Su propia página de campaña contiene una sección titulada “¿Qué es el socialismo democrático?”, donde sostiene que se trata de aumentar la participación de los trabajadores en la riqueza y en las decisiones de las empresas. Su movimiento político también mantiene fuertes vínculos históricos con Democratic Socialists of America, organización que todavía la identifica entre los socialistas electos al Congreso.

Su plataforma ofrece una idea bastante clara de hacia dónde conduciría esa filosofía política a nivel nacional.

AOC favorece Medicare for All, un sistema nacional de salud; propone tratar la vivienda como un derecho; respalda una garantía federal de empleos; promueve una expansión de la vivienda pública y mantiene como una de sus principales banderas el Green New Deal, con una transformación de gran escala de la infraestructura energética estadounidense hacia fuentes renovables.

Para sus seguidores, esas propuestas representan una respuesta a la desigualdad, los costos médicos, la vivienda y el cambio climático. Para sus críticos, significan precisamente lo contrario de la reducción del tamaño del Estado: una expansión considerable del poder, gasto y regulación del Gobierno federal sobre la economía, la energía, la salud y la vivienda.

Ese sería uno de los principales contrastes de una eventual elección presidencial: una candidata abiertamente vinculada al socialismo democrático intentando convencer a un electorado nacional tradicionalmente más escéptico ante esa etiqueta.

De “Defund the Police” a “Woke 1 was crazy”

Pero el problema electoral de AOC no termina en la economía.

Su trayectoria está estrechamente relacionada con varias de las posiciones que dominaron la izquierda estadounidense después de las protestas de 2020 y que sus adversarios políticos agrupan bajo el término “woke”.

Ocasio-Cortez fue una defensora pública del movimiento para desfinanciar la Policía. En 2020, su propia página oficial reprodujo su explicación de cómo sería una sociedad con menos recursos destinados a las fuerzas policiales y más inversión en programas sociales, salud, vivienda y alternativas al encarcelamiento.

Su plataforma electoral continúa proponiendo abolir ICE, convertir a inmigrantes indocumentados en miembros plenos de las comunidades estadounidenses, ampliar protecciones para la población LGBTQIA+, fortalecer los derechos al aborto y transformar el sistema de justicia criminal priorizando inversión social sobre encarcelamiento.

Ahora, sin embargo, AOC parece reconocer que parte de aquella retórica representa un problema político.

Al ser cuestionada recientemente sobre antiguas expresiones de la candidata socialista Francesca Hong —quien llegó a defender la abolición de la Policía y las prisiones— Ocasio-Cortez respondió entre risas con una frase reveladora: “Woke 1 was crazy”.

Añadió que la retórica utilizada durante aquel período no necesariamente sería utilizada hoy y sostuvo que los candidatos deben ser evaluados por sus posiciones actuales.

El inconveniente para AOC es que ella no fue una observadora distante de aquella etapa. Fue una de sus figuras nacionales más reconocibles.

La congresista defendió públicamente reducir recursos policiales, cuestionó políticas tradicionales de inmigración, convirtió el Green New Deal en bandera nacional y ayudó a insertar en el debate demócrata asuntos que anteriormente permanecían principalmente dentro del ala activista progresista.

Por eso, intentar separar a la AOC presidencial de 2028 de la AOC del movimiento woke de 2020 podría convertirse en uno de sus principales desafíos.

¿Puede esa agenda ganar en todo Estados Unidos?

La gran pregunta no es si Ocasio-Cortez puede movilizar a la izquierda. Ya ha demostrado que puede hacerlo.

Su verdadera prueba sería convencer al resto del país.

El resultado de New Hampshire demuestra que tiene una base real dentro del electorado demócrata, pero también revela dónde está concentrada: entre progresistas y votantes que se identifican como socialistas.

Una primaria presidencial obligaría al Partido Demócrata a decidir entre dos caminos: recuperar terreno entre electores moderados o apostar por una transformación generacional encabezada por una figura que propone Medicare for All, Green New Deal, mayor intervención federal en vivienda y empleo, abolición de ICE y una agenda social marcadamente progresista.

AOC parece consciente de esa tensión. Sus expresiones recientes muestran una figura más cuidadosa, menos inclinada a defender automáticamente cada consigna surgida de la izquierda activista y dispuesta incluso a reconocer que parte de la etapa woke “fue una locura”.

Pero una campaña presidencial no se disputa únicamente sobre lo que un candidato dice hoy.

También se disputa sobre su historial.

Y si Alexandria Ocasio-Cortez finalmente busca la Casa Blanca en 2028, su mayor desafío podría ser explicar cuánto queda de aquella agenda socialista y cultural que la convirtió en estrella de la izquierda estadounidense y cuánto está dispuesta a moderar para intentar convertirse en presidenta de todo Estados Unidos.